El Gobierno aceleró su giro económico con una lógica electoral clara: sumar reservas, ampliar el crédito en dólares y tejer apoyos políticos antes de 2027. La autorización para prestar en moneda extranjera a empresas que no generan divisas busca destrabar fondos hoy inmovilizados en los bancos y convertirlos en financiamiento productivo, aunque con un límite del 15% de la cartera para contener riesgos.

La medida llega en paralelo a la compra de USD 10.000 millones en reservas y a la búsqueda de acuerdos con Pro, en un intento por ordenar expectativas en un mercado que, por ahora, no le devolvió entusiasmo al anuncio. El Banco Central compró USD 56 millones, el dólar mayorista subió a $1.492 y los financieros cedieron, pero los bonos soberanos siguieron firmes y el riesgo país apenas se movió.
El dato más sensible es que la estrategia financiera ya no apunta solo a estabilizar el corto plazo, sino a sostener una eventual reelección sin sobresaltos. Caputo intenta combinar crédito, reservas y tasas más bajas para reactivar consumo y morosidad, mientras el Gobierno mira a Brasil y a Wall Street como termómetros externos de un escenario que todavía depende más de la confianza que de la macro en sí misma.
