La incertidumbre derivada del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá restó 0,3 puntos porcentuales al crecimiento del PIB mexicano en 2025 y se espera que las revisiones anuales del acuerdo continúen restringiendo la inversión privada este año, según el análisis de la Dirección de Estudios Económicos de Banamex. Los datos muestran que la formación bruta de capital fijo del sector privado registró una contracción de 3,3 por ciento anual el año pasado, en un entorno donde factores internos y externos alteraron las decisiones de gasto de las empresas.
Este retroceso no es un fenómeno aislado. La combinación de revisiones periódicas del T-MEC con señales mixtas desde Washington y Ottawa ha generado un clima de espera entre corporativos que evalúan proyectos de expansión o relocalización productiva. La falta de certidumbre sobre reglas de origen, contenido regional y posibles modificaciones laborales o ambientales está postergando decisiones de inversión que, en condiciones normales, habrían avanzado con mayor rapidez.

Efectos sectoriales diferenciados
El impacto no se distribuye de manera uniforme. Las industrias manufactureras más integradas a cadenas de valor norteamericanas, como la automotriz y la de dispositivos médicos, enfrentan mayor exposición porque sus márgenes dependen directamente de la estabilidad de las reglas del tratado. Varias armadoras han diferido ampliaciones de planta programadas para 2026 mientras esperan definiciones sobre el contenido regional de baterías y componentes electrónicos. En contraste, sectores menos expuestos al comercio transfronterizo, como el inmobiliario industrial orientado al mercado interno, muestran menor sensibilidad inmediata, aunque también registran cautela en nuevos desarrollos.
Un caso concreto es el de proveedores de primer nivel en el norte del país que, tras la caída de la inversión privada, han reducido sus planes de contratación de personal calificado. Esta decisión tiene efectos multiplicadores sobre la demanda de vivienda, servicios educativos y consumo local en ciudades como Monterrey y Saltillo, donde la cadena de proveeduría automotriz representa una porción significativa del empleo formal.
Tres perspectivas originales sobre el estancamiento
La primera lectura apunta a que la zozobra del T-MEC está actuando como un impuesto implícito sobre la certidumbre. Cada ronda de revisiones anuales obliga a las empresas a destinar recursos a escenarios de contingencia en lugar de proyectos productivos. Esta asignación de capital defensivo reduce la productividad agregada y explica parte de la brecha entre el crecimiento potencial estimado y el observado en 2025.
Una segunda perspectiva destaca el efecto de señalización hacia otros destinos de inversión. Países del sudeste asiático y Europa del Este han captado flujos que originalmente se dirigían a México, precisamente porque ofrecen marcos comerciales más estables con Estados Unidos o con la Unión Europea. Datos preliminares de flujos de inversión extranjera directa muestran que México perdió posiciones relativas frente a Vietnam y Polonia en proyectos manufactureros de mediana escala durante el segundo semestre de 2025.
La tercera observación se refiere al comportamiento de las empresas medianas mexicanas. A diferencia de las grandes corporaciones que cuentan con equipos de relaciones institucionales para monitorear el tratado, las firmas de tamaño intermedio carecen de capacidad para absorber los costos de información y adaptación regulatoria. Esto genera una concentración de la inversión en manos de unos pocos jugadores y reduce la diversidad del tejido productivo.
Posturas de los actores involucrados
El gobierno federal sostiene que el T-MEC sigue siendo un marco favorable y que las revisiones anuales son mecanismos de actualización necesarios. Sin embargo, empresarios del Consejo Mexicano de Negocios advierten que la frecuencia de las revisiones erosiona la confianza y piden periodos de estabilidad más largos. Organizaciones laborales mexicanas, por su parte, ven en las cláusulas laborales del tratado una oportunidad para mejorar condiciones, pero temen que la incertidumbre derive en menor creación de empleos formales. Desde Estados Unidos, algunos sectores manufactureros presionan por mayores exigencias de contenido regional, mientras que distribuidores y consumidores prefieren mantener el flujo comercial sin fricciones adicionales.
Riesgos y trayectorias probables
Hacia adelante, el principal riesgo es que la inversión privada se mantenga por debajo de su tendencia histórica durante varios años consecutivos. Si las revisiones anuales del T-MEC coinciden con ciclos electorales en Estados Unidos o México, la probabilidad de anuncios disruptivos aumenta y podría amplificar la volatilidad de los flujos de capital. Otro riesgo relevante es la posible fragmentación de cadenas de suministro: empresas que hoy operan bajo un solo tratado podrían decidir duplicar capacidades en diferentes jurisdicciones, elevando costos estructurales que terminarían trasladándose a precios finales.
Una trayectoria más favorable requeriría señales claras de continuidad del acuerdo más allá de las revisiones anuales y una mayor coordinación entre los tres gobiernos para reducir la percepción de riesgo. Sin embargo, la evidencia histórica de tratados comerciales muestra que una vez instalada la incertidumbre, su reversión suele tomar varios trimestres e incluso años, aun cuando las condiciones políticas mejoren.
El entorno actual sugiere que las empresas continuarán adoptando estrategias de espera selectiva, priorizando proyectos de mantenimiento sobre expansión y privilegiando liquidez sobre inversión fija. Esta dinámica, si persiste, limitará el crecimiento potencial de la economía mexicana y reducirá los márgenes de maniobra para la política económica en los próximos años.
