El 17 de junio, el Comité Federal de Mercado Abierto de la Reserva Federal decidió por unanimidad mantener el rango de la tasa de fondos federales entre 3.50% y 3.75%. Esta fue la primera decisión bajo la presidencia de Kevin Warsh. El comunicado resultó más breve que los emitidos en años anteriores, coherente con las opiniones previas de Warsh sobre la necesidad de simplificar la comunicación institucional. Aun así, el mensaje central coincidió con las posturas anteriores: la política monetaria permanece en espera mientras se evalúa la trayectoria de la inflación.
La inflación general medida por el CPI alcanzó 4.2% en mayo, con el componente subyacente en 2.9%. El índice PCE, preferido por la Fed, registró 4.1% general y 3.4% subyacente. Ambos indicadores mostraron incrementos desde marzo, impulsados principalmente por el componente energético. La Reserva Federal proyecta que el objetivo de 2% en el PCE se alcanzará hasta 2028, un horizonte más lejano que el previsto meses atrás.

El cálculo de la tasa real y sus implicaciones
Con una tasa real neutral estimada entre 0.8% y 1.4%, los niveles actuales de la tasa de referencia generan una tasa real ex-ante de entre -0.1% y 0.15%. Esta posición por debajo de la neutralidad introduce riesgos de aceleración inflacionaria si la demanda se mantiene firme. Varios miembros del FOMC han expresado preocupación por este desequilibrio, aunque las opiniones dentro del comité siguen divididas.
La mitad de los integrantes considera apropiado mantener el rango actual durante el resto de 2026. La otra mitad estima necesario al menos uno o dos incrementos antes de que termine el año. Esta divergencia ha generado volatilidad en los mercados bursátiles estadounidenses, especialmente en empresas con múltiplos elevados, donde las valuaciones resultan más sensibles a cambios en las expectativas de tasas.
La decisión paralela de Banxico
El 25 de junio, la Junta de Gobierno de Banco de México acordó por unanimidad mantener la tasa de interés interbancaria en 6.50%. Según las estimaciones del propio instituto central, este nivel se ubica en terreno neutral. La tasa real neutral calculada por Banxico al cierre de agosto de 2024 oscila entre 1.8% y 3.6%, lo que sitúa la tasa nominal actual en un punto consistente con el objetivo de inflación de 3% una vez que esta converja.
Durante la primera quincena de junio, la inflación general en México se ubicó en 3.55%, mientras el componente subyacente permaneció en 4.12%. Banxico proyecta alcanzar el objetivo de 3% hasta el segundo trimestre de 2027, un plazo que ha sido revisado al alza en los últimos años debido a la persistencia de presiones en los precios subyacentes.
Diferenciales y tipo de cambio
La permanencia de ambas tasas en sus niveles actuales ha renovado las dudas sobre la velocidad de convergencia inflacionaria en cada economía. En México, Banxico argumenta que persisten holguras derivadas de la debilidad de la demanda interna. Esta lectura abre la posibilidad de nuevos recortes si la inflación continúa moderándose y la actividad económica se debilita aún más.
Una secuencia de recortes adicionales en México reduciría el diferencial nominal y real con Estados Unidos. Históricamente, ese diferencial ha funcionado como soporte para el tipo de cambio. Su estrechamiento podría traducirse en mayor volatilidad cambiaria, especialmente si los datos de actividad en México muestran mayor deterioro del esperado.
Perspectivas para el cierre de año
En Estados Unidos, el repunte inflacionario y el tono menos acomodaticio de Warsh han reavivado temores de alzas de tasas. Los mercados parecen haber incorporado parcialmente estos riesgos en las valoraciones actuales. Sin embargo, el comportamiento de los índices bursátiles y de las principales emisoras mexicanas y estadounidenses hacia finales de 2026 dependerá en mayor medida del desempeño operativo y financiero de las empresas que de los movimientos de política monetaria ya descontados.
El entorno combina debilidad en la economía mexicana con incertidumbre persistente en la estadounidense. Este marco exige a los inversionistas distinguir entre señales transitorias de política y fundamentos empresariales más duraderos. Las decisiones de junio de ambos bancos centrales refuerzan la idea de que la desinflación sigue siendo un proceso gradual y sujeto a revisiones constantes.
