El precio promedio de la gasolina regular en Estados Unidos registró un incremento de 10 centavos de dólar por galón en la última semana, alcanzando 3.82 dólares, lo que equivale a cerca de 17.69 pesos por litro. Este movimiento marca el primer aumento semanal desde el 11 de mayo y pone fin a ocho semanas consecutivas de descensos, según datos de GasBuddy. El alza se concentra en casi cuatro de cada cinco estados y coincide con un repunte del 4 por ciento en los precios del crudo durante las operaciones del domingo por la noche.
Patrick De Haan, director de Análisis Petrolero de GasBuddy, atribuyó el cambio de tendencia al colapso de la tregua entre Estados Unidos e Irán y al inicio de nuevos ataques. El anuncio del presidente Donald Trump de reinstalar el bloqueo naval en el Estrecho de Ormuz y aplicar una tasa del 20 por ciento sobre la carga que transite por esa vía marítima añadió presión inmediata a los mercados.
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El primer aumento semanal en dos meses
El dato de GasBuddy revela que Ohio experimentó el mayor incremento con 27 centavos por galón, seguido por Delaware y Nuevo México con 20 centavos cada uno. En el extremo opuesto, Hawái mantiene el precio más alto del país con 5.39 dólares por galón, mientras California alcanza 5.34 y Washington 4.94. Los estados con gasolina más económica siguen siendo Indiana a 3.24 dólares, Oklahoma y Texas a 3.39.
Esta distribución geográfica no es aleatoria. Los estados del medio oeste y del sur dependen de oleoductos que conectan directamente con refinerías del Golfo de México, por lo que cualquier alteración en el flujo de crudo se traduce rápidamente en variaciones locales. En cambio, los mercados de la costa oeste enfrentan costos estructurales más altos por logística y regulaciones ambientales que amplifican el efecto de cualquier shock externo.
Geopolítica del petróleo: el factor Irán
El Estrecho de Ormuz representa el paso de aproximadamente el 20 por ciento del comercio mundial de petróleo. La decisión de imponer una tasa del 20 por ciento sobre la carga que transita por esa ruta introduce un costo adicional que las compañías petroleras trasladarán a los consumidores. Este mecanismo difiere de un embargo tradicional porque permite el flujo físico, pero encarece significativamente cada barril que llega a los mercados asiáticos y europeos.
Las empresas de transporte marítimo ya evalúan rutas alternativas a través del Cabo de Buena Esperanza, aunque el tiempo adicional de navegación eleva los fletes entre 15 y 25 por ciento. Este escenario genera un efecto cascada sobre el diésel, cuyo suministro ya enfrenta presiones por los ataques ucranianos a refinerías rusas. La combinación de ambos factores reduce la flexibilidad del mercado global de productos refinados en el corto plazo.
Perspectivas divergentes entre estados y consumidores
Los consumidores de estados con precios bajos como Indiana o Texas aún disfrutan de un colchón relativo, pero cualquier nuevo aumento de 10 centavos erosiona rápidamente el ahorro acumulado durante las ocho semanas de descensos. En California y Hawái, donde los precios superan los 5 dólares, el impacto recae sobre sectores de transporte y turismo que operan con márgenes ajustados.
Las refinerías estadounidenses, por su parte, observan con atención la evolución del margen de refinación. Un incremento sostenido del crudo podría mejorar sus utilidades si logran trasladar los costos, pero también enfrenta el riesgo de una menor demanda si los precios al consumidor superan los 4 dólares de manera generalizada. Los analistas de la industria estiman que un escenario de 4.20 dólares promedio nacional activaría medidas de ahorro en el consumo de combustible por parte de las flotillas comerciales.
Presiones adicionales desde Ucrania y Rusia
Los ataques ucranianos contra refinerías rusas continúan reduciendo la capacidad de exportación de diésel y otros destilados medios. Rusia representa cerca del 15 por ciento de las exportaciones mundiales de diésel, por lo que cualquier interrupción prolongada afecta directamente a Europa y a mercados de Asia. Esta situación añade una capa de volatilidad que se suma a la tensión en Ormuz.
Los operadores de terminales en el Mediterráneo ya reportan retrasos en la entrega de cargamentos provenientes de la región del Báltico. La falta de producto ruso obliga a buscar suministros alternativos en el Golfo de México y en Oriente Medio, lo que incrementa la competencia por los mismos barriles que ahora enfrentan costos adicionales por el bloqueo estadounidense.
Riesgos para el suministro global y tendencias futuras
El escenario más inmediato contempla nuevos incrementos semanales de entre 5 y 8 centavos si el crudo mantiene su actual ritmo de alza. Sin embargo, el mercado dispone de inventarios estratégicos que podrían amortiguar el golpe durante las próximas cuatro semanas. La pregunta clave radica en la duración del conflicto y en la respuesta de Arabia Saudita y otros productores de la OPEP+.
Una prolongación del bloqueo naval podría acelerar acuerdos bilaterales entre China y países del Golfo para garantizar volúmenes fuera de Ormuz. Al mismo tiempo, las compañías navieras exploran el uso de seguros de guerra que encarecerían aún más el transporte. Estos elementos configuran un entorno donde la volatilidad de los precios de la gasolina se mantendrá elevada durante el resto del verano, con riesgos asimétricos según la región y el sector económico afectado.
