Rubén Rocha Moya permanece, según la columna publicada el 24 de agosto, en un limbo político: continúa como gobernador de Sinaloa y permanece en libertad, mientras enfrenta señalamientos y cuestionamientos sobre sus vínculos con grupos delictivos. El texto sostiene que su intento de retomar el control político del estado terminó en ridículo y plantea que la presidenta Claudia Sheinbaum debe decidir entre entregarlo a la justicia estadounidense o procesarlo en México.
La columna describe al mandatario sinaloense como una figura actualmente aislada, acusada en Estados Unidos y acosada en el ámbito local. Su permanencia en el cargo, afirma el autor, proyectaría una imagen negativa sobre el gobierno federal, porque podría interpretarse como una señal de que una fuerza superior a la presidenta lo protege de una eventual extradición o de la cárcel.

En el desarrollo de su argumento, el columnista relaciona a Rocha con el expresidente Andrés Manuel López Obrador y recuerda la cercanía que este último habría mostrado hacia personas identificadas como integrantes del crimen organizado en Sinaloa. Menciona, en particular, los saludos y muestras de respeto dirigidos a la madre y a la abuela de capos, acciones que López Obrador justificaba en nombre del bienestar del estado y del país.
El texto afirma que los vínculos de Rocha con el narcotráfico son conocidos tanto en Sinaloa como dentro de la llamada Cuarta Transformación. También sostiene que el apoyo de la delincuencia habría sido determinante para que llegara a la gubernatura. En ese contexto, el asesinato de Melesio Cuén aparece señalado como un hecho que, a juicio del autor, debería pesar sobre la conciencia del gobernador.
La exigencia central está dirigida a Sheinbaum. El columnista considera que la presidenta debe demostrar que ejerce el cargo y actuar contra los delincuentes, utilizando una “escoba” para barrerlos, en lugar de un “paraguas” para cubrirlos. Para el caso de Rocha, propone dos alternativas: ponerlo a disposición de la justicia estadounidense o iniciar un proceso en México, con el argumento de que la justicia también debe aplicarse a integrantes de Morena.
La columna añade que la presidenta tendría margen para actuar debido a la influencia del Poder Ejecutivo sobre el Judicial. Según el autor, una acción contra el todavía gobernador de Sinaloa recibiría el respaldo de los sinaloenses y del país; en cambio, la omisión reforzaría la percepción de que Sheinbaum sigue dependiendo de quien le entregó el bastón presidencial, aunque no el mando. El texto no informa que alguna de las dos medidas haya sido anunciada o puesta en marcha.
Después de cerrar su planteamiento político, el autor cambia de tono y presenta una serie de chistes sobre matrimonios, celos y sexualidad. Entre ellos cuenta el de un hombre que entendió por qué su esposa lo llamaba “pichoncito” cuando ella lo desplumó, así como el aviso de unos recién casados que vendían sus camas gemelas y un tapete desgastado. La columna concluye con una escena humorística sobre una pareja joven y la supuesta mejora en la intimidad conyugal.
