La UNAM corre contra reloj. Estudios estadísticos revelaron indicios de posibles trampas en el examen de admisión a licenciatura aplicado en línea, y la máxima casa de estudios debe decidir ya qué hacer con esos resultados. En medio de la presión, la empresa Territorium, proveedora tecnológica del proceso, solicitó audiencia ante la comisión técnica para colaborar y, de paso, blindar su reputación.
Como se anticipaba, la compañía defendió su infraestructura. Pero el mensaje más revelador no fue la defensa técnica, sino el matiz: la integridad de una evaluación de alta demanda, afirmó, no depende solo de la plataforma digital. Depende de la coordinación entre seguridad tecnológica y seguridad académica.

Sobre esta última, Territorium subrayó prácticas concretas: construcción de versiones equivalentes, distribución y aleatorización de reactivos, variación del orden y control de exposición entre distintos grupos y jornadas. Con esa precisión, la empresa deja claro dónde termina su responsabilidad y dónde empieza la de la universidad. El señalamiento es sutil, pero contundente: la tecnología no basta si el diseño académico del examen no cierra todas las puertas al fraude.
La pelota queda ahora en la cancha de la UNAM. Deberá determinar si las anomalías estadísticas apuntan a fallas de la plataforma o a debilidades en el control académico del contenido. Lo que diga la comisión técnica no solo definirá el destino de cientos de aspirantes, sino también el futuro de la evaluación en línea en una de las instituciones más grandes de América Latina.
