Alberto del Campo Tejedor, profesor de Antropología Social en la Universidad Pablo de Olavide, ha concluido cuatro años de investigación con dos volúmenes que cuestionan relatos establecidos sobre el Sevilla FC y el Real Betis. Sus hallazgos se centran en la fecha fundacional del club sevillista y en la naturaleza de su rivalidad con el Betis, desmontando la narrativa simplificada que enfrenta a “señoritos” contra “descamisados”.
El historiador subraya que el Sevilla FC nunca fue un club exclusivamente aristocrático. Aunque figuras como los Ybarra participaron en sus inicios, el equipo integró republicanos, liberales y personas formadas en Gran Bretaña que promovían una visión democratizadora del fútbol. Esta composición heterogénea contradice el relato que durante décadas ha presentado al club como representante exclusivo de las élites hispalenses.

Respecto a la fecha de fundación, del Campo Tejedor señala un vacío documentado entre 1892 y 1905 en el que no hay constancia de actividad futbolística continua bajo el mismo nombre y estructura. Esta interrupción, según el investigador, impide afirmar con rotundidad que el club de 1890 y el de 1905 sean la misma entidad jurídica y deportiva. No obstante, reconoce que elementos como apellidos familiares recurrentes, la denominación y el uso del mismo estadio generan argumentos a favor de una memoria de continuidad.
Impacto en la identidad institucional
La revisión de la fecha fundacional afecta directamente a la estrategia de marca de los clubes andaluces. Un Sevilla FC que se presenta como decano de 1890 proyecta una imagen de tradición más antigua, lo que puede influir en acuerdos comerciales y en la percepción internacional del club. Sin embargo, si la continuidad se considera interrumpida, surge la posibilidad de que otras entidades reclamen mayor legitimidad histórica, alterando el equilibrio narrativo dentro del fútbol español.
En el caso del Betis, la desmitificación de la rivalidad como lucha de clases obliga a replantear campañas de marketing que han explotado esa dicotomía durante décadas. Los dos clubes comparten orígenes sociales más parecidos de lo que el relato popular sugiere, lo que podría reducir la polarización emocional entre sus aficiones y abrir espacio a colaboraciones puntuales en ámbitos no deportivos.
Tres perspectivas originales sobre la continuidad
La primera observación derivada del trabajo de del Campo Tejedor es que la continuidad institucional en el fútbol no depende solo de documentos registrales, sino también de la transmisión intergeneracional de memoria colectiva. Cuando un club permanece inactivo durante más de una década, la cadena de conocimiento se rompe y la legitimidad histórica se vuelve disputable. Este criterio puede aplicarse a otros clubes europeos que han sufrido interrupciones por guerras o crisis económicas.
La segunda idea apunta al valor patrimonial de los nombres y estadios. Aunque la actividad futbolística se interrumpiera, el uso persistente del mismo recinto y la presencia de familias fundadoras generan un vínculo simbólico que muchos aficionados consideran suficiente para mantener la identidad. Esta postura, sin embargo, choca con los requisitos legales que exigen actividad regular para preservar derechos sobre denominaciones deportivas.
La tercera perspectiva se refiere al uso político de la historia. Tanto el Sevilla como el Betis han instrumentalizado sus relatos fundacionales para movilizar apoyo social en momentos de crisis institucional. La investigación de del Campo Tejedor limita el margen de maniobra de estos discursos, obligando a los dirigentes a construir identidades basadas en logros deportivos recientes más que en mitos de origen.
Miradas de los distintos actores
Los directivos del Sevilla FC tienden a defender la fecha de 1890 porque refuerza su posición en el imaginario colectivo andaluz y facilita la captación de socios y patrocinadores internacionales. Los aficionados más tradicionales, por su parte, valoran la continuidad emocional por encima de los vacíos documentales y rechazan cualquier revisión que pueda debilitar el prestigio del club.
Desde el Betis, algunos sectores ven en la discusión una oportunidad para cuestionar el estatus de “decano” del Sevilla, aunque la mayoría de sus seguidores se muestra más interesado en los méritos deportivos que en disputas históricas. Historiadores independientes coinciden en que la ausencia de partidos durante trece años constituye un argumento sólido contra la continuidad, pero reconocen que la memoria social puede prevalecer sobre los criterios estrictamente archivísticos.
Tendencias futuras y riesgos
En los próximos años, los clubes andaluces probablemente intensificarán el uso de archivos digitales y testimonios orales para reforzar sus narrativas. La creciente demanda de transparencia histórica por parte de las aficiones podría llevar a la creación de comisiones mixtas de historiadores que dictaminen sobre fechas fundacionales, reduciendo el margen de interpretación unilateral.
El principal riesgo radica en la polarización interna. Si una parte significativa de la afición sevillista percibe la revisión de 1890 como un ataque a su identidad, podrían surgir movimientos de rechazo que compliquen la gestión cotidiana del club. Otro riesgo es la instrumentalización mediática: medios y cuentas en redes sociales pueden amplificar fragmentos de la investigación para generar clics, distorsionando el alcance real de las conclusiones de del Campo Tejedor.
Finalmente, la desmitificación de la rivalidad de clases abre la puerta a un nuevo tipo de relación entre las dos entidades. Si ambos clubes reconocen orígenes sociales similares, podrían explorarse acuerdos de colaboración en formación de jugadores o en proyectos sociales dentro de Sevilla, aunque cualquier avance en este sentido requerirá superar décadas de desconfianza acumulada.
