El reciente incremento en la edificación de torres de departamentos en Torreón representa un cambio estructural en el modelo de crecimiento urbano de la ciudad. Según el arquitecto Jesús Armando Tovar Rendón, este fenómeno, consolidado en los últimos cinco años, responde a factores económicos como el encarecimiento de la vivienda horizontal y podría reorientar el desarrollo hacia el interior de la urbe. Sin embargo, más allá de las declaraciones optimistas, es necesario examinar con rigor las consecuencias que este giro vertical podría generar tanto en el tejido social como en la infraestructura y la gobernanza local.
Revitalización del Centro Histórico y sus límites
La propuesta de concentrar desarrollos verticales en el Centro Histórico busca aprovechar infraestructura ya existente y frenar la expansión periférica. Esta estrategia podría elevar la densidad poblacional en zonas con servicios consolidados, reduciendo costos públicos en pavimentación y redes de agua. No obstante, la inserción de edificios de 15 o más niveles en un área con valor patrimonial plantea interrogantes sobre la compatibilidad con el tejido histórico. La falta de estudios previos de capacidad de carga podría derivar en saturación de espacios públicos y pérdida de identidad urbana si los proyectos no incorporan criterios de preservación.

Efectos en la movilidad y la vida cotidiana
El modelo de torres de usos mixtos, que combina comercio, oficinas y vivienda, apunta a reducir la dependencia del automóvil y avanzar hacia el concepto de ciudad de quince minutos. En términos positivos, esto podría disminuir emisiones contaminantes y fomentar el uso de transporte activo. Sin embargo, la transición exige mejoras simultáneas en aceras, ciclovías y transporte público, elementos que actualmente no han sido dimensionados en los planes municipales. Si estas inversiones no acompañan al boom constructivo, el resultado podría ser mayor congestión en zonas ya saturadas y un aumento en la percepción de inseguridad peatonal durante la noche.
Presión sobre servicios e infraestructura
Un crecimiento vertical bien planificado genera ahorros exponenciales en servicios públicos al concentrar usuarios en redes existentes. No obstante, la capacidad actual de drenaje, abastecimiento de agua y suministro eléctrico en el Centro Histórico no ha sido sometida a evaluaciones públicas detalladas. La experiencia en otras ciudades mexicanas muestra que incrementos abruptos de densidad sin actualización de infraestructura derivan en fallas recurrentes y costos de mantenimiento imprevistos para el erario. En Torreón, donde el especialista ya advierte sobre la necesidad de contratistas especializados, la ausencia de protocolos claros podría traducirse en sobrecostos y demoras que erosionen la rentabilidad esperada del modelo compacto.
Desigualdad y acceso a la vivienda
El auge vertical responde en parte al encarecimiento de la casa unifamiliar, lo que obliga a nuevas generaciones a optar por departamentos. Esta realidad podría ampliar el acceso a ubicaciones centrales para sectores de ingresos medios y altos. Sin embargo, existe el riesgo de que los precios de estos nuevos inmuebles excluyan a población de menores recursos, generando procesos de gentrificación que desplacen residentes históricos del centro. Sin mecanismos de vivienda asequible o subsidios cruzados, el renacer del Centro Histórico podría beneficiar principalmente a inversionistas y dejar atrás a comunidades vulnerables que históricamente han habitado la zona.
Resistencia cultural y gobernanza
Tovar Rendón identifica como principal obstáculo la resistencia de la clase política y empresarial a abandonar el paradigma expansivo. Este diagnóstico apunta a un desafío más profundo: la necesidad de actualizar reglamentos de construcción, instrumentos de planeación y esquemas de financiamiento público-privado. La falta de consenso podría fragmentar los esfuerzos y dar lugar a proyectos aislados que no contribuyan a una estrategia integral. Además, la ausencia de participación ciudadana en la definición de alturas, usos y diseños podría generar conflictos sociales y demandas legales que retrasen el propio desarrollo que se busca impulsar.
En el mediano plazo, el éxito del crecimiento vertical dependerá de la capacidad institucional para equilibrar densificación con calidad de vida, preservación patrimonial y equidad. Si Torreón logra articular estos elementos, el modelo podría servir como referencia para otras ciudades intermedias del norte del país. En caso contrario, el boom actual corre el riesgo de reproducir, en versión vertical, los mismos problemas de expansión desordenada que se pretende superar.
