Giro costoso en la flota
Donald Trump firmó un memorando que ordena a la Marina de Estados Unidos abandonar el sistema electromagnético de catapultas en los portaviones de la clase Gerald R. Ford y volver a las catapultas de vapor en los buques futuros. La medida no altera a los tres primeros de la serie, pero sí golpea al cuarto, el futuro Doris Miller, y a los siguientes.

El cambio reabre una disputa técnica y presupuestaria de años. La Marina defendió en febrero que el sistema electromagnético del Gerald R. Ford mejora el ritmo de lanzamiento y recuperación de aeronaves, mientras la Casa Blanca sostiene que las alternativas de vapor e hidráulicas son más “resilientes y robustas”. Esa elección apunta menos a la eficiencia operativa que a la tolerancia al riesgo que Trump privilegia en programas militares complejos.
El costo será enorme: desmontar una tecnología ya integrada en el diseño de los buques podría absorber miles de millones de dólares y obligará a rediseñar parte de la cadena industrial. En términos estratégicos, la orden no solo corrige una plataforma; también marca un choque entre modernización tecnológica y fiabilidad mecánica, con la Marina forzada a ajustar su planificación a una decisión política de largo alcance.
