La apreciación del peso mexicano durante el primer trimestre de 2026 ha neutralizado en gran medida el efecto de los aranceles impuestos por México a productos provenientes de China, Corea del Sur, India, Indonesia, Rusia, Tailandia y Turquía. Según el reporte de la Dirección de Estudios Económicos de Grupo Financiero Banamex, el tipo de cambio se fortaleció cerca de 15 por ciento anual, lo que redujo el costo en pesos de las importaciones y compensó el incremento arancelario aplicado en aduana. En categorías como juguetes, ropa, electrodomésticos, automóviles, refrigeradores, calzado y cosméticos, el efecto cambiario resultó comparable o superior al aumento del gravamen, evitando un alza generalizada en los precios al consumidor.
El Congreso de la Unión aprobó el 29 de diciembre de 2025 el mayor paquete arancelario en una década, que grava 1 463 fracciones arancelarias equivalentes al 8.6 por ciento de las importaciones totales provenientes de países sin tratado comercial. La medida busca fomentar la sustitución de importaciones por producción nacional y generar una recaudación anual estimada en 30 mil millones de pesos. Los sectores más afectados incluyen textiles y ropa con aranceles del 35 por ciento, calzado con el mismo porcentaje y automóviles con un gravamen del 50 por ciento. Esta política se inscribe en una secuencia iniciada con gravámenes al acero en 2023, la industria pesada en abril de 2024 y los textiles en diciembre de 2024.
Efecto real sobre los precios finales
El análisis de Banamex revela que el superpeso actuó como amortiguador principal del costo importado. Un arancel del 35 por ciento sobre prendas de vestir, por ejemplo, se ve contrarrestado cuando el peso se fortalece en 15 por ciento, ya que el importador adquiere la misma mercancía con menos moneda nacional. En algunos casos el efecto cambiario superó el incremento arancelario efectivo, explicando la ausencia de un repunte claro en el índice de precios al consumidor durante los primeros meses de vigencia. Esta dinámica cuestiona la eficacia inmediata de la política comercial para proteger la industria local, ya que el beneficio esperado para productores nacionales no se materializó de forma generalizada.

Los importadores de productos masivos han reportado márgenes de ganancia estables porque el ahorro cambiario permitió absorber el arancel sin trasladarlo al precio de venta. Sin embargo, esta contención de precios depende de que el peso mantenga su fortaleza. Si el tipo de cambio se debilita hacia niveles de 20 pesos por dólar, el impacto arancelario se haría visible rápidamente en los anaqueles.
Perspectivas de productores nacionales y cadenas de suministro
Los fabricantes mexicanos de textiles y calzado ven la medida como una oportunidad de mediano plazo para ganar participación de mercado, siempre que logren escalar capacidad productiva. No obstante, enfrentan limitaciones estructurales: falta de inversión reciente en maquinaria y escasez de mano de obra calificada en ciertas regiones. Por otro lado, las empresas que dependen de insumos importados de Asia para ensamblar productos finales en México han advertido sobre posibles incrementos en costos operativos si el peso pierde terreno.
Un caso ilustrativo es el sector automotriz. Los vehículos terminados provenientes de China enfrentan un arancel del 50 por ciento, pero varios armadoras locales que importan componentes de ese país han mantenido precios estables gracias al superpeso. Esta situación genera un dilema para la política industrial: mientras se protege el ensamblaje final, se encarece la cadena de proveeduría intermedia.
Riesgos de una apreciación sostenida y posibles respuestas
La principal vulnerabilidad radica en la volatilidad cambiaria. Un escenario de depreciación moderada del peso, impulsado por diferenciales de tasas de interés o tensiones comerciales globales, podría reactivar la presión inflacionaria en bienes de consumo masivo. Además, la experiencia internacional muestra que aranceles elevados pueden incentivar prácticas de subvaluación aduanera o triangulación a través de países con tratados comerciales vigentes, erosionando la recaudación proyectada de 30 mil millones de pesos.
Otro riesgo es la posible respuesta de los países afectados. China ya ha explorado mecanismos de represalia comercial en episodios anteriores; una escalada podría afectar exportaciones mexicanas de productos agroindustriales o manufacturas intermedias. Desde la perspectiva de los consumidores, la ausencia de alzas inmediatas en precios es positiva a corto plazo, pero oculta una dependencia excesiva de la fortaleza del peso que no garantiza estabilidad estructural.
Escenarios futuros y ajuste de la política comercial
Hacia adelante, la efectividad de los aranceles dependerá de la evolución del tipo de cambio y de medidas complementarias como programas de apoyo a la inversión productiva local. Si el peso se mantiene apreciado, el gobierno podría considerar ajustes graduales en las tasas arancelarias o focalizar incentivos fiscales en sectores con mayor potencial de sustitución de importaciones. Alternativamente, una depreciación del peso obligaría a revisar la estrategia para evitar un choque inflacionario en 2027.
En términos de política industrial, el episodio actual subraya la necesidad de combinar barreras comerciales con políticas de desarrollo de proveedores nacionales. Sin ello, los aranceles corren el riesgo de convertirse en un instrumento recaudatorio temporal más que en un catalizador de transformación productiva duradera.
