Septiembre y los sismos: una coincidencia

La reiteración de terremotos devastadores el 19 de septiembre de 1985, 2017 y 2022 ha alimentado en México la idea de que septiembre es un mes especialmente sísmico. Sin embargo, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y especialistas de la UNAM sostienen que esa percepción no tiene respaldo estadístico ni científico: los sismos no obedecen a un patrón mensual predecible y no existe una forma confiable de anticipar la fecha del siguiente evento.

El argumento institucional parte de una revisión histórica. Cenapred analizó el catálogo del Servicio Sismológico Nacional (SSN) de sismos de magnitud 6.5 o mayor registrados entre enero de 1900 y agosto de 2022. En ese lapso contabilizó 215 eventos y concluyó que meses como abril y junio concentraron más movimientos de esa magnitud que septiembre. El dato no cubre toda la sismicidad del país hasta 2026, pero sí desmonta la idea de una “temporada” sísmica asociada al calendario.

La fecha que quedó grabada

La carga simbólica del 19 de septiembre se explica por hechos concretos. En 1985 ocurrió un sismo de magnitud 8.1 con epicentro en las costas de Michoacán; Cenapred reporta 6 mil fallecidos y decenas de miles de viviendas destruidas o dañadas. Esa misma noche se registró otro movimiento de magnitud 7.6 que agravó el deterioro de las estructuras afectadas. Treinta y dos años después, el 19 de septiembre de 2017, un sismo de magnitud 7.1 sacudió al país a las 13:14 horas, con epicentro cerca de Chiautla de Tapia, Puebla, y dejó 369 muertes, además de daños en Ciudad de México, Morelos, Puebla, Estado de México, Guerrero, Oaxaca y Tlaxcala.

El 19 de septiembre de 2022 volvió a repetirse la fecha con un sismo de magnitud 7.7, cuyo epicentro se ubicó al sur de Coalcomán, Michoacán. Ese mismo día, especialistas del SSN subrayaron que la coincidencia era precisamente eso: una coincidencia, sin base para convertirla en pronóstico. La secuencia explica por qué la memoria colectiva asocia septiembre con el riesgo, pero no autoriza a inferir que el mes sea más peligroso por sí mismo.

Lo que sí dicen los registros

La comparación mensual hecha por Cenapred tiene una lectura sencilla pero importante: la concentración de recuerdos no equivale a una concentración real de sismos. En 122 años de datos, septiembre no aparece como el mes con mayor número de terremotos de magnitud 6.5 o superior. La conclusión obliga a separar percepción pública y evidencia técnica. En un país de alta sismicidad como México, la amenaza existe durante todo el año y depende de la dinámica de placas tectónicas, no del cambio de estación, la lluvia o la temperatura.

Raúl Valenzuela Wong, investigador del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM, ha insistido en que factores como el calor, el frío o la lluvia no generan terremotos. Tampoco los simulacros o ciertas fechas del calendario. La idea de una periodicidad fija de 30 años tampoco resiste revisión científica. En palabras del sistema institucional de sismología, el punto central sigue siendo el mismo: los sismos no se pueden predecir.

Prevención antes que superstición

Frente a esa imposibilidad de anticipar el día exacto, las autoridades concentran sus recomendaciones en la reducción del riesgo. Cenapred pide elaborar un Plan Familiar de Protección Civil, identificar zonas de seguridad, participar en simulacros y revisar las instalaciones de gas y electricidad antes de que ocurra un evento. Durante un sismo, recomienda mantener la calma, alejarse de ventanas y objetos que puedan caer, y resguardarse en una zona segura; en zonas costeras, también alejarse de playas y áreas bajas por la posibilidad de tsunami.

Después del movimiento, la prioridad es revisar el inmueble, descartar fugas de gas antes de encender fuego, usar el teléfono sólo para emergencias y mantenerse atento a réplicas y avisos oficiales. Si aparecen grietas o daños estructurales, Protección Civil debe evaluar el inmueble. La lección de fondo es clara: la prevención útil no depende de adivinar una fecha, sino de reducir la exposición cuando el sismo llegue, sea en septiembre o en cualquier otro mes.

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