T-MEC: Incertidumbre y la opción menos costosa

El 1 de julio no marca el fin del T-MEC, sino el momento en que México y sus socios definirán el nivel de incertidumbre que regirá el comercio trilateral durante los próximos años. Esta distinción resulta clave: el tratado mueve 1.5 billones de dólares anuales y México envía el 80 % de sus exportaciones a Estados Unidos, que en 2025 lo convirtió en su principal mercado de salida con 336.5 mil millones de dólares.

La falta de claridad ya genera costos medibles. Oxford Economics calcula que la incertidumbre provocó una pérdida de oportunidad de 17 mil 400 millones de dólares en inversión durante 2025; si persiste, la cifra podría alcanzar 30 mil 200 millones adicionales este año. Sin embargo, la IED formal sigue en récord: 23 mil 591 millones de dólares en el primer trimestre de 2026. La aparente contradicción se explica porque las empresas ya instaladas reinvierten utilidades, mientras que los proyectos de largo plazo esperan señales claras.

Revisión anual frente a peores escenarios

La opción más prudente no es un acuerdo apresurado ni una salida abrupta. Si las negociaciones fracasan, el tratado puede extenderse hasta una década mediante revisiones anuales, preservando el marco institucional sin concesiones irreversibles. Un pacto forzado por presión de calendario podría generar asimetrías permanentes; una ruptura formal eliminaría el acceso preferencial sin beneficio para ninguna parte.

El calendario favorece a México. El T-MEC expira en 2036, lo que otorga diez años de margen, mientras que la administración Trump enfrenta menos de tres años antes de un posible cambio de política. Negociar con paciencia, en lugar de pánico de calendario, reduce el riesgo de aceptar condiciones desventajosas y permite esperar un contexto político más favorable en Washington.

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