La fiscalización del SAT ha pasado de visitas físicas a revisiones automatizadas que analizan millones de datos en segundos. El Buzón Tributario concentra ahora las primeras actuaciones mediante cartas invitación y requerimientos electrónicos que producen efectos legales aunque el contribuyente no los consulte.

Este cambio reduce tiempos para la autoridad y concentra recursos en contribuyentes con inconsistencias detectadas al cruzar CFDI, declaraciones y contabilidad electrónica. Sin embargo, la velocidad del proceso exige atención permanente y respuesta inmediata, ya que una omisión puede derivar en procedimientos de comprobación sin margen para aclaraciones oportunas.
La tecnología identifica alertas pero no garantiza exactitud; corresponde a empresas mantener controles internos sólidos y documentar operaciones para evitar escaladas. Revisar el Buzón Tributario deja de ser tarea accesoria y se convierte en práctica esencial para ejercer defensa y limitar riesgos en una administración tributaria cada vez más digital.
