Crecimiento e inflación: raíces y consecuencias estructurales

La combinación de una expansión productiva superior a lo esperado y una desaceleración de los precios que vuelve a situarse dentro del objetivo del Banco de México no surge de manera aislada. Desde la contracción de 2020, la economía mexicana ha transitado por un proceso de recomposición impulsado por la relocalización de cadenas de suministro globales y por una demanda interna que ha mostrado mayor resistencia de la prevista en varios momentos.

El Indicador Global de la Actividad Económica de abril de 2026 refleja esta trayectoria: el crecimiento mensual de 1.2% y el avance anual de 2.2% se explican, en gran medida, por el impulso de la construcción y las manufacturas vinculadas a la integración con América del Norte. Este patrón repite, con mayor intensidad, lo observado entre 2023 y 2025, cuando el nearshoring comenzó a materializarse en inversiones concretas de empresas automotrices y de electrónica que decidieron ampliar capacidad instalada en estados del norte y del Bajío.

El contexto posterior a la pandemia y el efecto nearshoring

Tras la interrupción de cadenas de suministro durante 2020 y 2021, varias empresas estadounidenses y asiáticas aceleraron proyectos de relocalización. En el caso de México, la combinación de la cercanía geográfica, el T-MEC y la disponibilidad de mano de obra calificada generó un flujo sostenido de anuncios de inversión. La construcción de naves industriales y vivienda asociada a estos proyectos multiplicó la demanda de materiales y de servicios conexos, tal como se observa en los datos de abril. Este mecanismo no es nuevo: ya en 2019-2020 se documentaron efectos similares en regiones como Nuevo León y Querétaro, donde el encadenamiento productivo elevó el PIB estatal por encima del promedio nacional.

La resiliencia del consumo privado, visible en el crecimiento de las ventas minoristas de abril, también tiene raíces en la recuperación del empleo formal que se consolidó entre 2022 y 2025. Los sectores servicios, particularmente comercio y transporte, han actuado como amortiguadores durante los periodos de menor dinamismo industrial, creando un ciclo interno de demanda que ahora se refuerza con el repunte de la producción.

Trayectoria inflacionaria y espacio para la política monetaria

La reducción de la inflación general a 3.55% en la primera quincena de junio y la variación quincenal negativa de 0.11% marcan un punto de inflexión respecto a los picos superiores a 8% registrados en 2022. El componente agropecuario, que había presionado al alza en marzo y abril por factores climáticos y de oferta, experimentó una corrección significativa en productos como jitomate, huevo y chile poblano. Este comportamiento replica patrones observados en ciclos anteriores, cuando una buena cosecha de primavera-verano permitía una rápida moderación de precios volátiles.

La inflación subyacente, aunque aún en 4.12%, muestra una moderación marginal que reduce parcialmente las restricciones que el Banco de México ha enfrentado para relajar su postura. En experiencias previas, como la de 2017-2018, una convergencia gradual de la subyacente hacia el objetivo permitió recortes secuenciales de tasas sin generar inestabilidad cambiaria. Si la tendencia observada en junio se sostiene, el margen para ajustes en la tasa de referencia podría ampliarse durante el segundo semestre, siempre que los riesgos externos —especialmente los precios energéticos y las tensiones comerciales— permanezcan contenidos.

Efectos en empleo, salarios y distribución del ingreso

Un crecimiento más dinámico del sector industrial suele traducirse en mayor demanda de trabajadores calificados y, eventualmente, en presiones salariales en ramas específicas. Durante el ciclo 2023-2025, los estados con mayor recepción de inversión extranjera directa registraron incrementos en el empleo manufacturero superiores al promedio nacional, acompañados de mejoras en la masa salarial real cuando la inflación comenzó a ceder. Si el repunte de abril se consolida, es previsible que este patrón se repita en 2026, con efectos positivos sobre el consumo de hogares de ingresos medios.

Sin embargo, la distribución de estos beneficios no es uniforme. Las regiones menos integradas a las cadenas de exportación, particularmente en el sur del país, dependen más del dinamismo de servicios locales y del gasto público. La moderación de la inflación agropecuaria beneficia directamente a los hogares de menores ingresos, que destinan una proporción mayor de su gasto a alimentos, pero este alivio puede resultar transitorio si los choques climáticos o de oferta reaparecen en los siguientes trimestres.

Implicaciones de mediano y largo plazo

La coincidencia de mayor actividad y menor inflación reduce la probabilidad de un escenario de estanflación y fortalece la credibilidad del marco de política macroeconómica. En el plano internacional, México podría mejorar su posición relativa frente a otros mercados emergentes que aún enfrentan presiones inflacionarias persistentes. Esto, a su vez, podría traducirse en menores primas de riesgo y en condiciones de financiamiento más favorables para el sector privado y para el propio gobierno federal.

A nivel estructural, el fortalecimiento del sector industrial vía nearshoring plantea desafíos de infraestructura y de formación de capital humano que no se resuelven en un solo trimestre. Si el crecimiento de la construcción y las manufacturas se mantiene, la demanda de energía eléctrica, agua y logística aumentará, requiriendo inversiones coordinadas entre sector público y privado. La experiencia de otros países que vivieron procesos similares de relocalización muestra que la ausencia de planeación adecuada puede generar cuellos de botella que limiten el ritmo de expansión a mediano plazo.

En el frente social, la combinación de empleo formal creciente y precios más estables contribuye a reducir la incidencia de la pobreza por ingresos, siempre que el efecto se distribuya más allá de los polos de inversión. Los programas de transferencias condicionadas y el aumento del salario mínimo han actuado como complementos en ciclos anteriores; su interacción con un mercado laboral más dinámico puede amplificar los resultados en reducción de desigualdad, aunque el ritmo dependerá de la capacidad de las políticas activas de empleo para alcanzar a trabajadores de menor calificación.

Los riesgos identificados —volatilidad energética, tensiones comerciales y costos laborales— siguen presentes y podrían alterar el rumbo observado en abril y junio. No obstante, los datos más recientes indican que la economía mexicana inicia el segundo semestre de 2026 con fundamentos más equilibrados que los que se anticipaban a inicios de año, abriendo un espacio para que el crecimiento sostenido y la convergencia inflacionaria se refuercen mutuamente en los próximos trimestres.

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