Mauricio, abogado especializado en comercio exterior, señala que los errores tributarios más repetidos por las empresas provienen de subestimar el asesoramiento fiscal en operaciones de importación y exportación. Según su experiencia, muchos empresarios confían en su intuición operativa y descartan la consulta profesional, lo que genera multas elevadas y pérdidas de competitividad frente a quienes estructuran correctamente sus obligaciones impositivas.
¿Quién define realmente las reglas del juego?
Los vaivenes arancelarios entre Estados Unidos y la Unión Europea ilustran cómo decisiones unilaterales desplazan el marco multilateral. En los últimos cinco años, estos incrementos tarifarios afectaron cadenas de suministro valoradas en miles de millones de dólares sin pasar por instancias como la OMC. Esta dinámica confirma que el poder económico prevalece sobre tratados escritos y obliga a las empresas a recalcular márgenes con plazos cada vez más cortos.
El Mercosur intentó equiparar condiciones mediante regulaciones comunes, superando convenios centenarios. Sin embargo, las tensiones comerciales globales demuestran que los bloques regionales pierden influencia cuando un actor con peso decide modificar aranceles de forma unilateral. Las empresas que operan dentro del bloque deben ahora monitorear tanto las normas comunes como las señales macroeconómicas de socios externos.

La coordinación entre múltiples actores como factor de supervivencia
Una operación de comercio exterior involucra transportistas, despachantes, agentes aduaneros y entidades financieras. Mauricio destaca que el éxito depende de establecer referentes diarios en cada eslabón de la cadena, no solo de conocer las funciones individuales. Las empresas que tercerizan estos procesos obtienen ventaja cuando la dirección de ambas organizaciones mantiene contacto frecuente y resuelve desviaciones antes de que escalen.
Esta necesidad de articulación genera tensiones entre grandes operadores, que cuentan con equipos dedicados, y pymes que dependen de relaciones informales. Mientras las primeras pueden absorber costos de coordinación, las segundas enfrentan riesgos de interrupciones cuando un solo eslabón falla. Los datos de aduanas argentinas muestran que el 35 % de las demoras en despachos durante 2025 se atribuyeron a falta de comunicación entre partes, no a errores normativos.
Desregulación: oportunidad para quienes miden riesgos
La reducción de resoluciones y decretos elimina capas de burocracia que antes ralentizaban operaciones. No obstante, esta misma flexibilidad exige mayor capacidad interna de interpretación. Las empresas que interpretan correctamente los márgenes de maniobra logran ventajas competitivas; aquellas que carecen de análisis tributario previo suelen incurrir en omisiones costosas cuando las autoridades endurecen controles puntuales.
El gobierno actual y los que lo sucedan mantendrán esta tendencia hacia menor intervención normativa. El verdadero desafío radica en distinguir entre libertad operativa útil y exposición descontrolada. Los casos de empresas que expandieron volúmenes sin actualizar protocolos de cumplimiento muestran que la desregulación no elimina riesgos, solo los traslada del ámbito administrativo al financiero y reputacional.
Inteligencia artificial como herramienta, no como sustituto
Desde 2019, el estudio de Mauricio incorporó asistentes de inteligencia artificial para redactar borradores y revisar documentos. El resultado fue mayor volumen de trabajo y mejor calidad en las primeras etapas. Sin embargo, la revisión humana sigue siendo indispensable para verificar ejecutabilidad contractual y capacidad de defensa ante tribunales.
El contacto directo con juzgados constituye el límite más claro de la automatización. Ningún sistema actual puede reemplazar la argumentación oral ni la lectura de señales procesales que un abogado experimentado capta en audiencias. Las firmas que combinan IA con supervisión especializada reportan reducción de tiempos en un 40 %, mientras que aquellas que delegan por completo enfrentan impugnaciones por cláusulas mal adaptadas al contexto local.
Perspectivas contrapuestas entre grandes y pequeños operadores
Los grandes exportadores valoran la desregulación porque reduce costos fijos de cumplimiento y les permite reasignar recursos a negociación comercial. En cambio, las pymes expresan preocupación por la pérdida de guías claras que antes facilitaban el acceso a mercados externos. Esta brecha se amplía cuando los aranceles cambian con rapidez y solo quienes poseen información privilegiada o equipos de análisis pueden reaccionar a tiempo.
Los organismos multilaterales, por su parte, ven erosionada su autoridad. Las decisiones económicas unilaterales debilitan la predictibilidad que los tratados buscaban construir. Mientras tanto, las agendas de lavado de activos y narcotráfico sirven como justificación adicional para imponer restricciones que antes requerían consenso internacional.
Riesgos latentes y escenarios futuros
La subordinación del derecho a la economía incrementa la volatilidad. Una empresa que estructura hoy su operación bajo ciertas condiciones arancelarias puede enfrentar cambios abruptos en meses. Esta incertidumbre favorece a quienes mantienen liquidez y relaciones flexibles con proveedores, pero castiga a quienes asumen compromisos de largo plazo sin cláusulas de revisión.
En el mediano plazo, la combinación de desregulación e inteligencia artificial probablemente derive en nuevos perfiles profesionales: abogados que dominen tanto la interpretación normativa como el uso de herramientas analíticas. Quienes no desarrollen estas competencias enfrentarán obsolescencia, mientras que los que las integren obtendrán márgenes superiores en un entorno donde la velocidad de adaptación define la supervivencia.
