Bitcoin retrocede y BNB lidera las variaciones del mercado cripto este viernes

El mercado de criptomonedas presenta movimientos desiguales este viernes 4 de septiembre. Bitcoin, la principal referencia del sector, cotiza en 80.836,4 dólares y registra una caída del 0,536% en las últimas horas. Ethereum, segunda criptomoneda por capitalización, alcanza los 2.510,26 dólares después de avanzar un 0,089% en las últimas 24 horas.

La jornada también muestra una evolución más pronunciada en otros activos. BNB se sitúa en 721,3 dólares, con una variación positiva del 4,85%, mientras que Dogecoin sube un 6,88% y llega a 0,09 dólares. TetherUs mantiene una cotización cercana a un dólar, con un movimiento del 0,04%. Litecoin, por su parte, aparece valorado en 51.059 dólares, tras una variación de 2,894365%. Las cifras corresponden al momento de la publicación y pueden cambiar rápidamente debido a la elevada volatilidad del mercado.

Un mercado con avances selectivos

La fotografía de este viernes no muestra una subida generalizada, sino un comportamiento fragmentado. Bitcoin registra un retroceso moderado, Ethereum permanece prácticamente estable y varias criptomonedas alternativas concentran los mayores avances porcentuales. Esta diferencia suele reflejar que los inversores están asumiendo distintos niveles de riesgo según el activo, su liquidez y las expectativas asociadas a cada proyecto.

Las llamadas altcoins, entre ellas BNB y Dogecoin, pueden experimentar movimientos más amplios que Bitcoin porque cuentan con una menor profundidad de mercado y son más sensibles a cambios en la demanda. En el caso de Dogecoin, además, su cotización ha estado históricamente influida por la atención pública y por menciones de figuras con gran alcance, como Elon Musk. Sin embargo, una subida diaria no constituye por sí sola una señal de fortalecimiento estructural ni garantiza que la tendencia pueda mantenerse.

La huella del criptoinvierno

El comportamiento actual se interpreta todavía a la luz de la fuerte corrección registrada en mayo de 2022, conocida como “criptocrash” o “criptoinvierno”. Aquel episodio expuso la fragilidad de un mercado en el que las cotizaciones pueden multiplicarse en poco tiempo, pero también desplomarse cuando desaparece la liquidez, aumentan los retiros o se deteriora la confianza.

Desde entonces, Bitcoin, Ethereum y BNB han atravesado periodos de variaciones más controladas. El hecho de que no se repitan de forma constante los saltos extremos observados en etapas anteriores puede sugerir una mayor madurez operativa, pero no elimina los riesgos. La estabilidad relativa puede cambiar ante decisiones regulatorias, problemas en plataformas de intercambio, movimientos de grandes tenedores o cambios en las condiciones financieras internacionales.

China y PayPal modifican el mapa de adopción

Uno de los acontecimientos que genera expectativas en la industria es el posible relajamiento de las restricciones chinas sobre los criptoactivos. El cambio tendría su principal expresión en Hong Kong, un territorio que ha funcionado como espacio de experimentación financiera y regulatoria. Una apertura gradual podría facilitar la entrada de capital institucional y reforzar la posición de Asia en el desarrollo de servicios vinculados con activos digitales.

El anuncio de PayPal sobre su propia stablecoin, PayPal USD o PYUSD, también añade presión competitiva al sector. Este activo está respaldado por depósitos en dólares, bonos del Tesoro estadounidense de corto plazo y equivalentes de efectivo. La empresa ha señalado que permitirá transferencias hacia monederos digitales de terceros y que ofrecerá herramientas de integración con exchanges centralizados y descentralizados.

La importancia de PYUSD no depende únicamente de su precio, diseñado para mantenerse cerca del dólar, sino de su posible uso como infraestructura de pagos y liquidación. Si logra integrarse en aplicaciones de finanzas descentralizadas y servicios de la Web3, podría ampliar el acceso de usuarios tradicionales a operaciones basadas en blockchain. Al mismo tiempo, su expansión reaviva el debate sobre la supervisión de las stablecoins, la protección de reservas y el papel de las grandes empresas tecnológicas en el sistema financiero.

América Latina avanza a ritmos distintos

La regulación y el uso de las criptomonedas presentan diferencias marcadas en la región. En México, el Banco de México ha establecido que las instituciones que participan en el sistema financiero nacional no pueden utilizar ni permitir operaciones de ninguna clase mediante criptoactivos como medio de pago. Pese a ese marco restrictivo, el empresario Ricardo Salinas Pliego ha expresado su interés en Bitcoin y ha anticipado que algunos de sus negocios, incluido su banco, podrían aceptarlo en el futuro. Una de sus cadenas comerciales ya permite este tipo de pagos.

En Perú, el Banco Central de Reserva ha mantenido una posición prudente y ha señalado que no busca ser el primer banco central en regular las criptomonedas, debido a la inestabilidad que las caracteriza. Paralelamente, su presidente informó que la institución trabaja en un proyecto de moneda digital propia, una iniciativa distinta de permitir la circulación de activos privados descentralizados.

Colombia cuenta con más de 500 establecimientos donde se permite pagar con criptodivisas y ocupa el puesto 14 entre 26 países analizados por Finder en materia de adopción. El dato refleja una utilización comercial más visible, aunque no necesariamente equivale a una aceptación plena por parte del sistema financiero o de los consumidores.

El giro de El Salvador y el desafío de la confianza

El caso de El Salvador muestra cómo las decisiones políticas pueden alterar rápidamente el estatus de Bitcoin. La criptomoneda dejó de tener oficialmente la condición de moneda de curso legal en enero de 2025, después de una reforma aprobada por la Asamblea Legislativa. La modificación, impulsada por el Gobierno de Nayib Bukele y respaldada por la mayoría oficialista, puso fin a una política que había convertido al país en uno de los principales referentes internacionales del debate sobre la adopción estatal de criptoactivos.

La experiencia latinoamericana evidencia que la expansión de las criptomonedas no depende solo de la tecnología. También intervienen la confianza del público, la claridad de las normas, la estabilidad macroeconómica y la capacidad de los comercios para gestionar pagos y conversiones. Por eso, un aumento puntual de las cotizaciones no debe confundirse con una adopción sostenible.

Crear una criptomoneda exige más que código

El desarrollo de un activo digital comienza con una decisión fundamental: crear una moneda con blockchain propia o un token sobre una red existente. La primera opción requiere diseñar la infraestructura, establecer el funcionamiento de los nodos y desarrollar las interfaces necesarias. Un token puede construirse con mayor rapidez mediante redes como Ethereum o BNB, incluso utilizando códigos y servicios previamente establecidos.

La elección técnica, sin embargo, es solo una parte del proceso. Antes de lanzar un proyecto resulta necesario definir su utilidad, modelo económico, mecanismos de seguridad y situación legal. Una criptomoneda sin una función clara puede atraer especulación temporal, pero difícilmente sostendrá una comunidad o un uso real. En un mercado que combina innovación, riesgos financieros y regulación cambiante, la valoración de un activo dependerá cada vez más de la transparencia de su proyecto y de la confianza que consiga construir.

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