Tensiones México-EU endurecen el T-MEC

La revisión anual del T-MEC, que comenzó el 1 de julio y se extenderá hasta 2036, introduce un cambio estructural en la relación comercial de América del Norte. La integración económica deja de basarse en la estabilidad como principal atractivo para la inversión y pasa a depender de una supervisión política constante por parte de Estados Unidos.

Washington ha endurecido su postura por un conjunto de factores que incluyen la competencia estratégica con China, la relocalización de cadenas productivas, la seguridad nacional, el control migratorio, la lucha contra el fentanilo y la demanda de mayor certidumbre jurídica para las empresas. A estos elementos se suman disputas acumuladas en energía, agricultura y trabajo, que ya han derivado en paneles de solución de controversias.

Factores que elevan el escrutinio

México llega a esta etapa con indicadores mixtos. Aunque mantiene su posición como uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos, persisten elementos que incrementan la percepción de riesgo: inseguridad en corredores industriales, incertidumbre regulatoria, debilidad del Estado de derecho y cuestionamientos sobre la autonomía de instituciones como el Ejecutivo, el Poder Judicial y el INE. Las reformas constitucionales recientes han añadido tensiones adicionales.

Los datos cuantitativos reflejan tanto la relevancia como la vulnerabilidad de la relación bilateral. México exporta más de 600 mil millones de dólares anuales, de los cuales cerca del 80 por ciento tiene como destino el mercado estadounidense. La manufactura representa el 90 por ciento de esas exportaciones, mientras que la inversión extranjera directa supera los 38 mil millones de dólares en años recientes.

Riesgos para la inversión productiva

El principal efecto no será una salida masiva de capitales, sino una ralentización de decisiones de inversión. Las empresas tienden a optar por contratos de manufactura sin comprometer activos fijos de gran escala mientras observan la evolución regulatoria y política del país. Diversos estudios económicos indican que la incertidumbre institucional reduce la inversión privada y, por tanto, el crecimiento potencial.

Para alcanzar tasas sostenidas superiores al 3 por ciento anual, México requiere una aceleración clara de la inversión productiva. Si la cautela persiste, el crecimiento se mantendría en niveles modestos, insuficientes para cerrar brechas de productividad con otras economías emergentes.

El caso de los nogales sonorenses

La misma lógica de adaptación afecta sectores específicos. Los productores de nuez en Sonora enfrentan una reducción de superficie cultivada de al menos 3 mil hectáreas en los últimos años, tras un crecimiento que multiplicó por diez las plantaciones entre 2000 y 2020. La pérdida de mercados asiáticos, especialmente China, obliga a transitar de una estrategia de volumen hacia una basada en valor agregado. Países como Sudáfrica, Australia y Brasil ganan participación mientras Sonora mantiene una oferta centrada principalmente en cantidad.

El capital internacional puede operar bajo gobiernos de distintas orientaciones ideológicas, pero rechaza la incertidumbre prolongada. La próxima década funcionará como un examen continuo de la confianza que México logre transmitir. El nearshoring no desaparecerá por decreto, pero tampoco se consolidará de forma automática. Los países que ofrezcan reglas claras y cumplimiento efectivo del T-MEC captarán la mayor parte de la nueva manufactura regional.

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