Revisión del T-MEC llega en momento de estancamiento

La revisión anual del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ocurre en un contexto donde la economía mexicana enfrenta serias limitaciones de crecimiento. Analistas de Grupo Coppel y Grupo Financiero Banorte señalan que las proyecciones para 2026 rondan apenas el 1 por ciento, cifra que apenas evita una recesión técnica pero resulta insuficiente para generar los empleos necesarios o cerrar la brecha con el potencial productivo del país.

El economista de Banorte, Alejandro Cervantes, advirtió que México seguirá expandiéndose por debajo de su capacidad real. Esta situación coincide con un entorno externo marcado por tensiones comerciales globales y una demanda interna que no logra repuntar con fuerza tras los efectos residuales de la pandemia y la incertidumbre política interna.

Antecedentes del T-MEC y su mecanismo de revisión

El T-MEC entró en vigor el 1 de julio de 2020 en sustitución del antiguo Tratado de Libre Comercio de América del Norte. A diferencia de su predecesor, incorpora cláusulas de revisión periódica que obligan a los tres países a evaluar el funcionamiento del acuerdo cada seis años, con revisiones anuales de menor alcance. Estas evaluaciones permiten identificar cuellos de botella en sectores como el automotriz, la agricultura y los servicios digitales, además de revisar el cumplimiento de reglas laborales y ambientales.

México ha utilizado estas revisiones para defender la integración de cadenas de suministro regionales. Sin embargo, el bajo dinamismo actual complica la posición negociadora del país, ya que un crecimiento débil reduce el margen para exigir mayores inversiones o mejoras en las condiciones de acceso al mercado estadounidense.

El panorama de crecimiento para 2026

Las estimaciones de Grupo Coppel y Banorte coinciden en que el Producto Interno Bruto mexicano avanzará alrededor de 1 por ciento este año. Esta proyección se sustenta en un consumo privado moderado, una inversión fija bruta que no termina de recuperarse y un sector externo que enfrenta riesgos por posibles cambios en la política comercial de Estados Unidos.

El hecho de que el crecimiento se mantenga en terreno positivo evita la recesión formal, pero deja poco espacio para absorber la entrada de nuevos trabajadores al mercado laboral. Los analistas estiman que se necesitaría al menos un 2.5 por ciento de expansión sostenida para generar los empleos formales suficientes y reducir la informalidad, que actualmente supera el 55 por ciento de la fuerza laboral.

Efectos en el empleo y la productividad

El ritmo de creación de puestos de trabajo formales ha sido inferior al esperado desde 2023. Datos del Instituto Mexicano del Seguro Social muestran que la generación neta de empleos en los primeros meses de 2026 se ubica por debajo de los promedios históricos. Esta debilidad se explica en parte por la desaceleración de la industria manufacturera de exportación, que representa cerca del 30 por ciento del valor agregado del sector secundario.

Además, la productividad laboral ha mostrado estancamiento. Sin incrementos sostenidos en la inversión en capital humano y tecnología, resulta difícil elevar los salarios reales de manera permanente. Los analistas advierten que un crecimiento del 1 por ciento perpetúa esta dinámica y puede traducirse en mayor presión migratoria hacia Estados Unidos en los próximos años.

Factores estructurales y riesgos externos

Entre los elementos que limitan el potencial de México destacan la infraestructura energética insuficiente, la inseguridad en algunas regiones productoras y la lentitud en la ejecución de proyectos de nearshoring. Aunque varias empresas han anunciado planes de relocalización, la materialización de esas inversiones depende de condiciones macroeconómicas más favorables y de certidumbre regulatoria.

En el plano externo, la posible imposición de aranceles adicionales por parte de Estados Unidos o una desaceleración más profunda de la economía norteamericana podrían agravar el panorama. Al mismo tiempo, la revisión del T-MEC ofrece una oportunidad para renegociar capítulos relacionados con el contenido regional en la industria automotriz y fortalecer las disposiciones laborales, siempre que México logre presentar datos de crecimiento más sólidos.

La combinación de un crecimiento anémico con las revisiones anuales del tratado coloca a las autoridades mexicanas ante la necesidad de implementar reformas que eleven la productividad sin generar nuevos desequilibrios fiscales. Las decisiones que se tomen en los próximos meses determinarán si el país puede aprovechar la relocalización global de cadenas de valor o si queda rezagado frente a otros competidores regionales.

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