Cancelar una tarjeta no siempre daña el historial

Cancelar una tarjeta de crédito no implica, por sí mismo, un daño automático al historial financiero ni una caída inevitable en el score crediticio. El efecto depende de la antigüedad del producto, del monto total de crédito disponible, del nivel de utilización de las líneas y de si el usuario conserva otros instrumentos que sigan generando información para el Buró de Crédito.

El caso de Elizabeth, quien tiene dos tarjetas pero utiliza únicamente una, refleja una duda frecuente entre los usuarios de servicios financieros. Aunque existe la creencia de que cerrar una cuenta siempre perjudica la evaluación crediticia, especialistas consultados señalan que la decisión puede ser conveniente cuando la tarjeta no se utiliza, implica costos innecesarios o representa una capacidad de endeudamiento que el titular no necesita.

La ley permite cancelar en cualquier momento

De acuerdo con la Ley para la Transparencia y Ordenamiento de los Servicios Financieros, los clientes tienen derecho a cancelar sus tarjetas de crédito cuando lo decidan. La institución financiera no debería negar el trámite ni imponer penalizaciones por ejercerlo. La cancelación, sin embargo, requiere cumplir algunas condiciones operativas para evitar que cargos pendientes o domiciliaciones mantengan abierta la cuenta.

La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros recomienda verificar que el saldo esté completamente en ceros y que no existan movimientos pendientes, ya sean cargos o abonos. También es necesario cancelar los pagos domiciliados, porque un cargo posterior podría impedir el cierre o generar una nueva obligación con el banco.

El mercado de oficinas en México se recupera, pero privilegia espacios listos para operar

Durante el proceso, el usuario debe leer las condiciones aplicables y solicitar un acuse de recibo, una clave de confirmación o un número de folio. La Condusef señala que el trámite es gratuito y que la institución no debe cobrar una comisión ni aplicar una penalización por cancelar el producto.

Qué cambia en el cálculo del score

Joel Cortés, director general de Kardmatch, explicó que cerrar una tarjeta puede modificar algunos de los factores considerados por los modelos utilizados para calcular el score crediticio. Entre ellos se encuentran la antigüedad promedio de las cuentas, el crédito total disponible y el porcentaje de la línea que permanece utilizado.

La reducción del crédito disponible no debe interpretarse de forma automática como algo negativo. Si una persona conserva varias tarjetas que no utiliza, cerrar algunas puede limitar su capacidad de asumir nuevas deudas en un momento de presión financiera. Desde la perspectiva de los otorgantes, una menor exposición potencial puede reducir el riesgo de sobreendeudamiento, especialmente si el cliente mantiene pagos puntuales y no utiliza de forma excesiva las líneas que conserva.

El efecto también puede ser favorable cuando el usuario busca solicitar un crédito de mayor importancia. Wolfgang Erhardt Varela, vocero nacional del Buró de Crédito, señaló que incluso una tarjeta sin deuda resta capacidad crediticia para otros productos. La razón es que las instituciones consideran las líneas autorizadas, no únicamente los saldos pendientes, al estimar cuánto podría endeudarse una persona.

Por ello, una tarjeta con saldo en cero sigue formando parte de la evaluación de riesgo. Al cancelarla, el cliente podría recuperar margen para solicitar un crédito automotriz, hipotecario o personal. No obstante, la aprobación dependerá de otros elementos, como ingresos comprobables, nivel de endeudamiento, historial de pagos y políticas particulares de cada institución.

El riesgo de cerrar la única tarjeta

La principal desventaja aparece cuando el cliente cancela su único producto de crédito. Si deja de utilizar por completo las cuentas reportadas, el Buró de Crédito tendrá menos información reciente sobre su comportamiento. Con el paso del tiempo, esa ausencia de datos puede dificultar que los otorgantes evalúen su capacidad y disposición de pago.

Joel Cortés advirtió que la falta de información actualizada podría complicar la aprobación de un nuevo financiamiento o traducirse en una línea inicial más pequeña. Esto no significa que una persona sin tarjeta quede automáticamente fuera del sistema financiero, pero sí que tendrá menos evidencia reciente para demostrar un uso responsable del crédito.

Wolfgang Erhardt Varela recomendó reconsiderar la cancelación de la única tarjeta cuando el producto no genera costos relevantes y puede utilizarse de forma controlada. Una alternativa consiste en domiciliar servicios o gastos programados de bajo monto, revisar los cargos y liquidar el saldo cada mes para evitar intereses. De esa manera, la cuenta permanece activa y continúa registrando pagos.

Antigüedad y disciplina pesan más que el número

La decisión tampoco debe basarse únicamente en cuántas tarjetas tiene una persona. Mantener varias cuentas no mejora por sí mismo el historial, mientras que conservar una tarjeta antigua con buen comportamiento puede ser más útil que abrir productos nuevos de manera frecuente.

La recomendación de Kardmatch es mantener un número reducido de tarjetas, idealmente no más de tres, y priorizar aquellas con mayor antigüedad, costos razonables y pagos reportados de manera positiva. Antes de cancelar, conviene comparar la utilidad real del producto, sus comisiones, la fecha de apertura y el impacto que tendría sobre el crédito total disponible.

Después de concluir el trámite, el titular debe revisar su reporte de crédito para confirmar que la cuenta aparezca como “cerrada” y que incluya la fecha de terminación. Si continúa activa o muestra un saldo incorrecto, será necesario solicitar una aclaración ante la institución financiera y, de ser necesario, acudir a la Condusef.

Cancelar una tarjeta puede ser una decisión financiera ordenada cuando reduce productos innecesarios y libera capacidad para objetivos de mayor valor. El perjuicio no está en el cierre por sí mismo, sino en perder una cuenta antigua y bien administrada sin conservar otros créditos activos o en abandonar por completo la generación de información. La clave es evaluar el conjunto del historial, mantener pagos puntuales y utilizar únicamente las líneas que puedan liquidarse sin poner en riesgo las finanzas personales.

Artículos relacionados

Últimos artículos