Las vacunas terapéuticas contra el cáncer avanzan como una línea de investigación basada en entrenar al sistema inmunitario para reconocer y atacar células tumorales con mayor precisión. El desarrollo de plataformas personalizadas de ARN mensajero y neoantígenos ha ampliado las posibilidades de combinar estos tratamientos con inmunoterapias ya disponibles, aunque la mayoría sigue en ensayos clínicos.
Según el Cancer Research Institute, estas vacunas introducen antígenos tumorales, o las instrucciones genéticas para producirlos, con el fin de activar a los linfocitos T. Una vez estimuladas, estas células pueden identificar marcadores presentes en el tumor y destruir de forma dirigida las células que los expresan. El objetivo es concentrar la respuesta inmunitaria sobre el tejido maligno y limitar el daño a células sanas.

La investigación distingue entre vacunas preventivas y terapéuticas. Las primeras se aplican a personas sanas para prevenir infecciones por virus oncogénicos, como el virus del papiloma humano y la hepatitis B, asociados con distintos tipos de cáncer. Las terapéuticas se dirigen a pacientes con un diagnóstico confirmado y buscan reforzar la respuesta contra un tumor ya existente, además de reducir el riesgo de recaída o metástasis.
Entre las opciones aprobadas por autoridades sanitarias figuran las vacunas contra el VPH y la hepatitis B. En el campo terapéutico, Sipuleucel-T está autorizada en Estados Unidos para algunos hombres con cáncer de próstata avanzado resistente al tratamiento hormonal. El bacilo de Calmette-Guérin, o BCG, también se emplea para estimular una respuesta inmune local en casos de cáncer de vejiga en etapas tempranas.
ARNm y neoantígenos impulsan los ensayos clínicos
La vía de desarrollo más reciente se centra en vacunas individualizadas elaboradas a partir de las mutaciones específicas de cada tumor. Mediante secuenciación genética, los equipos científicos identifican neoantígenos, proteínas exclusivas producidas por alteraciones del cáncer de un paciente, y diseñan una formulación que puede incluir decenas de esos objetivos.
Las vacunas de ARNm entregan instrucciones temporales para que las células presenten esas señales al sistema inmunitario. En ensayos de determinados tipos de cáncer, incluido el melanoma, la combinación de vacunas de ARNm con inhibidores de puntos de control inmunitario ha mostrado una reducción de hasta 44% en el riesgo de recurrencia o muerte frente a tratamientos estándar, de acuerdo con los resultados citados en la investigación especializada.
También se estudian vacunas basadas en células dendríticas, péptidos, proteínas, ADN y vectores virales modificados, como T-VEC. Sin embargo, los tumores pueden crear entornos que inhiben a los linfocitos T y presentan mutaciones distintas dentro de una misma masa tumoral. La fabricación personalizada exige análisis genéticos y procesos individuales que pueden tomar semanas, mientras el acceso a estas terapias depende en gran medida de la participación en ensayos clínicos.
