El intercambio de mercancías entre la Unión Europea y Estados Unidos alcanzó en 2025 la cifra histórica de 875.000 millones de euros, equivalente a un billón de dólares, según el estudio publicado por el Instituto de Economía Alemán (IW). Las exportaciones europeas hacia el mercado estadounidense crecieron un 7,7 % hasta los 580.000 millones de euros, mientras que las importaciones procedentes de Estados Unidos aumentaron un 2,2 % hasta los 295.000 millones. El resultado fue un superávit comercial europeo de casi 285.000 millones de euros.
Estos datos, a primera vista, podrían interpretarse como una señal de que las tensiones arancelarias iniciadas durante la administración Trump no lograron alterar de manera sustancial los flujos comerciales básicos. Sin embargo, el análisis del IW advierte que las cifras agregadas ocultan daños concentrados en sectores específicos y una redistribución de los intercambios que beneficia a unos productos y perjudica a otros.
Crecimiento global con distorsiones sectoriales
La economista Samina Sultan, responsable del informe, señala que el aumento del comercio total no refleja una mayor integración económica, sino una combinación de factores coyunturales. Entre ellos destaca la anticipación de pedidos antes de posibles nuevos incrementos arancelarios y la persistencia de cadenas de suministro ya establecidas que tardan en reconfigurarse. Esta dinámica explica por qué el volumen global creció incluso cuando algunos capítulos arancelarios seguían vigentes.
Al desglosar los datos por categorías, aparecen diferencias notables. Los productos farmacéuticos y químicos, que en gran medida quedaron exentos de los aranceles adicionales, impulsaron el crecimiento de las exportaciones de Irlanda, que registró un aumento del 52,7 %. En contraste, los sectores sometidos a mayores barreras experimentaron contracciones claras.

El automóvil europeo, principal afectado
El sector del automóvil y sus componentes sufrió la mayor caída: las exportaciones europeas de vehículos y piezas hacia Estados Unidos se contrajeron un 20,4 % en 2025. Alemania, que concentra casi dos tercios de estas ventas, vio reducirse sus exportaciones un 18,9 %. Esta evolución coincide con la aplicación de aranceles adicionales sobre automóviles y con la incertidumbre generada por posibles revisiones futuras de los acuerdos comerciales.
La contracción del sector automovilístico tiene efectos multiplicadores. Las plantas de ensamblaje europeas dependen de componentes fabricados en varios países de la Unión, por lo que la reducción de pedidos estadounidenses se transmite a proveedores de España, Italia, Francia y Europa del Este. El informe del IW estima que la pérdida de ingresos en este sector supera con creces las ganancias observadas en otros capítulos menos expuestos a los aranceles.
El comercio de servicios también marca máximos
Paralelamente, el intercambio de servicios entre ambas orillas del Atlántico alcanzó los 865.000 millones de euros, otro récord histórico. En este apartado la Unión Europea registró un déficit de 178.000 millones de euros. Los derechos de propiedad intelectual —licencias de software, patentes y marcas— representaron más del 40 % de las importaciones europeas de servicios procedentes de Estados Unidos y crecieron un 13,7 %.
Este desequilibrio en servicios refleja la posición dominante de las empresas tecnológicas y de entretenimiento estadounidenses en el mercado europeo. Al mismo tiempo, muestra que las tensiones comerciales se han concentrado principalmente en el ámbito de las mercancías, mientras que los flujos de propiedad intelectual y servicios digitales han seguido expandiéndose con menor fricción regulatoria.
Implicaciones para la política comercial futura
El estudio del IW sugiere que los aranceles aplicados hasta ahora han actuado más como un factor de redistribución que como un freno absoluto al comercio. Los sectores que lograron mantener o ampliar sus ventas lo hicieron gracias a exenciones específicas o a la imposibilidad práctica de sustituir ciertos suministros a corto plazo. Esta realidad plantea interrogantes sobre la eficacia de una estrategia arancelaria amplia cuando las cadenas de valor están profundamente integradas.
Para la Unión Europea, el resultado plantea la necesidad de diversificar mercados y reforzar la competitividad de los sectores más expuestos. Para Estados Unidos, el incremento del déficit comercial en mercancías indica que los aranceles no han logrado el objetivo declarado de reducir el desequilibrio bilateral. Ambos datos apuntan a que cualquier renegociación futura de los términos comerciales deberá tener en cuenta tanto los flujos agregados como las consecuencias sectoriales específicas.
El informe concluye que, aunque el volumen total de comercio alcanzó niveles sin precedentes, la estructura de ese intercambio se ha vuelto más frágil y dependiente de exenciones temporales. Esa fragilidad constituye el principal riesgo para los próximos años, especialmente si las tensiones políticas vuelven a endurecerse.
