Deer Park supera producción de refinerías mexicanas

La refinería de Deer Park en Texas, adquirida por Pemex durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, ha demostrado una capacidad de procesamiento que eclipsa el desempeño conjunto de las siete instalaciones mexicanas. Según datos del primer trimestre de 2026, esta planta genera 287 mil barriles diarios de combustibles de alto valor, mientras que el complejo de Tula, el más productivo dentro del país, alcanza apenas 170 mil barriles. Esta brecha no surge de manera aislada, sino que refleja décadas de decisiones operativas, contractuales y de inversión que han configurado dos realidades distintas dentro de la misma empresa estatal.

Adquisición de Deer Park y legado de Shell

La compra total de Deer Park a Shell se concretó en 2021, cuando el gobierno mexicano buscaba reforzar la autosuficiencia energética. La instalación, inaugurada en 1930, ya operaba con estándares de mantenimiento preventivo y optimización de procesos que diferían de las configuraciones mexicanas. Pemex heredó no solo infraestructura, sino también una cultura de operación orientada a maximizar el rendimiento de cada barril procesado. Los registros de capacidad muestran que Deer Park utiliza el 84 por ciento de su potencial instalado, frente al 37 por ciento promedio de las refinerías nacionales.

El contraste se vuelve más evidente al examinar la distribución de personal. Deer Park emplea alrededor de 960 trabajadores propios y recurre a contratistas especializados durante periodos específicos, mientras que Tula opera con 3 mil 439 empleados fijos para una producción inferior. Esta diferencia en estructura laboral no es accidental: responde a modelos de contratación acumulados en México desde los años setenta, cuando el sindicato petrolero negoció condiciones que priorizaban la estabilidad sobre la flexibilidad operativa.

Configuraciones técnicas y limitaciones heredadas

Las refinerías mexicanas fueron diseñadas bajo criterios de integración vertical que buscaban procesar crudo pesado local, pero sin actualizar de manera simultánea los sistemas de conversión profunda. Deer Park, en cambio, incorporó desde su origen tecnologías de craqueo catalítico y destilación al vacío que permiten extraer mayor valor por cada unidad de materia prima. El resultado es que, aunque México cuenta con mayor número de instalaciones, su contribución combinada a la producción de gasolina, diésel y turbosina queda por debajo de una sola planta texana.

Analistas como Adrián Duhalt han señalado que el problema no radica únicamente en la cantidad de crudo procesado, sino en la frecuencia de paros no programados y en la dificultad para mantener configuraciones óptimas durante periodos prolongados. Cada interrupción en una refinería mexicana reduce el margen de contribución y obliga a importar productos terminados, elevando el costo fiscal para el Estado.

Impacto en la balanza comercial y dependencia energética

La superioridad de Deer Park tiene consecuencias directas sobre la estrategia de sustitución de importaciones. Mientras la refinería texana aporta consistentemente a la oferta interna de combustibles, las instalaciones mexicanas continúan requiriendo volúmenes significativos de productos importados para cubrir la demanda nacional. Esta dinámica mantiene una salida de divisas que contrarresta los objetivos de soberanía energética planteados en la última década.

El caso de Dos Bocas ilustra la complejidad del desafío. Aunque la nueva refinería en Tabasco reporta 146 mil barriles diarios, su operación aún enfrenta ajustes de puesta en marcha que impiden alcanzar niveles de utilización comparables a Deer Park. La brecha de eficiencia se traduce en costos operativos más altos por barril y en una menor capacidad para generar excedentes financieros que puedan reinvertirse en mantenimiento o modernización.

Repercusiones laborales y debate sobre productividad

La estructura sindical de Pemex, heredada de décadas de negociación colectiva, representa un factor estructural que influye en los costos laborales. Susana Cazorla ha documentado cómo los objetivos políticos de representación gremial pueden entrar en tensión con metas estrictamente económicas de rentabilidad. En Deer Park, la combinación de personal propio y contratistas externos permite ajustar la fuerza de trabajo según las necesidades de mantenimiento mayor, sin mantener una plantilla fija sobredimensionada durante todo el año.

Esta diferencia genera un debate más amplio sobre la viabilidad de mantener el mismo modelo de gestión en todas las instalaciones. Los consultores de Marcos y Asociados estiman que el exceso de personal en las refinerías mexicanas responde a compromisos laborales acumulados, pero también advierten que cualquier ajuste debe considerar la estabilidad social de las comunidades donde operan estos complejos.

Perspectivas de rentabilidad y modernización futura

El rendimiento de Deer Park plantea interrogantes sobre el rumbo que Pemex debe seguir para equilibrar su portafolio de activos. Incrementar la producción de combustibles de mayor valor exige no solo más capacidad instalada, sino también una gestión que reduzca paros imprevistos y alinee incentivos operativos con resultados financieros. La experiencia texana muestra que es posible alcanzar tasas de utilización superiores al 80 por ciento cuando se prioriza la continuidad y la especialización técnica.

A largo plazo, la comparación entre Deer Park y las refinerías mexicanas podría influir en decisiones de asignación de recursos públicos. Si el Estado mexicano busca reducir el déficit operativo de Pemex, será necesario evaluar si las estrategias de contratación y mantenimiento aplicadas en Texas pueden adaptarse parcialmente a las condiciones locales, sin desconocer las particularidades regulatorias y laborales del país. El desafío consiste en trasladar lecciones de eficiencia sin replicar contextos que difieren en escala y en historia institucional.

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