El precio del oro registró en el segundo trimestre de 2026 su mayor retroceso trimestral en trece años, cerrando con una pérdida acumulada superior al 11 por ciento en el mes de junio. Aunque el metal subió levemente el último día de cotización, la tendencia general reflejó el peso de las expectativas de tasas de interés más altas por parte de la Reserva Federal, impulsadas por la persistencia de la inflación vinculada al conflicto en Oriente Medio.
Esta dinámica no surge de manera aislada. Desde finales de 2025, las tensiones geopolíticas en la región han mantenido elevados los precios de la energía y de ciertos alimentos básicos, dificultando el regreso de la inflación estadounidense al objetivo del 2 por ciento. Los datos muestran que el índice de precios al consumidor se mantuvo obstinadamente por encima de ese umbral durante seis meses consecutivos, lo que llevó a los mercados a descontar alzas adicionales o, al menos, un mantenimiento prolongado de tasas restrictivas.

Antecedentes de la presión alcista sobre las tasas
La Reserva Federal había logrado estabilizar las expectativas de inflación en 2024 tras una serie de incrementos agresivos. Sin embargo, el estallido de nuevas hostilidades en Oriente Medio revirtió parte de ese avance. El encarecimiento del crudo Brent por encima de los 95 dólares por barril transmitió presiones directas a los costos de transporte y producción industrial. Analistas como Edward Meir, de Marex, han señalado que los mercados perciben escasa visibilidad sobre un acuerdo duradero, lo que alimenta la cautela de los inversores.
El oro, tradicionalmente visto como protección frente a la inflación, pierde atractivo cuando las tasas reales suben. Los bonos del Tesoro a diez años ofrecieron rendimientos superiores al 4,5 por ciento en junio, superando con creces el costo de oportunidad de mantener lingotes que no generan intereses. Esta relación inversa explica por qué el metal acumuló una caída trimestral del 11,2 por ciento, la más pronunciada desde el segundo trimestre de 2013.
Repercusiones en los mercados de metales preciosos
La plata, aunque también cerró en negativo en el trimestre, mostró mayor resiliencia intradía al registrar un avance del 1,9 por ciento el martes. Su uso industrial en paneles solares y vehículos eléctricos proporciona un soporte estructural que el oro carece. No obstante, el platino y el paladio sufrieron pérdidas más consistentes, reflejando la debilidad del sector automotriz europeo y chino ante el encarecimiento del crédito.
Los datos de empleo que se publicarán en los días siguientes (ADP y nóminas no agrícolas) adquirirán relevancia decisiva. Un mercado laboral aún robusto reforzaría la narrativa de tasas altas por más tiempo, prolongando la presión sobre el oro. Por el contrario, señales de enfriamiento podrían abrir la puerta a un alivio temporal en los precios del metal.
Impacto en carteras institucionales y ahorro minorista
Fondos de pensiones y aseguradoras que mantuvieron posiciones significativas en oro durante 2024 y 2025 enfrentan ahora ajustes de valoración que afectan sus ratios de solvencia. En América Latina, varios fondos soberanos han reducido su exposición al metal en un 15 por ciento promedio durante el trimestre, según datos preliminares de custodios. Este movimiento coincide con un aumento en la demanda de bonos indexados a inflación emitidos por gobiernos de la región, que ofrecen rendimientos reales más atractivos.
Para el ahorrador minorista, la caída del oro complica estrategias de diversificación que habían ganado popularidad tras la pandemia. En México y Colombia, las ventas de monedas y barras en joyerías y plataformas digitales descendieron un 22 por ciento interanual en mayo, según cifras de la Asociación de Distribuidores de Metales Preciosos. Esta reducción puede limitar la capacidad de estos inversores para protegerse ante futuros episodios de depreciación cambiaria.
Efectos de largo plazo sobre la política monetaria y la estabilidad financiera
Si la Reserva Federal mantiene tasas elevadas durante más tiempo del anticipado, el costo de financiamiento de la deuda pública estadounidense aumentará, elevando el riesgo de crowding-out en los mercados de capitales emergentes. Países con altos niveles de endeudamiento externo, como Argentina y Turquía, podrían enfrentar renovadas presiones sobre sus monedas, lo que a su vez incentivaría una mayor acumulación de reservas en divisas fuertes en lugar de metales preciosos.
Además, la actual dinámica cuestiona el papel del oro como activo refugio universal en un entorno de tasas positivas reales. Históricamente, periodos de tasas reales superiores al 2 por ciento han coincidido con retrocesos prolongados del metal, como ocurrió entre 2013 y 2015. Si esta condición se mantiene, los bancos centrales podrían revisar sus programas de compra de oro, alterando el equilibrio de oferta y demanda que sostuvo los precios durante la última década.
El escenario también abre espacio para el desarrollo de instrumentos híbridos que combinen exposición al oro con componentes de renta fija indexada, una tendencia ya visible en productos estructurados ofrecidos por bancos europeos. Estos vehículos podrían mitigar el costo de oportunidad del metal y mantener su atractivo incluso en un régimen de tasas restrictivas.
