Desde el arranque de la Copa del Mundo 2026, hace ya 18 días, el 50 por ciento de los pequeños negocios encuestados por el Consejo para el Desarrollo del Comercio en Pequeño y la Empresa Familiar no ha registrado incremento alguno en sus ventas. La encuesta “Impacto del Mundial en las ventas del comercio en pequeño”, aplicada a 700 giros, muestra que la otra mitad solo reporta un crecimiento promedio del 10 por ciento en los días de partido de la selección mexicana. Antes del torneo, siete de cada diez comerciantes ya anticipaban que sus ingresos no mejorarían; esa percepción se ha mantenido sin cambios significativos.
La ley seca aplicada el 24 de junio durante el encuentro contra Chequia y repetida el 30 de junio ante Ecuador tampoco cumplió su propósito declarado. El 88 por ciento de los consultados considera que la medida elevó la venta clandestina de alcohol y generó competencia desleal. La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes cuantificó las pérdidas del primer día de restricción entre 12 y 15 millones de pesos, afectando a cerca de cinco mil establecimientos formales en la Ciudad de México.
Efectos directos sobre la economía popular
Los establecimientos ubicados en las inmediaciones del Fan Fest del Zócalo capitalino sufrieron un doble impacto: la alta concentración de personas redujo el flujo habitual de clientes y, en varios casos, obligó al cierre temporal por razones de seguridad. Esta situación revela que la proximidad a los eventos masivos no se traduce automáticamente en derrama económica para el comercio de barrio. Por el contrario, muchos comercios aledaños reportaron una caída en sus ventas habituales, ya que los asistentes al Fan Fest consumen principalmente dentro del perímetro controlado o no realizan compras en los locales tradicionales.
La cifra de 15 millones de pesos en pérdidas por un solo día de ley seca adquiere mayor relevancia cuando se proyecta sobre todo el periodo del torneo. Si la selección mexicana avanza a fases eliminatorias y se repiten las restricciones, el acumulado podría superar con facilidad los 50 millones de pesos solo en la capital, afectando de manera desproporcionada a negocios que ya operan con márgenes estrechos y que dependen de días de alta demanda para compensar periodos de baja actividad.

Tres dinámicas estructurales que explican el estancamiento
La primera dinámica es la desconexión entre el éxito deportivo y el consumo en el comercio popular. Aunque los días de partido de México generan un repunte limitado del 10 por ciento para la mitad de los encuestados, este aumento resulta insuficiente para compensar los días sin actividad extraordinaria. El rendimiento de la selección actúa como detonante de consumo esporádico, pero no modifica los patrones estructurales de compra de la población, que prioriza precios y cercanía sobre el ambiente festivo.
La segunda dinámica se refiere al efecto de la ley seca sobre la cadena de suministro formal. Al prohibir la venta legal de alcohol durante 24 horas, la medida desplaza la demanda hacia canales informales que no pagan impuestos ni cumplen normas sanitarias. Esta transferencia erosiona la competitividad del comercio establecido y fortalece redes de distribución clandestina que, una vez consolidadas, persisten más allá del evento deportivo.
La tercera dinámica tiene que ver con la localización de los eventos masivos. El Fan Fest concentra el gasto en un perímetro acotado administrado por grandes operadores, mientras que los pequeños negocios periféricos asumen costos de seguridad y congestión sin recibir contrapartida. Esta asimetría territorial demuestra que la organización de megaeventos requiere mecanismos de redistribución explícitos si se busca beneficiar al tejido comercial más vulnerable.
Perspectivas de los distintos actores involucrados
Los presidentes de ConComercioPequeno y Anpec coinciden en que la política de ley seca castiga principalmente al comercio formal y no reduce el consumo de alcohol. Desde su perspectiva, la medida responde más a criterios de control de masas que a una estrategia de salud pública coherente. Los comerciantes también señalan que los días sin ley seca durante el Mundial no han generado el repunte esperado, lo que cuestiona la narrativa oficial sobre el efecto económico positivo del torneo.
Por otro lado, las autoridades locales defienden la ley seca como herramienta para prevenir incidentes de violencia y alcoholismo en espacios públicos. Sin embargo, la ausencia de datos públicos que demuestren una reducción de incidentes durante los días de restricción debilita esta argumentación y alimenta la percepción de que la medida opera como un mecanismo de control más que de prevención.
Escenarios futuros y riesgos latentes
Si México avanza a cuartos de final o más, el número de días con ley seca podría duplicarse, elevando las pérdidas proyectadas por encima de los 30 millones de pesos adicionales solo en la Ciudad de México. Al mismo tiempo, la consolidación de redes de venta clandestina de alcohol representa un riesgo de largo plazo: una vez establecidas, estas cadenas son difíciles de desmantelar y pueden desplazar permanentemente parte de la demanda formal.
Otro riesgo consiste en la profundización de la brecha entre el comercio formal y el informal. Los negocios que ya operan al margen de la ley obtienen ventaja competitiva durante las restricciones, mientras que los establecimientos registrados pierden ingresos sin compensación. Esta dinámica podría acelerar el cierre de locales formales en zonas de alta densidad turística durante futuros eventos masivos.
Finalmente, la experiencia del Mundial 2026 sugiere que la mera organización de un torneo de fútbol no genera automáticamente beneficios para el comercio de proximidad. Sin políticas complementarias de redistribución, horarios flexibles y apoyo fiscal temporal, el evento tiende a concentrar sus efectos económicos en grandes operadores y zonas controladas, dejando al comercio pequeño con costos elevados y beneficios marginales.
