Alfajores: auge por crisis y cambios en hábitos

El crecimiento sostenido de las ventas de alfajores en Argentina durante los últimos dos años no responde únicamente a preferencias culturales o a estrategias de marketing. Detrás del surgimiento de unas treinta nuevas marcas desde enero de 2026 se encuentra un proceso más profundo de deterioro de las condiciones económicas de los trabajadores formales, que ha transformado un producto tradicional en una solución de bajo costo para reemplazar comidas principales. Los datos de NielsenIQ muestran que la categoría creció un 10% dentro del segmento de chocolates, sobre una base ya expandida entre un 30% y un 40% en 2025. Este comportamiento contrasta con la contracción general del consumo masivo, que acumuló una caída del 3% en los primeros cinco meses de 2026 según Scentia.

El informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina revela que el 61% de los asalariados formales ha omitido al menos una comida durante la jornada laboral por motivos económicos. Esta cifra se eleva al 70,7% entre los trabajadores de 18 a 29 años y alcanza el 50,1% en el Noreste del país. Al mismo tiempo, el 78,5% opta por alimentos más baratos y menos nutritivos. En este contexto, el alfajor industrial, con un precio promocional que puede bajar a 3.500 pesos por unidad triple acompañada de gaseosa, se convierte en una alternativa práctica para desayuno, almuerzo o merienda.

De la tradición cultural a la sustitución alimentaria

El alfajor posee un arraigo histórico en Argentina que lo distingue de otros productos de confitería. Su consumo promedio de 85 unidades por persona al año, según estimaciones de Grupo Arcor, equivale a más de diez millones de piezas diarias. Sin embargo, la dinámica actual difiere de los patrones estacionales tradicionales, que solían concentrar lanzamientos en el inicio del ciclo escolar o con la llegada del invierno. Las más de treinta novedades registradas en lo que va de 2026 se distribuyeron de manera uniforme a lo largo del año, y las promociones comenzaron antes que en ejercicios anteriores. Fabricantes como Guaymallén y Fantoche reportan que la demanda supera la capacidad instalada, con incrementos de ventas del 35% en el caso de Fantoche respecto a 2025, año que ya había cerrado con un alza del 40% frente a 2024.

Este desplazamiento del alfajor hacia funciones de subsistencia modifica la estructura de costos de los hogares. El estudio de la UCA indica que solo el 16,5% de la fuerza laboral formal carece de privaciones alimentarias, mientras que el 22,6% no consume ningún alimento durante la jornada. Cuando un producto de 500 a 5.000 pesos puede cubrir el aporte calórico de una comida, las decisiones de compra se orientan por precio y disponibilidad antes que por valor nutricional. La aparición de variantes extraindulgentes, que ya representan cerca del 9% de las ventas en kilos según Arcor, ilustra cómo la industria responde a la demanda de mayor volumen de relleno y tamaños más grandes.

Presión sobre el canal minorista tradicional

El crecimiento de la categoría ocurre en paralelo al cierre masivo de kioscos. Entre noviembre de 2024 y julio de 2026 desaparecieron 36.150 locales en todo el país, según datos de la Unión de Kiosqueros Argentinos, lo que representa una reducción de 96.000 a 59.850 establecimientos y la pérdida de más de 72.000 puestos de trabajo. El canal de kioscos y almacenes de barrio registró una retracción del 0,8% interanual en el mismo período. Aunque el alfajor sigue siendo el producto de mayor rotación durante todo el año, la saturación de marcas y variedades dificulta la supervivencia de los pequeños operadores. Marcas como Rasta o el alfajor “Pescado Raúl” del músico Joaquín Levinton han ingresado al segmento value, intensificando la competencia en un espacio ya presionado por la caída del tráfico general.

La lógica de precio-calidad que menciona el vicepresidente de Guaymallén explica la resistencia relativa de algunas líneas clásicas. Sin embargo, cuando el consumo se concentra en productos de alta densidad calórica y bajo aporte proteico, las consecuencias se trasladan al sistema de salud pública. El reemplazo sistemático de comidas por alfajores y gaseosas eleva el riesgo de desnutrición oculta y, simultáneamente, de obesidad por exceso de azúcares y grasas. Las regiones con mayor incidencia de omisión de comidas, como el Noreste, enfrentan además limitaciones de acceso a alimentos frescos, lo que amplifica el efecto de estas sustituciones.

Reconfiguración de la industria y riesgos estructurales

La respuesta de las grandes empresas ilustra la adaptación rápida a la nueva demanda. Arcor lanzó en abril de 2026 la línea GOAT, orientada al segmento extraindulgente, tras el éxito de Chocotorta el año anterior. Fantoche y Guaymallén operan por encima de su capacidad productiva, mientras que Mondelez mantiene al menos doce referencias entre simples y triples. Esta concentración de lanzamientos simultáneos genera un mercado más fragmentado, donde conviven propuestas premium de cafeterías gourmet con opciones de 500 pesos. La estacionalidad histórica se diluye porque la necesidad de calorías baratas no sigue ciclos escolares o climáticos.

A largo plazo, la dependencia de un solo producto para cubrir déficits calóricos introduce fragilidad tanto en la oferta como en la demanda. Si la recuperación del poder adquisitivo se demora, el canal de kioscos podría seguir perdiendo unidades, reduciendo los puntos de venta accesibles para las marcas más pequeñas. Al mismo tiempo, el aumento sostenido de ventas de alfajores sobre una base ya elevada plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del crecimiento cuando el consumo masivo general permanece estancado. La combinación de mayor oferta de productos de alta densidad energética con restricciones presupuestarias de los hogares configura un escenario donde las decisiones individuales de consumo generan externalidades colectivas en términos de salud y productividad laboral.

Implicancias para el desarrollo social y productivo

El fenómeno trasciende el plano comercial. Cuando más de seis de cada diez trabajadores formales omiten comidas por razones económicas, la productividad y la capacidad de aprendizaje se ven comprometidas, especialmente entre los más jóvenes. La industria alimentaria, por su parte, experimenta un desplazamiento de recursos hacia categorías de bajo valor nutricional que generan márgenes atractivos en el corto plazo pero que no contribuyen a la seguridad alimentaria. La persistencia de esta dinámica podría requerir intervenciones públicas orientadas tanto a la recuperación del empleo de calidad como a programas de alimentación escolar y laboral que reduzcan la necesidad de sustituir comidas completas por productos de confitería.

El caso argentino muestra cómo un producto con fuerte identidad cultural puede convertirse en indicador de transformaciones estructurales más amplias. El auge de los alfajores no es un fenómeno aislado de consumo, sino la manifestación visible de una redistribución de los presupuestos familiares hacia opciones de supervivencia inmediata, con efectos que se proyectan sobre la salud pública, la estructura del comercio minorista y la configuración futura de la industria de alimentos.

Artículos relacionados

Últimos artículos