Depreciación del peso: contexto y efectos a largo plazo

La depreciación del peso mexicano observada en junio de 2026 no representa un hecho aislado, sino el resultado de una acumulación de presiones que se gestan desde hace varios años. Tras dos meses de apreciación, la moneda retrocedió 0.91% frente al dólar, cerrando el mes en 17.4986 pesos por unidad. Esta variación se produce en un entorno donde las tensiones comerciales entre México y Estados Unidos, sumadas a los conflictos en Oriente Medio, han alterado los flujos de capitales hacia economías emergentes.

El contexto inmediato se remonta a las revisiones del T-MEC programadas para los próximos meses. Desde 2020, el tratado ha funcionado como ancla de estabilidad para la moneda mexicana, pero las señales de posible endurecimiento arancelario por parte de Washington han incrementado la volatilidad. Al mismo tiempo, el conflicto entre Estados Unidos e Irán por el control del Estrecho de Ormuz ha provocado episodios recurrentes de aversión al riesgo que afectan directamente a monedas como el peso.

Factores estructurales detrás del movimiento cambiario

El 82% de las operaciones con el peso mexicano se realizan fuera del país, lo que convierte al tipo de cambio en un termómetro de percepciones internacionales más que de variables domésticas puras. La estrategia de carry trade, consistente en pedir prestado en yenes o dólares a tasas bajas para invertir en activos mexicanos, ha sido el principal soporte de corto plazo de la moneda. Sin embargo, cualquier endurecimiento de la política monetaria en Japón o Estados Unidos puede revertir esos flujos de manera abrupta, como ya ocurrió en episodios anteriores.

En el horizonte de más largo plazo, la productividad de la economía mexicana ha perdido dinamismo. Los datos de Banxico muestran que el crecimiento de la productividad total de los factores se ha estancado desde 2019, debilitando el ancla fundamental que históricamente ha permitido al peso mantener un nivel competitivo sin depender exclusivamente de tasas de interés elevadas. Esta pérdida de impulso productivo explica por qué, pese a la apreciación acumulada de 2.83% en el primer semestre, el mercado mantiene una visión cautelosa sobre la trayectoria futura de la divisa.

Repercusiones en la economía real mexicana

Una depreciación sostenida del peso eleva el costo de las importaciones de bienes intermedios y de capital, afectando directamente a sectores manufactureros integrados en cadenas de valor norteamericanas. Empresas del sector automotriz en estados como Guanajuato y Jalisco ya reportan márgenes más estrechos cuando el tipo de cambio supera los 17.50 pesos. Al mismo tiempo, las exportaciones mexicanas se abaratan, pero el efecto positivo queda limitado por la alta dependencia de insumos importados.

En el frente fiscal, el elevado déficit proyectado para 2026 complica la capacidad del gobierno para absorber shocks externos. Un peso más débil incrementa el servicio de la deuda denominada en dólares y presiona las metas de inflación de Banxico, que podría verse obligado a mantener tasas de interés más altas durante más tiempo. Esta combinación reduce el espacio para políticas de estímulo en caso de una desaceleración del crecimiento real del PIB.

Impacto en mercados emergentes y estabilidad regional

El comportamiento del peso mexicano suele servir de referencia para otras monedas de América Latina. Cuando el carry trade se retira de México, flujos similares abandonan Brasil, Colombia y Chile, amplificando la volatilidad regional. En junio de 2026 se observó un patrón similar al registrado en 2018, cuando el endurecimiento de la Reserva Federal provocó salidas de capitales simultáneas en varias economías emergentes.

La incertidumbre sobre la revisión del T-MEC añade una capa adicional de riesgo. Cualquier anuncio adverso sobre reglas de origen o aranceles sectoriales podría desplazar la paridad hacia la zona de 17.58 pesos, nivel que analistas de EBC Financial Group consideran como techo probable en el corto plazo. Esta dinámica afecta también las decisiones de inversión extranjera directa, especialmente en sectores que requieren certidumbre sobre el tipo de cambio para planificar proyectos de mediana escala.

Perspectivas de mediano plazo

La combinación de menor dinamismo productivo interno y mayor sensibilidad a choques externos apunta a un peso estructuralmente más débil en los próximos años. Aunque la disciplina fiscal y los comunicados positivos sobre el T-MEC podrían generar repuntes puntuales, la tendencia de fondo dependerá de reformas que recuperen la productividad y reduzcan la dependencia del carry trade. Sin esos cambios, el margen de maniobra de la política económica ante eventos geopolíticos seguirá siendo limitado.

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