El Real Madrid conquistó el Trofeo Teresa Herrera tras imponerse por 0-1 al Deportivo de A Coruña en Riazor, en un amistoso de preparación marcado por el escaso ritmo, la posesión blanca y una producción ofensiva limitada en ambos lados. El único gol del encuentro lo firmó Brahim Díaz, suficiente para decidir un duelo en el que el equipo de José Mourinho fue más práctico que brillante y en el que el conjunto de Antonio Hidalgo dejó una imagen competitiva, aunque con carencias evidentes en ataque.
El partido sirvió, ante todo, para medir el punto de partida de dos equipos en fases distintas de ajuste. El Real Madrid asumió el control de la pelota desde el inicio y fue creciendo con el paso de los minutos, mientras que el Deportivo trató de responder con orden y con la presencia física de Nsongo Bil como principal referencia para estirarse. Sin embargo, el conjunto coruñés encontró pocas continuidades en campo rival y dependió demasiado de acciones aisladas para generar peligro real.

La primera ocasión clara del Deportivo llegó en un remate de cabeza de Lucas Noubi, una acción que fue más un aviso que una tendencia. Poco después, el encuentro quedó resuelto en una jugada que resumió bien la diferencia de eficacia entre uno y otro equipo: una asistencia de Andriy Lunin fue aprovechada con precisión por Brahim Díaz para establecer el 0-1. El gol reflejó la capacidad del Madrid para convertir una acción concreta en ventaja en un partido cerrado, algo especialmente valioso en esta fase de pretemporada.
Un Madrid práctico y aún incompleto
En la segunda parte, el guion apenas cambió. Hubo destellos, pero no una secuencia sostenida de dominio ni de ocasiones. El Real Madrid manejó la ventaja con sobriedad, aunque sin demasiada chispa en la creación. La ausencia de más recursos en la construcción ofensiva volvió a quedar expuesta tras la caída de la opción de Rodri Hernández, una circunstancia que mantiene abierta la necesidad de incorporar una pieza más para reforzar esa zona. Carlos Espi también intentó ampliar la renta, pero sin acierto.
La lectura que deja el conjunto blanco es doble. Por un lado, el equipo mostró oficio para resolver un partido incómodo con un margen mínimo; por otro, evidenció que todavía le falta fluidez en los últimos metros para traducir su control en superioridad clara. En ese contexto, Brahim Díaz volvió a aparecer como un futbolista capaz de decidir desde el detalle, mientras que el bloque en conjunto sigue buscando más variantes para no depender tanto de acciones puntuales.
El Deportivo compite, pero necesita más armas
Para el Deportivo, el Teresa Herrera dejó una conclusión menos ambigua: la actitud y la resistencia estuvieron presentes, pero el equipo necesita más alternativas ofensivas si quiere competir con mayor regularidad ante rivales de primer nivel y, sobre todo, en una temporada de exigencia creciente. Hidalgo encontró compromiso y trabajo defensivo, pero también vio cómo su equipo sufría para enlazar jugadas con continuidad y profundidad. La falta de un perfil más vertical quedó señalada como uno de los puntos a corregir.
Los cambios introducidos por ambos técnicos mantuvieron el tono de ensayo general propio de estas fechas, con minutos para varios jugadores y sin que el marcador se alterara. El encuentro, más allá del trofeo, funcionó como una radiografía útil: el Real Madrid se lleva un triunfo corto pero instructivo, y el Deportivo sale con la confirmación de que compite, aunque todavía debe ampliar su repertorio para convertir esa resistencia en producción ofensiva real. En vísperas del arranque de LALIGA EA Sports, el Teresa Herrera dejó menos espectáculo que mensajes concretos sobre lo que aún falta por ajustar en ambos proyectos.
