Córdoba crea empleo, pero afronta una concentración creciente

Las empresas cordobesas han generado 13.239 empleos entre 2023 y 2025, un incremento del 7% que eleva hasta 215.446 el número de ocupados vinculados a las sociedades con actividad económica en la provincia. El dato, procedente del Directorio de empresas con actividad económica en Andalucía del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA), dibuja una evolución favorable, aunque también revela una dependencia cada vez más marcada de determinados sectores. La agricultura y la ganadería, junto con las actividades inmobiliarias, profesionales y artísticas, concentran el 62% de los nuevos puestos de trabajo.

La expansión empresarial acompaña esta tendencia. Córdoba cuenta con 61.888 empresas, 3.898 más que en 2023, después de sumar 1.458 durante el último ejercicio. Sin embargo, el crecimiento no se distribuye de manera uniforme. Las actividades inmobiliarias, profesionales y artísticas han añadido 1.780 sociedades y alcanzan las 14.184, mientras que el sector primario reúne 13.387. El comercio, pese a mantener una amplia presencia con 12.603 empresas, ha perdido 210 en dos años. Esta combinación de creación de empleo y concentración sectorial ofrece una señal positiva para la economía provincial, pero obliga a valorar cuánto de ese avance puede sostenerse ante cambios en la demanda, el clima, los costes y el ciclo inmobiliario.

Más ocupación y mayor capacidad de resistencia

El principal efecto favorable es el fortalecimiento del mercado laboral. El aumento del empleo empresarial puede traducirse en más renta disponible, mayor consumo y una base fiscal más amplia para las administraciones públicas. También mejora la capacidad de muchas familias para afrontar el encarecimiento de la vivienda, la energía y los alimentos, aunque la calidad y la estabilidad de los contratos serán determinantes para medir el alcance real de esa mejora.

El sector primario es el motor más visible de este avance. Sus empresas ocupan a 43.623 trabajadores, 6.122 más que hace dos años, con un crecimiento del 16%. Su peso resulta lógico en una provincia con una extensa base agrícola y ganadera, pero la cifra también indica que las actividades vinculadas al campo siguen funcionando como un importante soporte económico, especialmente en municipios donde existen menos alternativas laborales. El crecimiento puede favorecer la modernización de explotaciones, el relevo generacional y el desarrollo de industrias auxiliares relacionadas con la transformación, el transporte, el mantenimiento y la comercialización de productos.

La hostelería aporta otra señal de dinamismo: sus empresas ocupan a 13.794 profesionales, 1.406 más que en 2023, un 11% de incremento. El turismo, la restauración y el consumo asociado a visitantes y residentes pueden generar actividad con rapidez y contribuir a fijar empleo en las ciudades y en determinados enclaves rurales. A su vez, el aumento de las sociedades hosteleras, hasta 3.810, apunta a una ampliación de la oferta empresarial.

También es relevante el avance de la información y las comunicaciones. Aunque todavía se trata de un ámbito reducido, con 2.391 empleados y 655 empresas, el empleo ha crecido un 13% y las sociedades han aumentado en 48. Este comportamiento puede abrir una vía de diversificación más ligada al conocimiento, la digitalización y los servicios exportables. Si se consolida, permitiría que parte de la actividad económica cordobesa dependa menos de los ciclos agrícolas, comerciales o turísticos.

El campo sostiene, pero también expone

La elevada contribución de la agricultura y la ganadería tiene una doble lectura. Por un lado, confirma la capacidad del sector para crear actividad y conservar su papel estratégico. Por otro, aumenta la exposición de la provincia a riesgos que no dependen exclusivamente de las decisiones empresariales. La sequía, las temperaturas extremas, la disponibilidad de agua, las plagas y la volatilidad de los precios internacionales pueden alterar los ingresos de las explotaciones y, con ellos, el empleo de numerosas empresas.

El crecimiento del 16% no garantiza que la tendencia sea permanente. Una campaña agrícola favorable, una determinada fase de inversión o la incorporación de trabajadores a empresas ya existentes pueden influir de manera significativa en el resultado observado. Además, la productividad del sector puede aumentar sin que el empleo mantenga el mismo ritmo. La mecanización, la automatización y la presión sobre los márgenes pueden reducir la demanda de mano de obra en algunas actividades, mientras que otras exigirán perfiles más cualificados difíciles de cubrir en zonas rurales.

La dependencia del sector primario plantea asimismo un desafío territorial. La creación de puestos puede concentrarse en determinadas campañas, localidades o tipos de explotación, sin resolver la despoblación ni garantizar carreras profesionales estables. Para que el impacto sea duradero, la provincia necesitará reforzar la transformación agroalimentaria, la logística, la investigación aplicada y la formación técnica. Vender productos con mayor valor añadido y mejorar su trazabilidad puede amortiguar la dependencia de las materias primas y distribuir mejor los beneficios.

Vivienda y servicios: una oportunidad con límites

Las actividades inmobiliarias, profesionales y artísticas han pasado a ser el grupo con más empresas del tejido cordobés. En dos años han incorporado 1.780 sociedades y sus negocios emplean a 27.670 personas, 2.152 más que en 2023. El aumento coincide con una fuerte demanda residencial y puede estimular la rehabilitación, la construcción, la intermediación, la arquitectura, la consultoría y otros servicios especializados.

