El saldo mortal del sismo de magnitud 7.1 que sacudió el suroeste de Japón esta semana subió a 30 fallecidos, confirmó el gobierno nipón. Las labores de rescate se concentran en el centro comercial Aeon de Kumamoto, derrumbado tras una explosión posterior al temblor, donde equipos extrajeron cuatro cuerpos entre escombros y estructuras de acero.

De las diez personas rescatadas en ese inmueble, cuatro murieron y una más carece de signos vitales. Otras sufren heridas de distinta gravedad. En la fábrica de Nippon Paper Industries, en Yatsushiro, se reportaron cinco muertos adicionales y cuatro desaparecidos tras el colapso parcial de una chimenea.
Réplicas y calor agravan la crisis
Las réplicas constantes y temperaturas que superarán los 38 °C complican la vida de decenas de miles de habitantes. Unas 31.200 viviendas siguen sin electricidad y 84.000 carecen de agua potable. “Sin aire acondicionado es muy difícil”, resume Hiroyuki Matsushima, padre de familia en una de las zonas más afectadas.
Japón, asentado sobre cuatro placas tectónicas, registra cerca del 18% de los sismos mundiales. Este nuevo golpe revive el recuerdo del terremoto de 2016 en la misma prefectura, que dejó 273 muertos. La prioridad inmediata es localizar sobrevivientes y restablecer servicios básicos antes de que el calor y las réplicas multipliquen el impacto humanitario.
