Crédito en pesos retoma crecimiento: impactos y riesgos

El repunte del crédito en pesos al sector privado en junio marca un punto de inflexión tras cinco meses consecutivos de contracción real. Según datos de First Capital Group, el saldo alcanzó 103,1 billones de pesos con un avance real mensual del 1,7%. Esta variación, aunque modesta, interrumpe una tendencia negativa que se había consolidado desde inicios de año y obliga a examinar sus posibles efectos sobre la actividad productiva, el consumo y la estabilidad del sistema financiero.

El segmento comercial lideró la recuperación. Los préstamos a empresas crecieron 4,5% en términos reales durante el mes y explicaron gran parte del giro observado. Esta dinámica puede traducirse en mayor liquidez para el pago de proveedores y la reposición de inventarios, lo que a su vez podría sostener la cadena de pagos en sectores como la industria y el comercio minorista. Sin embargo, el crecimiento interanual real sigue siendo negativo en 2,5%, lo que indica que aún no se recuperan los niveles previos y que la reactivación depende de factores coyunturales como la mayor demanda de financiamiento en pesos ante movimientos cambiarios.

Para las familias el panorama es más restrictivo. Los préstamos personales acumulan nueve meses de caída real y las tarjetas de crédito apenas lograron un avance mensual del 0,6% ajustado por inflación. Las altas tasas de interés en relación con la inflación esperada continúan desalentando el endeudamiento de los hogares. Este comportamiento puede limitar el consumo de bienes durables y afectar la demanda agregada en el corto plazo, aunque también reduce el riesgo de sobreendeudamiento en un contexto de ingresos reales aún debilitados.

Efectos sobre la banca y la mora

El informe destaca que las entidades financieras priorizan la recuperación de carteras irregulares antes de ampliar la oferta crediticia. Esta estrategia puede mejorar los ratios de morosidad en los próximos trimestres y fortalecer los balances bancarios, reduciendo la necesidad de provisiones adicionales. No obstante, una oferta más selectiva podría excluir a segmentos de menor calificación crediticia, profundizando la brecha de acceso al financiamiento formal y favoreciendo el crecimiento de canales informales con costos más elevados.

El repunte de las promociones bancarias y las cuotas sin interés impulsó el uso de tarjetas, especialmente en grandes cadenas minoristas. Si esta tendencia se mantiene, podría generar un efecto positivo sobre las ventas minoristas durante el segundo semestre. Sin embargo, la extensión de plazos de hasta 18 cuotas sin interés también incrementa la exposición de los bancos a cambios en la capacidad de pago de los deudores, particularmente si la inflación o los salarios no evolucionan conforme a las expectativas.

El segmento hipotecario y el mercado inmobiliario

Los créditos hipotecarios, incluidos los ajustables por UVA, mostraron un crecimiento real mensual del 1,6% y un salto interanual del 54,5%. La baja en los índices de actualización de cuotas y deuda estimuló la demanda. Este movimiento puede reactivar parcialmente la construcción y el mercado de viviendas usadas, generando empleo en sectores vinculados y mejorando la calidad de vida de quienes acceden a financiamiento. No obstante, el stock sigue siendo reducido en términos históricos y cualquier aceleración futura dependerá de la estabilidad de las variables macroeconómicas que determinan el valor de las cuotas.

Un riesgo relevante radica en la posible reversión de las condiciones que hoy favorecen el crédito en pesos. Si el tipo de cambio vuelve a mostrar volatilidad o si las tasas reales permanecen elevadas, la demanda de operaciones comerciales podría moderarse nuevamente. Asimismo, un deterioro en los indicadores de empleo o ingresos reales podría elevar la morosidad en los segmentos de consumo, obligando a las entidades a endurecer aún más los requisitos de otorgamiento.

Incertidumbres de mediano plazo

El cambio de tendencia observado en junio es todavía incipiente y su sostenibilidad depende de variables que escapan al control directo del sistema financiero. La evolución de la inflación, la política monetaria y el nivel de actividad económica determinarán si el repunte se consolida o si se trata de un fenómeno aislado. En paralelo, la irregularidad de las carteras sigue siendo un factor que limita la expansión agresiva del crédito, lo que podría traducirse en un crecimiento moderado durante el resto del año.

Desde una perspectiva más amplia, la recuperación selectiva del crédito puede contribuir a estabilizar ciertos sectores productivos, pero no necesariamente se traduce en una mejora generalizada del bienestar de los hogares. La combinación de tasas altas, oferta restringida y recuperación parcial de la demanda plantea un escenario donde los beneficios se concentran en empresas con mejor perfil crediticio, mientras que las familias enfrentan restricciones persistentes. Monitorear la evolución de estos indicadores durante los próximos meses permitirá evaluar si el giro de junio representa el inicio de una nueva etapa o simplemente una pausa en la tendencia contractiva.

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