El 2 de julio de 2026, equipos de rescate internacionales lograron extraer con vida a Hernán Alberto Gil Flores, un vigilante de 46 años que permaneció atrapado durante ocho días bajo los escombros del centro comercial Galerías Playa Grande, en Catia La Mar, estado La Guaira. El colapso se produjo tras los sismos del 24 de junio que afectaron la costa central venezolana.
El rescate se realizó después de más de 72 horas de trabajo continuo en una estructura inestable, con riesgo permanente de nuevos derrumbes y réplicas. Gil Flores quedó protegido por la garita de vigilancia donde laboraba, un espacio reducido que preservó una bolsa de aire y evitó que las losas lo aplastaran por completo.

Contexto del desastre y magnitud de las pérdidas
Los terremotos del 24 de junio generaron una emergencia humanitaria de gran escala. Según reportes de organismos internacionales y fuentes oficiales venezolanas, el saldo supera las 2.200 personas fallecidas y más de 11.000 heridas. Miles de familias perdieron sus viviendas y los servicios básicos quedaron interrumpidos en varias localidades de La Guaira y estados vecinos. En este escenario, las labores de búsqueda y rescate se extendieron más allá de la primera semana, cuando las probabilidades de hallar sobrevivientes suelen disminuir drásticamente.
El papel de la garita de vigilancia en la supervivencia
La ubicación de Gil Flores resultó determinante. La estructura metálica y de concreto de la caseta de vigilancia actuó como un refugio parcial que impidió el aplastamiento total y permitió la circulación de aire. Rescatistas de varios países coincidieron en que este tipo de espacios reducidos, aunque precarios, pueden prolongar la vida de las víctimas cuando el colapso no es uniforme. Una vez localizado, los equipos mantuvieron contacto verbal con él, le suministraron agua y medicación a través de conductos estrechos y estabilizaron la zona antes de retirar material.
Coordinación internacional y fases del operativo
Participaron equipos especializados de Chile, Estados Unidos, Portugal, Costa Rica, México, El Salvador y Venezuela. La fase final del rescate requirió más de 70 horas de trabajo técnico, con apuntalamiento progresivo de la estructura, apertura de una vía de acceso segura y extracción controlada para evitar nuevos derrumbes. El presidente salvadoreño Nayib Bukele difundió un mensaje en el que reconoció el esfuerzo conjunto y describió las dificultades enfrentadas: réplicas, inestabilidad del terreno y la necesidad de abrir un nuevo camino de acceso.
La operación ilustra cómo la cooperación entre países puede mantener la capacidad de respuesta incluso cuando las condiciones técnicas son adversas. Cada nación aportó equipos, herramientas y experiencia acumulada en desastres previos, lo que permitió sostener un esfuerzo prolongado más allá de los plazos habituales de búsqueda.
Atención médica posterior y riesgos identificados
Tras su extracción, Gil Flores fue trasladado en ambulancia de la Cruz Roja Venezolana para evaluación médica. Las personas rescatadas después de varios días bajo escombros enfrentan riesgos específicos: deshidratación severa, lesiones por compresión, posibles infecciones, problemas respiratorios y daño muscular por inmovilidad prolongada. Los protocolos internacionales recomiendan un seguimiento intensivo durante al menos 72 horas posteriores al rescate, independientemente del estado aparente del paciente.
Lecciones sobre tiempos de búsqueda y protección estructural
El caso de Hernán Gil Flores aporta evidencia concreta sobre la importancia de no suspender prematuramente las labores de búsqueda cuando existen indicios técnicos de supervivencia. Aunque las primeras 72 horas concentran la mayor tasa de rescates con vida, estructuras parciales como garitas, escritorios o muros pueden generar espacios de protección que extienden ese margen. Las recomendaciones para la población en zonas sísmicas siguen siendo las mismas: evitar el ingreso a edificios dañados, reportar cualquier señal de vida bajo los escombros y dejar las labores de remoción a personal capacitado.
El rescate también pone de relieve los límites de la respuesta humanitaria. Mientras miles de personas continúan sin vivienda y los servicios básicos tardan en restablecerse, cada operación exitosa representa un punto de referencia para las familias que aún esperan noticias de sus seres queridos. La tragedia en Venezuela no se mide únicamente por las cifras de fallecidos, sino por la capacidad de las instituciones y la comunidad internacional para sostener la búsqueda y la atención durante las semanas siguientes.
