Desde diciembre de 2023, el mercado laboral privado formal argentino quedó atrapado en una dinámica de contracción que atraviesa toda la gestión de Javier Milei. El dato más contundente no es sólo que el empleo registrado esté 3,8% por debajo del nivel previo al cambio de gobierno, sino que esa caída se explique por una destrucción neta de 241.176 puestos en menos de dos años. Detrás de esa cifra hay un problema más profundo que la simple oscilación mensual: la recuperación económica, cuando aparece, todavía no se traduce en trabajo asalariado estable en la mayor parte de las ramas productivas.
La foto sectorial ayuda a entender por qué. De los catorce sectores relevados, apenas tres consiguieron expandirse respecto de noviembre de 2023. Pesca, Agro y Enseñanza mostraron mejoras, pero en escalas muy diferentes y con efectos agregados limitados. La Pesca lideró en términos relativos, aunque su aporte real fue de apenas 965 empleos. El Agro sumó 13.369 puestos y la Enseñanza prácticamente se mantuvo estable. Frente a eso, la caída de la Construcción, la Industria Manufacturera y Minas y Canteras arrastró el promedio general hacia abajo. La magnitud importa: sólo la industria perdió 85.561 empleos formales, el mayor retroceso absoluto del período, lo que revela que el deterioro no se concentra en actividades marginales sino en núcleos que organizan cadenas de proveedores, consumo interno y demanda de mano de obra calificada.

La Construcción merece una lectura aparte porque suele funcionar como termómetro del ciclo económico. Su baja de 14,2% no sólo refleja el freno de la obra pública, que fue una de las primeras decisiones de ajuste del nuevo gobierno; también muestra el impacto que tiene esa decisión sobre empleos intensivos en mano de obra, sobre contratistas pequeños y sobre economías regionales que dependen de la inversión estatal como demanda inicial. Cuando la obra se detiene, no cae sólo el empleo directo: se desacelera la compra de insumos, el transporte, la metalurgia liviana y una larga lista de servicios asociados. Esa transmisión explica por qué un recorte fiscal puede exhibir resultados contables rápidos y, al mismo tiempo, agrandar la pérdida social en el mediano plazo.
La industria manufacturera, por su parte, enfrenta una combinación más compleja. No se trata únicamente de menor actividad, sino de un entorno con consumo deprimido, costos financieros altos y menor previsibilidad para planificar producción. En ese contexto, muchas empresas optan por reducir turnos, no renovar contratos o directamente ajustar plantillas. La comparación con noviembre de 2023 es elocuente: la economía no sólo no recuperó el empleo perdido en la transición política, sino que lo profundizó en sectores que históricamente sostienen la formalidad y la recaudación contributiva. Eso tiene efectos fiscales y también distributivos, porque el asalariado registrado es el segmento que concentra aportes a la seguridad social, cobertura de salud y mayor estabilidad de ingresos.
El mapa provincial confirma que la crisis no se distribuye de manera uniforme. Neuquén, Río Negro y San Juan son las únicas jurisdicciones que hoy muestran más empleo privado formal que antes del recambio presidencial. No es casual que aparezcan allí ramas ligadas a energía, minería y actividades exportadoras o de fuerte dinamismo local. Son provincias que pueden desacoplarse parcialmente del ciclo nacional por proyectos específicos y por demanda externa. En cambio, las caídas más severas golpean a distritos con menor diversificación productiva o mayor dependencia de sectores vulnerables a la inversión pública y al consumo interno, como Santa Cruz, Tierra del Fuego o Formosa. Esa asimetría anticipa una fractura territorial más profunda: mientras unas pocas economías se apoyan en enclaves de crecimiento, otras quedan atadas a un mercado interno que aún no da señales firmes de recomposición.
La situación de mayo refuerza esa lectura. Aunque cinco sectores lograron crear empleo ese mes, la mejora fue insuficiente frente a las pérdidas en comercio, construcción y pesca. La caída neta de 9.059 puestos puede parecer moderada en un mes aislado, pero en una serie acumulada revela que la economía todavía no encontró un piso laboral sólido. El hecho de que Comercio retroceda, aun con cierta estabilización de precios en algunos rubros, muestra que la contracción del poder adquisitivo sigue pesando sobre la demanda. Si las ventas no repuntan, las empresas no amplían plantillas; si no amplían plantillas, el consumo no se recompone. Ese círculo es una de las razones por las que la baja inflación, por sí sola, no garantiza recuperación del empleo.
También conviene mirar el tipo de empleo que se destruye y el que resiste. Los sectores que más crecen, como agro, pesca o algunos segmentos vinculados a servicios empresariales, no siempre absorben el mismo perfil de trabajadores que expulsan construcción e industria. Hay un problema de reconversión laboral que no se resuelve de forma automática. Un operario de planta o un trabajador de la construcción no migra con facilidad hacia actividades exportadoras o de servicios especializados. Sin políticas de capacitación, intermediación y protección de ingresos, el mercado termina generando una brecha entre quienes conservan inserción formal y quienes pasan a la informalidad, al subempleo o al desempleo abierto.
El impacto político de esta tendencia es igual de relevante. Un gobierno que basa su legitimidad en la corrección de desequilibrios macroeconómicos necesita mostrar, tarde o temprano, que el ajuste no sólo ordena cuentas sino que produce una nueva base de crecimiento. Mientras el empleo privado formal siga en retroceso, esa promesa queda incompleta. La tensión entre disciplina fiscal y capacidad de generación de trabajo será uno de los principales puntos de examen para la gestión Milei: no alcanza con estabilizar variables financieras si la estructura productiva continúa perdiendo puestos en ramas centrales y si el alivio aparece concentrado en pocos sectores y pocas provincias.
En ese marco, el dato laboral de mayo no funciona como una fotografía aislada sino como una advertencia. La economía argentina puede haber dejado atrás el shock inicial más agudo, pero todavía no reconstruyó un sendero de expansión capaz de sostener empleo formal en todo el territorio. Mientras la recuperación dependa de sectores puntuales y de territorios excepcionales, el país seguirá mostrando un crecimiento fragmentado, con ganadores localizados y una mayoría de actividades que permanece por debajo del punto de partida.
