El Tesoro de Estados Unidos duplicó el volumen de sus recompras de deuda a largo plazo para contener la subida de los rendimientos, después de que el bono a 30 años tocara su nivel más alto desde 2007. La medida eleva a 4.000 millones de dólares por operación las compras de títulos entre 10 y 30 años, en una señal clara de que Washington quiere estabilizar un mercado presionado por el deterioro fiscal y la tensión geopolítica.

El movimiento alivió de inmediato la presión: el rendimiento del bono a 30 años retrocedió a 5.184% tras haber llegado al 5.34%, mientras el papel a 10 años también bajó. Pero el alcance real es limitado. La recompra mejora la liquidez y envía una señal de apoyo, sin tocar el problema de fondo: una deuda pública que ya supera los 40 billones de dólares y déficits que obligan a seguir emitiendo bonos.
Para los mercados, el mensaje es doble. El Tesoro está dispuesto a intervenir cuando el repunte de las tasas amenaza con encarecer la financiación de hogares, empresas y del propio gobierno. A la vez, la respuesta muestra que una herramienta táctica puede ganar tiempo, pero no resolver una presión estructural que seguirá marcando el costo del dinero en Estados Unidos.