El riesgo aparece cuando la expansión empresarial se vincula principalmente a la compraventa, el alquiler y la revalorización de activos. Si la oferta de vivienda no crece al ritmo de la demanda, el empleo generado por el sector puede convivir con un deterioro de la accesibilidad para los hogares. El encarecimiento de los alquileres y de los precios de compra puede expulsar a trabajadores de las zonas con mayor actividad, elevar los costes salariales de las empresas y aumentar la desigualdad entre quienes poseen vivienda y quienes necesitan acceder a ella.

La construcción apenas ha ganado 123 empleos en dos años y cuenta con 14.142 trabajadores, un incremento del 1%. Esta diferencia entre el dinamismo inmobiliario y la modesta evolución del empleo en el ladrillo merece atención. Puede indicar que parte de la actividad se concentra en servicios inmobiliarios y profesionales, o que la construcción sigue limitada por los costes de los materiales, la financiación, la disponibilidad de suelo y la falta de mano de obra especializada. Si la demanda residencial continúa creciendo sin una respuesta suficiente de la oferta, la presión sobre los precios podría intensificarse.

La Administración pública, la educación y la sanidad, con 37.474 ocupados después de sumar 1.086, actúan como un segundo gran soporte del empleo provincial. Su estabilidad ayuda a compensar la estacionalidad de otros sectores y sostiene servicios esenciales, sobre todo en municipios pequeños. No obstante, el incremento del 3% también debe interpretarse junto a la evolución demográfica, la edad de las plantillas y las necesidades de atención sanitaria y educativa. La creación de puestos será insuficiente si no se acompaña de capacidad para cubrir vacantes, mejorar la distribución territorial y mantener la calidad de los servicios.

Señales de alerta en comercio e industria

El comercio emplea a 33.218 personas, 693 más que en 2023, pero ha perdido 210 empresas. Esta aparente contradicción sugiere un proceso de concentración: menos sociedades pueden estar acumulando una parte mayor de la actividad, mientras los pequeños negocios afrontan mayores dificultades. Los cambios en los hábitos de consumo, el comercio electrónico, los costes energéticos y la competencia de grandes cadenas y plataformas digitales presionan especialmente a los establecimientos independientes.

El descenso del número de empresas comerciales no implica por sí mismo una destrucción inmediata de empleo, pero puede debilitar la diversidad de la oferta y la vitalidad de los centros urbanos. La desaparición de negocios de proximidad afecta también a personas mayores, consumidores con menor movilidad y municipios que no cuentan con alternativas. Una estructura más concentrada puede ganar eficiencia, aunque resulta más vulnerable si una empresa relevante reduce su actividad o abandona una localidad.

La industria, la energía, el agua y la gestión de residuos suman 31.744 ocupados, 937 más, un crecimiento del 3%. Al mismo tiempo, la provincia ha perdido 31 sociedades industriales y cuenta con 4.203. La creación neta de empleo junto con una ligera reducción empresarial puede responder a procesos de consolidación y aumento del tamaño medio, pero también evidencia que el tejido industrial no está ampliándose con la misma intensidad que otros sectores. Esta situación limita la capacidad de generar empleos técnicos, estables y mejor remunerados, además de reducir la diversificación frente a las crisis sectoriales.

El transporte y el almacenamiento, con 7.899 trabajadores y 2.824 empresas, han aumentado el empleo en 386 personas. Su evolución está ligada al crecimiento del comercio, la agroindustria y la actividad empresarial, aunque afronta la subida del combustible, la renovación de flotas, la congestión y la transición hacia modelos menos contaminantes. La banca y los seguros, con 3.491 ocupados, mantienen una trayectoria prácticamente estable. La digitalización puede mejorar la eficiencia, pero también reducir oficinas y puestos presenciales, con un impacto mayor en áreas rurales.

La cifra positiva necesita continuidad

La comparación disponible tiene una limitación importante: el IECA introdujo un cambio metodológico en 2023 que impide confrontar estos resultados con ejercicios anteriores. Por tanto, el incremento del 7% debe leerse como una evolución dentro del periodo analizado, no como una serie histórica completamente homogénea. Tampoco permite por sí solo distinguir entre empleo indefinido y temporal, jornada completa y parcial, salarios, nacionalidad o lugar de residencia de los trabajadores. Esas variables determinarán si el crecimiento mejora realmente las condiciones de vida.

La provincia dispone ahora de una base empresarial más amplia, pero el próximo reto será convertir el crecimiento cuantitativo en resiliencia. Para ello resulta necesario orientar la formación hacia la agroindustria, la construcción especializada, los cuidados, la logística y las competencias digitales; facilitar financiación a pequeñas empresas; impulsar la innovación y asegurar infraestructuras de conectividad y agua. Las políticas de vivienda deberán acompañar la expansión inmobiliaria para evitar que el empleo y la llegada de nuevas inversiones alimenten una presión residencial difícil de absorber.

Los datos del IECA muestran una Córdoba con más empresas y más ocupados, pero también con un modelo de crecimiento muy condicionado por el campo, la vivienda y los servicios. La fortaleza de estos sectores puede sostener la economía en el corto plazo. La prueba decisiva será comprobar si la provincia consigue aprovecharlos para construir cadenas de valor más sofisticadas, empleos de mayor calidad y oportunidades repartidas por el territorio. Sin esa diversificación, una perturbación climática, una corrección inmobiliaria o un cambio en el consumo podría convertir un avance notable en una recuperación frágil.

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