Una lesión expuso la armadura que había construido

Una lesión obligó a detenerse a un hombre dedicado obsesivamente al entrenamiento y dejó al descubierto una historia de vergüenza que había intentado ocultar durante décadas. En el gimnasio, sus compañeros le decían Narciso porque controlaba cada detalle de su cuerpo, aunque con el tiempo quedó claro que no estaba simplemente admirándolo: estaba tratando de protegerse de una herida mucho más antigua.

Llegaba al gimnasio apenas abrían las puertas y, antes de saludar, se subía a la balanza. Sabía cuánto pesaba ese día, cuánto había pesado el anterior y cuántos milímetros había ganado o perdido en cada parte del cuerpo. Para él, entrenar no consistía solo en hacer ejercicio. Su atención estaba puesta en la hipertrofia y en el porcentaje de grasa corporal.

Después de cada serie se paraba frente al espejo. Probaba distintas poses, expandía la espalda, flexionaba los bíceps, contraía el abdomen y tensaba los músculos hasta enrojecer. Buscaba la mejor luz para tomar fotografías y compararlas con las de la semana anterior. También pesaba los alimentos y conocía los porcentajes de proteínas, grasas y carbohidratos de cada producto. La pechuga de pollo era, según explicaba, la mejor fuente de proteína magra.

A pesar de tener un cuerpo que llamaba la atención, nunca parecía satisfecho. Siempre faltaba algo: más músculo, menos grasa o mayor definición. Perseguía una imagen que no terminaba de alcanzar. La situación cambió cuando intentó levantar más peso del que su cuerpo podía soportar y se lesionó.

El médico fue terminante y le indicó que debía parar. Para él, esa recomendación no fue un contratiempo, sino una catástrofe. Días después ya buscaba ejercicios alternativos, distintas posiciones, máquinas y agarres que no le provocaran dolor. Preguntaba al kinesiólogo cuánto músculo podía perder, cuánto tardaría en recuperarlo y si era posible entrenar alrededor de la lesión. Quería encontrar una forma de no detenerse por completo porque, según repetía, “no es bueno estar parado”.

Durante uno de los ejercicios de rehabilitación comenzó a hablar de su infancia. Contó que en la escuela se burlaban de él porque era gordito y que nadie lo elegía para jugar a la pelota ni para integrar otros equipos. Recordó, con dolor, la vergüenza que sentía al quitarse la camiseta en el vestuario. Habían pasado más de 30 años, pero aquel niño parecía seguir presente.

La imagen del cuerpo musculoso adquirió entonces otro significado. Sus compañeros creían que estaba enamorado de su apariencia, pero la explicación podía ser la contraria: había dedicado buena parte de su vida a protegerse de la vergüenza que había sentido de niño. No estaba construyendo únicamente músculos, sino una armadura que durante años le había permitido mantener oculto a aquel estudiante del que se reían.

La lesión expuso el sistema que había levantado y sostenido con tanto esfuerzo. Al no poder entrenar como antes, tuvo que enfrentarse a una parte de sí mismo que había permanecido escondida, incluso ante su propia mirada. El espejo dejó de ser solo el del gimnasio y pasó a reflejar también aquello que llevaba dentro.

La experiencia llevó al narrador a preguntarse por sus propias conductas. Trabajar hasta el agotamiento, comprar cosas innecesarias, beber, comer de más, llenar la agenda o desplazarse por una pantalla hasta la madrugada pueden presentarse como disciplina, ambición, autocuidado o una forma de desconectar. Sin embargo, también pueden ocultar algo que aparece cuando la persona intenta detenerse.

Un terapeuta le había planteado una pregunta difícil: “¿Qué es lo que más temes que los demás descubran sobre ti?”. La cuestión no apuntaba al peor defecto, sino a aquello que cada persona necesita esconder, incluso de sí misma. Por eso, cuando una conducta se vuelve imposible de abandonar, la pregunta no es solo cómo dejar de hacerla, sino con qué parte de uno mismo habría que encontrarse al hacerlo.

Juan Tonelli es escritor y conferencista, y autor del libro Un paraguas contra un tsunami. También publica contenidos en www.youtube.com/juantonelli.

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