Durante 45 días, una parte de la historia de Tijuana dejó de presentarse únicamente en museos, edificios o relatos familiares para convertirse en una experiencia inmersiva de realidad virtual. Vuela Tijuana recibió alrededor de 15 mil visitantes entre el 19 de junio y el 3 de agosto, una cifra que coloca al proyecto de la organización civil Xah A.C. como un caso relevante dentro de los esfuerzos recientes por diversificar la oferta turística y cultural de la ciudad.
El dato no representa por sí solo una medición definitiva del impacto económico o turístico de la iniciativa, pero sí revela una capacidad de convocatoria significativa para una propuesta temporal y especializada. La experiencia no dependió exclusivamente de grandes campañas publicitarias: de acuerdo con Andrea Ramos Fabián, representante de Xah, buena parte del público llegó por recomendaciones de familiares, amistades y vecinos. Ese comportamiento sugiere que el atractivo se propagó mediante redes comunitarias y no únicamente a través de los canales institucionales o comerciales habituales.
Una ciudad fronteriza en busca de nuevos relatos
Tijuana posee una identidad turística marcada por la frontera, la gastronomía, la vida nocturna, el comercio y su intercambio permanente con el sur de California. Esa imagen, aunque poderosa, suele concentrar la atención en unos cuantos símbolos y deja en segundo plano historias menos conocidas de barrios, recintos culturales, personajes y transformaciones urbanas. Vuela Tijuana intentó ampliar ese mapa mediante un recorrido que vinculó lugares emblemáticos con una narración audiovisual y multisensorial.
Entre las referencias incluidas estuvieron la historia de la ensalada César, el Museo de Cera, el Museo de la Lucha Libre y otros espacios históricos y culturales. La selección importa porque presenta a la ciudad como algo más complejo que un punto de tránsito fronterizo. La gastronomía, los museos y las expresiones populares aparecen integrados en una misma secuencia, con la intención de mostrar que la identidad tijuanense se construye a partir de capas diversas: migración, entretenimiento, creatividad, comercio y memoria local.
En ese contexto, la realidad virtual funciona como una herramienta de interpretación. No sustituye la visita física, pero puede despertar curiosidad por lugares que un visitante no habría considerado y ofrecer a los residentes una nueva lectura de espacios conocidos. La tecnología, por tanto, no es el contenido principal; su valor depende de la calidad de la historia que cuenta y de la capacidad para conectar esa historia con el territorio real.

Del recorrido virtual a la calle
Uno de los efectos más concretos señalados por la organización fue que algunas personas se dirigían, inmediatamente después del recorrido, a los sitios que acababan de conocer mediante la experiencia digital. Esa reacción conecta dos momentos que con frecuencia se mantienen separados: la promoción turística y la visita efectiva. Cuando una herramienta inmersiva logra orientar al público hacia negocios, museos o espacios patrimoniales, puede funcionar como una puerta de entrada para el consumo cultural y económico en el entorno.
El posible beneficio se extiende a la zona donde se ubican esos atractivos. Una persona que acude a un museo puede prolongar su estancia en un restaurante, una cafetería, una tienda o un mercado cercano. El impacto no está garantizado y depende de factores como la accesibilidad, la seguridad, los horarios y la calidad de los servicios, pero la lógica es clara: una experiencia que distribuye la atención entre varios puntos puede contribuir a que el visitante deje de concentrarse en un solo destino.
También hay una dimensión de turismo interno. La presencia de personas provenientes de Guanajuato y de Colombia demuestra que la propuesta alcanzó públicos fuera del circuito inmediato de Tijuana, mientras que el interés de residentes y de personas que llegaron a la ciudad hace tiempo revela una demanda distinta: conocer el lugar donde viven desde una perspectiva histórica. Para una ciudad con crecimiento acelerado y población de orígenes diversos, esa posibilidad puede fortalecer el sentido de pertenencia sin exigir que todos compartan la misma trayectoria cultural.
La accesibilidad como parte del diseño
La inclusión de usuarios de Lengua de Señas Mexicana y la disponibilidad de recorridos en español e inglés son elementos que deben leerse como parte central del proyecto, no como añadidos secundarios. En una ciudad fronteriza, la pluralidad lingüística es una condición cotidiana. A ella se suma la necesidad de diseñar experiencias para personas con distintas formas de acceder a la información.
La incorporación de estos públicos amplía la audiencia potencial y también modifica la manera de contar la historia. Un recorrido accesible obliga a revisar si las referencias visuales, sonoras y narrativas pueden ser comprendidas por personas con diferentes necesidades. Esa revisión puede mejorar la experiencia para todos, especialmente cuando se combinan subtítulos, interpretación, descripciones claras y recursos visuales consistentes.
Sin embargo, la accesibilidad no debería limitarse al dispositivo inmersivo. Si el recorrido invita a visitar museos y sitios históricos, esos lugares también tendrían que ofrecer condiciones adecuadas de movilidad, señalización, información y atención. De lo contrario, la experiencia virtual puede generar una expectativa que la ciudad física no está preparada para cumplir. El siguiente paso para consolidar el proyecto sería evaluar esa continuidad y establecer estándares compartidos con los espacios promovidos.
