T-MEC: riesgos e impactos en el pronóstico de Banamex

El anuncio de revisiones anuales del T-MEC hasta 2028, en lugar de una extensión de dieciséis años, ya está incorporado en la proyección de Banamex de un crecimiento del 1.3 % para la economía mexicana en 2026. Esta cifra refleja un escenario donde la incertidumbre persistente actúa como un factor estructural que limita la expansión de la inversión privada, tanto nacional como extranjera. El análisis del banco no solo contempla el efecto inmediato sobre las decisiones de capital, sino también la dinámica de reinversión de utilidades que actualmente sostiene gran parte de la Inversión Extranjera Directa.

Efectos sobre la formación de capital y el nearshoring

La ausencia de una extensión de largo plazo genera un efecto de “certeza negativa” que desalienta proyectos de inversión de mayor escala. Empresas que operan en sectores vinculados a cadenas de suministro transfronterizas, como el automotriz y la electrónica, evalúan con mayor cautela la ampliación de plantas o la instalación de nuevas líneas de producción. Aunque el tratado sigue vigente, la necesidad de renegociar anualmente ciertos capítulos introduce costos de transacción adicionales y reduce la visibilidad sobre las reglas que regirán el comercio en un horizonte de tres a cinco años.

Este contexto afecta especialmente a las decisiones de reinversión. Según el propio diagnóstico de Banamex, el grueso de la IED actual corresponde a utilidades que las empresas ya establecidas deciden mantener en el país. Sin embargo, la llegada de nuevos proyectos de nearshoring depende en mayor medida de señales claras de estabilidad regulatoria y comercial. La falta de esas señales mantiene la inversión en un nivel bajo, incluso cuando México sigue siendo atractivo por su proximidad geográfica y costos laborales.

Riesgos para el empleo y la productividad

El crecimiento moderado previsto para 2026 y 2027 tiene implicaciones directas sobre el mercado laboral. Un ritmo de expansión inferior al 2 % dificulta la absorción de la fuerza laboral que ingresa cada año al mercado, sobre todo en regiones manufactureras del norte y el bajío. La menor creación de empleos formales también reduce la recaudación de impuestos y presiona las finanzas públicas en un momento en que el gobierno enfrenta compromisos crecientes en pensiones no contributivas y servicio de la deuda.

Además, la incertidumbre prolongada puede afectar la productividad agregada. Cuando las empresas posponen decisiones de inversión en maquinaria y tecnología, el ritmo de modernización del parque productivo se ralentiza. Esto genera un círculo vicioso donde el bajo crecimiento de la productividad justifica a su vez expectativas más conservadoras de expansión futura.

Impacto diferencial por sectores y regiones

Los sectores más expuestos a la renegociación anual del T-MEC presentan riesgos distintos. La industria automotriz, que depende de reglas de origen estrictas y de acceso fluido al mercado estadounidense, enfrenta la posibilidad de ajustes recurrentes en requisitos de contenido regional. Por su parte, el sector agroexportador podría ver mayor volatilidad en el acceso a contingentes y en las medidas sanitarias y fitosanitarias que se revisan cada año.

En contraste, algunos servicios financieros y de logística podrían beneficiarse de la mayor frecuencia de diálogo entre los tres países, ya que las revisiones anuales ofrecen oportunidades para resolver cuellos de botella operativos. No obstante, estos beneficios son de menor magnitud comparados con el efecto contractivo sobre la inversión fija bruta.

Desafíos macroeconómicos y espacio fiscal limitado

Banamex señala que el país requiere impulsar el crecimiento, pero también reconoce las restricciones que enfrenta la actual administración: el tamaño de Pemex, el costo financiero de la deuda y el gasto en programas sociales. En un escenario de bajo crecimiento, estas presiones fiscales se intensifican porque los ingresos tributarios crecen más lentamente que los compromisos de gasto. La combinación de incertidumbre comercial y rigidez fiscal reduce el margen para políticas contracíclicas efectivas.

La perspectiva de revisiones anuales hasta 2028, condicionadas a las elecciones presidenciales en Estados Unidos, añade una capa adicional de riesgo político. Cualquier cambio en la composición del Congreso estadounidense podría endurecer posiciones negociadoras y elevar la probabilidad de disputas sectoriales que afecten el flujo comercial.

Perspectivas de mediano plazo y factores mitigantes

A pesar de los riesgos identificados, el marco del T-MEC sigue proporcionando un piso institucional que impide un deterioro abrupto de las relaciones comerciales. El tratado continúa vigente y las revisiones anuales, aunque generan fricción, también ofrecen un mecanismo institucionalizado para resolver diferencias antes de que escalen a disputas formales.

Además, la certeza de que el acuerdo no desaparecerá reduce el riesgo de escenarios extremos como la imposición generalizada de aranceles. Esta certidumbre relativa permite que las empresas mantengan operaciones existentes, aunque no estimule nuevas inversiones de gran escala. El desafío para las autoridades mexicanas radica en complementar este marco comercial con mejoras en certeza jurídica interna, simplificación regulatoria y desarrollo de infraestructura que eleven la productividad independientemente del ciclo de revisiones del T-MEC.

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