La Comisión Federal de Electricidad anunció para 2026 un paquete de 195 millones de pesos orientado a 65 proyectos distribuidos en tres programas dentro del estado de Querétaro. Esta cifra representa un esfuerzo focalizado que busca incorporar 30 MVA adicionales de capacidad de transformación y reforzar el servicio en zonas de crecimiento acelerado. El plan llega después de un ejercicio 2025 que movilizó 475 millones de pesos y añadió 160 MVA, lo que evidencia una reducción presupuestal pero también un cambio de énfasis hacia acciones más selectivas y de mayor precisión operativa.
El anuncio se produce en un contexto donde la entidad ha registrado tensiones recurrentes entre la demanda industrial y la infraestructura disponible. En junio de 2025, funcionarios estatales señalaron públicamente deficiencias de mantenimiento preventivo que afectaban la continuidad del suministro. La respuesta de la CFE incluye ahora herramientas de monitoreo en tiempo real, automatización y modelos de inteligencia artificial para anticipar riesgos en la red de transmisión, además de tareas tradicionales como poda de vegetación y modernización de equipos.
![]()
Del plan anterior a la nueva estrategia
Durante 2025 la empresa ejecutó 131 proyectos de distribución que elevaron la capacidad instalada en 160 MVA. Esa inversión respondió a un ciclo de expansión industrial que incluyó la llegada de nuevas plantas automotrices y de semiconductores. Para 2026 el monto se reduce a 195 millones, pero se concentra en intervenciones que combinan refuerzo de capacidad con mejora de resiliencia operativa. La diferencia presupuestal no implica menor relevancia; más bien refleja un ajuste hacia proyectos de mayor densidad tecnológica y menor extensión física.
La reunión sostenida entre la directora general Emilia Calleja Alor y el gobernador Mauricio Kuri González el 14 de julio de 2026 institucionalizó una mesa permanente de atención. En ella se acordó mantener recorridos conjuntos, compartir datos de demanda en tiempo real y priorizar zonas de crecimiento urbano e industrial. Este mecanismo de coordinación representa un cambio respecto a ejercicios anteriores, donde la comunicación entre niveles de gobierno y la empresa solía ser reactiva más que preventiva.
Coordinación institucional como factor crítico
La experiencia de otros estados muestra que las inversiones en infraestructura eléctrica pierden efectividad cuando no existe alineación entre planeación municipal, permisos estatales y ejecución federal. Querétaro ha logrado hasta ahora evitar los cuellos de botella más graves gracias a la cercanía geográfica con el Bajío y a la existencia de corredores industriales consolidados. Sin embargo, el ritmo de nuevas inversiones privadas exige que los tiempos de respuesta de la CFE se acorten. La mesa permanente busca precisamente acortar esos plazos mediante intercambio directo de información y definición conjunta de prioridades.
Desde la perspectiva de los municipios, la principal demanda sigue siendo la modernización de subestaciones y líneas de media tensión que atiendan colonias en expansión. Para el sector industrial, en cambio, el foco está en la calidad del servicio y en la predictibilidad de interrupciones programadas. La CFE, por su parte, busca equilibrar estas solicitudes con las restricciones presupuestales nacionales y la necesidad de atender otras regiones con mayor rezago histórico.
Tres implicaciones estructurales
La primera es que la incorporación de 30 MVA en 2026, aunque modesta frente a los 160 MVA del año previo, se concentra en puntos estratégicos donde la saturación ya genera quejas recurrentes. Esto sugiere una estrategia de optimización de recursos más que de expansión masiva. La segunda implica que el uso de inteligencia artificial para simular condiciones de riesgo puede reducir tiempos de respuesta ante fallas, siempre que los datos de campo sean confiables y se mantenga personal capacitado para interpretar los modelos. La tercera señala que el fortalecimiento de la coordinación institucional reduce el margen de error en la priorización de obras, pero también genera dependencia de la continuidad política y administrativa entre los actores involucrados.
Perspectivas de los actores y puntos de fricción
Los industriales valoran positivamente el anuncio porque anticipa capacidad adicional antes de que la demanda supere la oferta. Sin embargo, advierten que la poda de vegetación y el mantenimiento rutinario deben ejecutarse con mayor frecuencia para evitar interrupciones que afectan líneas de producción. Los gobiernos municipales, por su parte, insisten en que la información sobre proyectos debe compartirse con suficiente antelación para ajustar planes de desarrollo urbano. La CFE destaca que los proyectos de transmisión en curso suman casi 9 mil millones de pesos a lo largo del sexenio, cifra que incluye líneas de alta tensión y compensación reactiva, pero reconoce que los recursos anuales disponibles para distribución siguen siendo limitados.
Un punto de tensión latente radica en la percepción de que las inversiones anunciadas responden más a presiones políticas locales que a un plan integral de largo plazo. Aunque la mesa permanente mitiga esta percepción, su efectividad dependerá de que los compromisos se traduzcan en obras visibles y medibles en los próximos trimestres.
Riesgos operativos y tendencias de mediano plazo
El principal riesgo identificado es que el crecimiento industrial supere la capacidad de ejecución de la CFE. Si los nuevos proyectos de inversión privada continúan llegando a ritmos superiores a los previstos, la brecha entre demanda y oferta podría ampliarse nuevamente hacia 2028. Otro riesgo es la dependencia de tecnologías de monitoreo que requieren conectividad confiable y personal especializado; en zonas rurales o con infraestructura digital limitada, la efectividad de estos sistemas puede verse reducida.
En el mediano plazo, la tendencia apunta hacia una red más automatizada y con mayor capacidad de autorregulación. La experiencia de Querétaro podría servir como piloto para otras entidades con perfiles industriales similares. No obstante, el éxito dependerá de que las inversiones en transmisión y distribución mantengan coherencia con los planes estatales de desarrollo económico y de que la coordinación institucional no se diluya con cambios de administración.
La capacidad de la CFE para sostener el ritmo de modernización dependerá también de la evolución de sus finanzas y de las prioridades presupuestales federales. Mientras tanto, el estado de Querétaro enfrenta la tarea de equilibrar atracción de inversión con la consolidación de una infraestructura eléctrica que responda tanto a las necesidades actuales como a las proyecciones de crecimiento industrial de la próxima década.
