El Ministerio de Defensa de Rusia comunicó este miércoles que sus fuerzas armadas ejecutaron ataques precisos contra instalaciones de combustible, energía y transporte utilizadas por las tropas ucranianas. En las últimas 24 horas, los impactos cubrieron depósitos de armamento, municiones y combustible, talleres de producción y almacenamiento de vehículos aéreos no tripulados, además de puntos de despliegue temporal de formaciones ucranianas y mercenarios extranjeros en 137 zonas distintas.

La selección de objetivos revela una lógica clara de desgaste logístico. Al priorizar la infraestructura energética y de transporte que sostiene el esfuerzo bélico de Kiev, Moscú busca interrumpir el flujo de recursos hacia el frente sin depender exclusivamente de avances territoriales costosos. Golpear depósitos y talleres de drones reduce la capacidad de reposición rápida de Ucrania, mientras que los ataques a puntos de despliegue temporal elevan la presión sobre unidades móviles y personal extranjero.
Esta oleada de 137 zonas afectadas en un solo día subraya el alcance de los sistemas de ataque rusos y la prioridad otorgada a la retaguardia operativa. El resultado inmediato es una mayor fragilidad en las líneas de suministro ucranianas, lo que obliga a Kiev a dispersar recursos y reforzar la protección de instalaciones críticas. En el contexto actual del conflicto, estas acciones consolidan una estrategia de atrición que apunta a erosionar la sostenibilidad militar ucraniana a medio plazo.
