Análisis: Euro y peso colombiano en 2026

El 29 de junio de 2026 el euro abrió a 3.926,14 pesos colombianos, un descenso del 0,14 % respecto al cierre anterior. En la semana previa registró un avance del 2,92 %, aunque la variación interanual sigue siendo negativa en 15,72 %. La volatilidad del par se ubica en 30,17 %, muy por encima del promedio histórico de 18,23 %. Estos datos, tomados de la apertura reportada por mercados locales, reflejan un comportamiento errático que no responde únicamente a factores técnicos, sino a la interacción entre políticas monetarias divergentes y flujos de capital volátiles.

La proyección del Grupo Cibest de Bancolombia sitúa el dólar promedio en 3.878 pesos para todo 2026. Esa estimación se sustenta en tres pilares: debilidad estructural del dólar estadounidense, remesas estables y el diferencial de tasas entre la Reserva Federal (3,50-3,75 %) y el Banco de la República (9,25 %). El carry trade que surge de ese diferencial atrae capital de corto plazo, pero también genera vulnerabilidad cuando las expectativas de ajuste de tasas locales cambian.

Efectos sobre exportadores e importadores

Los exportadores colombianos de bienes no tradicionales, especialmente flores y frutas, ven reducida su competitividad cuando el peso se fortalece frente al euro. Un euro más débil encarece sus productos en el mercado europeo y comprime márgenes. Por el contrario, las empresas que importan maquinaria y componentes desde la zona euro obtienen alivio en costos. Sin embargo, la alta volatilidad actual dificulta la planificación de coberturas, elevando el costo de los seguros de tipo de cambio y obligando a muchas medianas empresas a asumir riesgos que antes transferían al mercado.

Tres lecturas sobre la dinámica cambiaria

La primera lectura apunta a que el carry trade, aunque efectivo para sostener al peso, crea una dependencia artificial. Cuando el Banco de la República evalúe subir tasas por el ajuste del salario mínimo, el diferencial se amplía temporalmente y atrae más capital especulativo. Este flujo puede revertirse con rapidez si la Reserva Federal modifica su guía o si surge cualquier señal de deterioro fiscal colombiano. La segunda lectura destaca que la volatilidad del 30,17 % no es solo ruido técnico: refleja la incertidumbre sobre la política comercial estadounidense y la pérdida de 9 % del índice DXY observada en 2025. Esa pérdida benefició al peso, pero también muestra que Colombia sigue expuesta a choques externos que no controla. La tercera lectura subraya el riesgo fiscal. La rebaja de calificación soberana y el ciclo electoral generan presiones alcistas sobre el tipo de cambio que las proyecciones de Bancolombia aún no incorporan plenamente. Un deterioro adicional de las cuentas públicas podría anular el efecto positivo del carry trade en cuestión de meses.

Perspectivas de los distintos actores

El sector financiero, representado por Bancolombia, privilegia el escenario de dólar a 3.878 pesos porque maximiza el margen de intermediación en carry trade. Los gremios exportadores, en cambio, advierten que un peso demasiado fuerte erosiona la rentabilidad de sus ventas externas y solicitan mayor flexibilidad en los mecanismos de cobertura. Los hogares que reciben remesas en dólares o euros perciben un beneficio directo cuando el peso se aprecia, aunque la volatilidad dificulta el cálculo de sus ingresos futuros. El Gobierno, por su parte, enfrenta el dilema de mantener tasas altas para contener la depreciación mientras intenta reactivar el crecimiento sin agravar la carga de la deuda.

Riesgos y trayectorias probables

El principal riesgo radica en una reversión súbita de los flujos de carry trade. Si la Reserva Federal retrasa recortes adicionales o si el proceso electoral colombiano genera mayor percepción de riesgo, el peso podría depreciarse por encima de 4.200 pesos por dólar antes de finalizar 2026. Otro riesgo proviene de la incertidumbre fiscal: cualquier ampliación del déficit que supere las metas del Gobierno presionaría al alza tanto el dólar como el euro frente al peso. En el escenario base, el euro se mantendría en un rango de 3.850 a 4.050 pesos durante el segundo semestre, con picos puntuales impulsados por eventos electorales o anuncios de política monetaria. En un escenario adverso, la volatilidad superaría el 35 % y las coberturas se volverían prohibitivas para empresas medianas. La evolución del índice DXY y las decisiones del Banco de la República seguirán siendo los dos indicadores clave para anticipar la dirección del tipo de cambio en los próximos meses.

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