Las ciudades enfrentan un aumento sostenido de temperaturas que obliga a repensar el diseño de espacios verdes. Durante décadas, las políticas de plantación de árboles se basaron casi exclusivamente en métricas técnicas como secuestro de carbono o reducción de isla de calor, sin considerar los vínculos emocionales que los residentes establecen con el arbolado. Esta desconexión generó resistencia comunitaria y menor efectividad de los programas, especialmente en barrios con menor acceso a recursos institucionales.
El concepto de valores relacionales, sistematizado por la Plataforma IPBES, describe las conexiones que surgen de la experiencia directa, la memoria colectiva y las emociones asociadas a los árboles locales. Cuando estos valores se omiten, las decisiones técnicas pierden legitimidad social y dificultan la adopción de medidas de largo plazo.
Orígenes del enfoque participativo
La herramienta Visiones de Valor de los Árboles surgió tras identificar que los marcos convencionales de planificación urbana ignoraban dimensiones afectivas. Investigadores de la Universidad de Aberystwyth, junto con equipos del Reino Unido y Estados Unidos, organizaron talleres en Cardiff, Milton Keynes y York. Cada panel incluyó alrededor de treinta residentes seleccionados para reflejar diversidad de género, edad, clase social y etnia. Las sesiones permitieron compartir relatos personales sobre la relación con el arbolado y priorizar acciones concretas.
Los resultados se validaron posteriormente en Camden y Edimburgo, demostrando que el método puede adaptarse a contextos urbanos distintos sin requerir presupuestos elevados. El proceso reveló que los participantes vinculaban los árboles con salud mental y cohesión vecinal, y que preferían medidas de beneficio mutuo entre personas y naturaleza antes que soluciones exclusivamente antropocéntricas.

La justicia multiespecie apareció de forma reiterada en las narrativas elaboradas por los vecinos. Un participante de Cardiff imaginó un futuro donde los árboles adquieren conciencia y establecen relaciones de reciprocidad con los humanos, lo que ilustra cómo la herramienta permite expresar visiones que trascienden el utilitarismo tradicional.
Repercusión en políticas locales
La disponibilidad gratuita de la herramienta a través de un curso en línea de Open University reduce barreras de entrada para municipios con recursos limitados. Al integrar cuatro visiones narrativas del futuro, quince resultados priorizables y veintitrés acciones de política pública, el método ofrece un marco estructurado que puede aplicarse en talleres de tres horas sin necesidad de equipos técnicos especializados.
En contextos de privación social, algunos vecinos señalaron que propuestas como designar guardianes ciudadanos de árboles podrían representar una carga adicional. Esta observación obliga a los planificadores a calibrar las expectativas de participación según las condiciones reales de cada comunidad, evitando transferir responsabilidades sin apoyo institucional adecuado.
Adaptación a realidades latinoamericanas
La etnobiología ofrece un puente natural para trasladar este enfoque a países como Argentina. La investigadora Ana Ladio, del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue, destacó que el concepto de “vivir como la naturaleza”, entendido como integración de los árboles como miembros activos con derechos dentro de la comunidad, coincide con prácticas ancestrales mapuches respecto al pewen en la Patagonia. Estudios en la cuenca de Ruca Choroy, Neuquén, demuestran que este vínculo implica reciprocidad, espiritualidad y parentesco, más allá de cualquier función utilitaria.
La recolección tradicional de semillas de araucaria, conocida como piñoneo, transmite estos saberes a las nuevas generaciones. Incorporar tales prácticas en el diseño de parques urbanos permitiría rescatar conocimientos bioculturales locales y fortalecer el sentido de pertenencia en barrios con población diversa.
Implicaciones educativas y de resiliencia
La herramienta enfatiza la necesidad de orientar políticas hacia la infancia y la educación ambiental al aire libre. Cuando los niños participan en procesos de valoración de árboles, desarrollan una relación temprana que puede traducirse en mayor defensa de los ecosistemas a largo plazo. Esta dimensión resulta especialmente relevante en ciudades que enfrentan olas de calor más intensas y frecuentes.
La experiencia británica sugiere que la inclusión de valores relacionales aumenta la legitimidad de las intervenciones y reduce conflictos posteriores. En América Latina, donde conviven múltiples cosmovisiones, adaptar el método podría evitar la imposición de modelos técnicos ajenos a las realidades culturales de cada territorio.
El riesgo principal radica en una facilitación inadecuada que permita que diferencias de poder distorsionen los resultados. Por ello, los gobiernos locales que adopten la herramienta deberán invertir en capacitación de facilitadores y en mecanismos de seguimiento que aseguren representatividad sostenida.
La transición hacia una planificación urbana que reconozca tanto las necesidades humanas como las de la naturaleza representa un cambio estructural. Al colocar los valores relacionales en el centro, las ciudades pueden construir espacios verdes que perduren por su respaldo social y por su capacidad de responder a desafíos climáticos cada vez más exigentes.
