Sheinbaum y Mulino refuerzan lazos sobre neutralidad del Canal

El encuentro entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el mandatario panameño José Raúl Mulino en Palacio Nacional se inscribe en una tradición diplomática que se remonta a los acuerdos bilaterales firmados tras la transferencia del Canal de Panamá en 1999. Desde entonces, México ha mantenido una postura consistente de apoyo a la neutralidad del canal, principio consagrado en el Tratado de Neutralidad Permanente firmado entre Panamá y Estados Unidos. Esta reunión representa la primera interacción presencial entre ambos líderes y ocurre en un contexto de tensiones globales por rutas marítimas alternativas.

El Canal de Panamá, inaugurado en 1914, ha enfrentado múltiples desafíos a lo largo de su historia, desde la crisis de la invasión estadounidense de 1989 hasta las recientes sequías que redujeron su capacidad operativa en 2023 y 2024. Panamá ha impulsado una campaña internacional para reafirmar su neutralidad ante posibles presiones geopolíticas, especialmente tras el aumento de tráfico de buques que transportan mercancías entre Asia y la costa este de Estados Unidos. México, por su parte, ha visto en este foro una oportunidad para posicionar su propio proyecto de infraestructura sin generar fricciones.

Sheinbaum y Mulino refuerzan lazos sobre neutralidad del Canal

La relación económica entre ambos países ha crecido de manera sostenida en la última década. Según datos de la Secretaría de Economía de México, el intercambio comercial superó los 1.800 millones de dólares en 2024, con exportaciones mexicanas de automóviles, maquinaria y productos agroindustriales hacia Panamá. Mulino ha expresado interés en atraer inversión mexicana en logística y puertos, mientras Sheinbaum busca consolidar alianzas que complementen el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, un proyecto que busca conectar el Pacífico con el Atlántico a través de vías férreas y puertos en Oaxaca y Veracruz.

El respaldo explícito de Sheinbaum a la neutralidad del canal tiene implicaciones directas en foros multilaterales como la Organización de los Estados Americanos y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Al alinearse públicamente con Panamá, México envía una señal de apoyo a la soberanía sobre infraestructura crítica regional, evitando que potencias externas impongan condiciones de uso preferencial. Este posicionamiento contrasta con la estrategia de otros países centroamericanos que han explorado alianzas más cercanas con actores extrarregionales para financiar proyectos portuarios alternativos.

En el plano económico, la complementariedad entre el Canal de Panamá y el Corredor Interoceánico mexicano representa un cambio de paradigma en la logística regional. Mientras el canal panameño maneja principalmente buques de gran calado en tránsito interoceánico, el proyecto mexicano se orienta hacia el transporte de carga contenerizada y automotriz entre puertos del Pacífico y el Golfo de México. Empresas como Stellantis y Volkswagen ya han firmado contratos con la Secretaría de Marina para utilizar esta ruta, lo que reduce tiempos de tránsito para mercancías destinadas a mercados del sur de Estados Unidos.

El impacto social de esta cooperación se manifiesta en las comunidades portuarias de ambos países. En Panamá, la ampliación del canal generó empleos directos e indirectos en las provincias de Colón y Panamá Oeste, aunque también provocó tensiones por el acceso al agua potable durante periodos de sequía. En México, el Corredor Interoceánico ha impulsado programas de capacitación laboral en los estados de Oaxaca y Chiapas, donde históricamente las tasas de migración interna son elevadas. La coordinación entre ambos gobiernos podría derivar en intercambios técnicos para mitigar riesgos ambientales asociados a grandes obras de infraestructura.

A largo plazo, la postura compartida sobre la neutralidad del canal podría influir en las negociaciones de tratados de libre comercio de nueva generación. México y Panamá participan en la Alianza del Pacífico, bloque que busca profundizar la integración comercial con Asia. Si ambos países logran establecer protocolos conjuntos de seguridad marítima y aduanera, se reducirían los costos logísticos para exportadores latinoamericanos que compiten con rutas que atraviesan el Canal de Suez o el estrecho de Malaca.

El riesgo de que proyectos complementarios generen competencia desleal es bajo, según análisis de organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. El volumen de carga que transita por Panamá supera los 500 millones de toneladas anuales, mientras que el Corredor Interoceánico mexicano tiene una capacidad proyectada inicial de 1,4 millones de contenedores. Ambos sistemas operan en segmentos distintos del mercado: uno enfocado en tránsito puro y otro en integración con cadenas de suministro regionales.

La reunión también abre espacio para cooperación cultural y educativa. Panamá ha manifestado interés en programas de intercambio estudiantil con universidades mexicanas especializadas en ingeniería portuaria y gestión de recursos hídricos. Estas iniciativas podrían traducirse en becas conjuntas que fortalezcan capacidades técnicas en ambos países, especialmente ante los desafíos que plantea el cambio climático en la operación de canales y corredores interoceánicos.

En términos de política exterior, el respaldo mexicano a la neutralidad panameña refuerza la imagen de México como actor constructivo en América Latina. Esta postura contrasta con periodos anteriores en los que las relaciones bilaterales se limitaban a temas migratorios y de seguridad fronteriza. La presencia de la esposa del presidente Mulino en la ceremonia oficial añade un componente protocolar que podría facilitar futuros encuentros de alto nivel entre gabinetes ministeriales.

Los contratos ya firmados entre empresas automotrices y la Secretaría de Marina mexicana ilustran cómo la infraestructura complementaria genera flujos de inversión concretos. Estos acuerdos incluyen cláusulas de capacitación local y transferencia tecnológica que podrían replicarse en proyectos conjuntos con Panamá, ampliando las oportunidades de desarrollo en zonas portuarias de ambos países.

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