Agua empieza a normalizarse en Hermosillo

El servicio de agua potable comenzó a estabilizarse de forma gradual en las colonias de Hermosillo que resultaron afectadas tras las lluvias del fin de semana, informó el alcalde Antonio Astiazarán, quien atribuyó las fallas a la combinación de turbiedad en la presa El Molinito, interrupciones en el suministro eléctrico y problemas operativos en el Acueducto Independencia.

De acuerdo con el edil, los reportes se concentraron desde el sábado pasado, cuando coincidieron esos tres factores y provocaron afectaciones en el abasto. La explicación oficial apunta a una falla múltiple y no a un solo punto crítico de la red, lo que ayuda a dimensionar por qué el restablecimiento no fue inmediato en las zonas con intermitencias.

Astiazarán señaló que la turbiedad derivada de las lluvias afectó la calidad del agua disponible para el sistema, mientras que los cortes de energía en algunos cárcamos de rebombeo complicaron la operación. A ello se sumó la falta de funcionamiento del Acueducto Independencia, infraestructura clave para el suministro en la capital sonorense. Según el alcalde, los tres elementos ya fueron regularizados, por lo que el servicio avanza hacia la normalidad.

Durante el periodo de afectación, el municipio distribuyó agua mediante pipas para atender a los hogares con mayores dificultades. En el primer día se recibieron alrededor de mil 200 llamadas de solicitud de apoyo, cifra que refleja la magnitud inicial de la contingencia y la presión que ejerció sobre la atención municipal. Desde el jueves, afirmó el alcalde, ya no se registraron reportes de vecinos afectados, un indicio de que el sistema comenzó a recuperar estabilidad antes del anuncio público.

El episodio vuelve a exhibir la vulnerabilidad de la red hídrica de Hermosillo ante eventos climáticos y fallas de infraestructura interdependiente. Cuando coinciden lluvias intensas, problemas eléctricos y paros en el acueducto, el margen de maniobra se reduce de manera significativa y la respuesta depende tanto de la capacidad de reacción operativa como de la redundancia del sistema. En ese contexto, la distribución con pipas funcionó como medida de contención, pero también dejó ver la dependencia de soluciones temporales para enfrentar interrupciones que impactan directamente la vida cotidiana de miles de personas.

Astiazarán añadió que, entre 2021 y la fecha, se han invertido más de mil 200 millones de pesos en acciones para fortalecer el sistema, entre ellas la rehabilitación de tanques elevados, la instalación de más de 10 mil 200 tinacos en viviendas, la incorporación de macromedición y micromedidores, así como la colocación de telemetría. Pese a ese esfuerzo, reconoció que el avance sigue siendo insuficiente, una admisión que coloca el debate en el terreno de fondo: no solo se trata de responder a emergencias, sino de ampliar la resiliencia de la red ante episodios que, por su frecuencia e impacto, ya no pueden considerarse excepcionales.

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