El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) ha señalado que el gobierno federal debe actuar de manera inmediata para fortalecer el entorno de negocios en México, ante un panorama marcado por la incertidumbre derivada de políticas comerciales de Estados Unidos, la falta de renovación del T-MEC y el deterioro de indicadores macroeconómicos clave como el crecimiento del PIB, la inflación y la creación de empleo formal.
El análisis del CEESP se produce en un contexto donde las proyecciones de crecimiento para 2026 se redujeron a un promedio de 1.07 por ciento, según la encuesta de especialistas del Banco de México de junio. Esta cifra representa una revisión a la baja de 0.2 puntos porcentuales respecto al mes anterior, mientras que para 2027 la estimación bajó de 1.78 a 1.76 por ciento. Tales ajustes reflejan no solo factores coyunturales, sino también la percepción de que la economía mexicana carece de impulso estructural suficiente para revertir la tendencia de bajo crecimiento observada en las últimas tres décadas.
Antecedentes de la incertidumbre comercial
La revisión del T-MEC, prevista originalmente para 2026, ha generado dudas sobre la continuidad de las reglas comerciales que han sustentado gran parte de la integración productiva entre México, Estados Unidos y Canadá. Aunque el tratado sigue vigente, la ausencia de una renovación por 16 años más introduce riesgos para cadenas de suministro que dependen de la predictibilidad de aranceles y normas de origen. Este factor se suma a las políticas restrictivas implementadas por la administración estadounidense en materia de comercio, que han afectado especialmente a sectores como el automotriz y el agroalimentario.
Históricamente, México ha experimentado episodios similares de volatilidad externa, como durante la renegociación del TLCAN en 2017-2018. En aquella ocasión, la inversión extranjera directa en manufacturas se contrajo temporalmente hasta que se aclaró el marco jurídico. Hoy, la combinación de señales mixtas desde Washington y un crecimiento interno persistentemente bajo de 1.92 por ciento proyectado para la próxima década —inferior al promedio de 2.0 por ciento registrado en los últimos 32 años— amplifica la cautela empresarial.

Impacto en el empleo y la inversión productiva
Las expectativas de creación de empleo formal resultan particularmente preocupantes. El pronóstico apunta a apenas 294 mil nuevos puestos para finales de 2026 y 374 mil en 2027. Estos niveles resultan insuficientes para absorber la fuerza laboral que ingresa anualmente al mercado, lo que podría traducirse en mayor informalidad y presión sobre los sistemas de seguridad social. La experiencia de periodos anteriores muestra que cuando el crecimiento del PIB se mantiene por debajo de 2 por ciento durante varios años consecutivos, la generación de empleo formal tiende a estancarse, como ocurrió entre 2019 y 2023 en varios trimestres.
En el ámbito de la inversión, el 53 por ciento de los especialistas encuestados considera que el momento actual no es propicio para invertir, mientras que el 76 por ciento anticipa que el clima de negocios permanecerá igual o empeorará en los próximos seis meses. Esta percepción tiene consecuencias directas sobre proyectos de nearshoring que México busca atraer. Empresas que evalúan relocalizar operaciones prefieren entornos donde la estabilidad macroeconómica y la certidumbre regulatoria estén garantizadas; la falta de ambas reduce la probabilidad de que México capture una porción mayor de la relocalización productiva que se observa en Asia.
Efectos sobre la inflación y la política monetaria
Aunque la inflación general muestra señales de moderación tras el repunte en productos agropecuarios y energía eléctrica, las proyecciones la sitúan en 4.21 por ciento al cierre de 2026, por encima del objetivo de 3 por ciento ±1 punto del Banco de México. La inflación subyacente, más persistente, se estima en 4.17 por ciento. Este desajuste obliga al banco central a mantener una postura restrictiva por más tiempo, elevando el costo del crédito para empresas y hogares. En el mediano plazo, tasas de interés elevadas pueden frenar el consumo y la inversión en sectores intensivos en capital, como la construcción y la industria manufacturera.
Consecuencias sociales y de largo plazo
El debilitamiento del entorno de negocios no solo afecta variables macroeconómicas, sino que tiene repercusiones sociales más amplias. Un crecimiento anual inferior al 2 por ciento dificulta la reducción de la pobreza y la desigualdad, especialmente en regiones del sur del país donde la inversión productiva ya es escasa. Además, la inseguridad pública mencionada por el CEESP actúa como un factor adicional que encarece los costos de operación y disuade proyectos de largo plazo. La combinación de bajo crecimiento, inflación fuera de meta y percepción negativa del clima de negocios puede generar un círculo vicioso donde la menor confianza reduce la inversión, lo que a su vez limita la creación de empleos y debilita aún más la demanda interna.
A diez años vista, mantener tasas de expansión cercanas a 1.9 por ciento implicaría que México perdería terreno relativo frente a economías pares que crecen a ritmos superiores. Países de Asia y Europa del Este han logrado tasas superiores al 3 por ciento anual durante periodos prolongados gracias a políticas consistentes de mejora del ambiente de negocios. Para evitar ese rezago, las autoridades mexicanas enfrentan el reto de diseñar medidas que reduzcan la incertidumbre interna y mitiguen los efectos de factores externos, tal como recomienda el CEESP.