Un modelo cultural con potencial económico
Los 15 mil visitantes ofrecen una señal de mercado para proyectos culturales que combinan entretenimiento, patrimonio y tecnología. El resultado puede interesar a instituciones públicas, empresas turísticas y organizaciones civiles porque muestra que existe público para formatos distintos a la visita guiada tradicional. En vez de competir directamente con los museos, una experiencia inmersiva puede actuar como escaparate y canal de orientación.
La oportunidad, no obstante, requiere una estrategia que vaya más allá del número de asistentes. Para conocer el impacto real sería necesario medir cuántos visitantes acudieron después a los lugares mostrados, cuánto tiempo permanecieron en la zona, qué servicios consumieron y qué proporción llegó desde otras ciudades. También sería útil identificar si el público local regresó con familiares o recomendó la experiencia, pues ese comportamiento determina la capacidad de crecimiento orgánico que el proyecto mostró durante su primera edición.
La segunda edición, denominada Vuela Tijuana 360, contempla nuevos puntos de interés y una sede diferente. El cambio de ubicación puede ayudar a distribuir los flujos y evitar que el proyecto quede asociado a una sola zona, pero también implica riesgos operativos: cada sede requiere infraestructura, conectividad, permisos, accesibilidad y una relación clara con los atractivos que se quieren promover. La elección del lugar será, en consecuencia, una decisión de contenido y de desarrollo urbano, no solamente de logística.
La memoria urbana frente a la presión del crecimiento
Tijuana cambia con rapidez. La expansión habitacional, la llegada de nuevos residentes, las obras de infraestructura y la transformación comercial pueden hacer que ciertos relatos desaparezcan o queden relegados a círculos reducidos. En ese escenario, proyectos como Vuela Tijuana cumplen una función de archivo público: seleccionan episodios y espacios para incorporarlos a una narrativa accesible, especialmente para quienes no han tenido contacto con la historia local.
Pero toda selección también implica una responsabilidad. La ciudad no puede representarse únicamente mediante imágenes atractivas o anécdotas fáciles de consumir. La historia de Tijuana incluye desigualdades, desplazamientos, migraciones, conflictos por el territorio y tensiones propias de una frontera. Una segunda edición con mayor alcance debería procurar que la representación no convierta la memoria en una colección de postales, sino que explique por qué esos lugares son importantes y qué procesos sociales los hicieron posibles.
La participación de historiadores, museos, cronistas, comunidades y habitantes de las zonas representadas podría enriquecer ese trabajo. Incluir distintas voces reduce el riesgo de presentar una versión única de la ciudad y permite que la tecnología sirva para abrir conversaciones, no solo para producir asombro. La legitimidad cultural del proyecto dependerá tanto de su calidad técnica como de la confianza que genere entre quienes reconocen esos sitios como parte de su vida cotidiana.
El desafío de convertir una experiencia temporal en política cultural
La primera edición tuvo una duración limitada, condición que pudo favorecer la curiosidad y la asistencia concentrada. Para que el modelo tenga continuidad, Xah A.C. y sus posibles aliados deberán resolver cómo sostenerlo sin perder novedad ni convertirlo en una atracción aislada. Una alternativa sería establecer temporadas rotativas, convenios con escuelas y hoteles, funciones especiales para visitantes nacionales y programas vinculados con festivales o celebraciones locales.
El uso educativo ofrece otra ruta. El recorrido puede servir como introducción para grupos escolares antes de visitar museos o zonas históricas, siempre que se acompañe con materiales pedagógicos y actividades posteriores. En ese formato, la realidad virtual no sería únicamente un producto turístico, sino un recurso para enseñar historia regional a generaciones que se relacionan con la información mediante imágenes y dispositivos interactivos.
El crecimiento también debe administrarse con criterios de sostenibilidad. Una mayor afluencia puede beneficiar a comercios y recintos, pero también generar saturación, elevar costos para los residentes o concentrar los beneficios en pocos operadores. La expansión de Vuela Tijuana debería procurar alianzas con negocios locales, capacitación para prestadores de servicios y mecanismos transparentes para evaluar resultados. La innovación cultural produce efectos duraderos cuando se integra a la economía y a la vida comunitaria, no cuando funciona como un evento desconectado de su entorno.
La cifra de visitantes confirma que existe interés por conocer Tijuana desde sus historias y no solo desde sus imágenes más difundidas. La futura edición tendrá la oportunidad de profundizar esa relación: ampliar la accesibilidad, diversificar los puntos representados, medir el tránsito hacia los sitios reales y ofrecer una visión más plural de la ciudad. El éxito de Vuela Tijuana 360 no se determinará únicamente por cuántas personas entren al simulador, sino por cuántas salgan con el deseo de recorrer, comprender y cuidar el patrimonio que la experiencia les ayudó a descubrir.
