El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó que la tasa de desempleo en México alcanzó el 2.8% de la Población Económicamente Activa (PEA) en mayo, frente al 2.5% registrado en abril. La población desocupada totalizó 1.7 millones de personas, un incremento de 22 mil respecto al mismo mes de 2025. La PEA llegó a 62.1 millones, con 60.4 millones de ocupados, lo que representa un aumento de 438 mil empleos en comparación anual.
La tasa de informalidad se mantuvo en 55.2%, abarcando 33.4 millones de trabajadores, mientras que la subocupación afectó al 7% de la población ocupada. Estos datos se enmarcan en un crecimiento económico de apenas 0.6% en 2025, tras el 1.5% del año previo y en medio de tensiones comerciales globales.
Impacto sectorial y en grupos vulnerables
El aumento del desempleo, aunque moderado, revela presiones diferenciadas por sector. Los servicios concentraron el 44.4% de la ocupación, seguidos por comercio (19.9%) y manufacturas (16.2%). La construcción y las actividades agropecuarias, con participaciones de 8% y 10%, suelen mostrar mayor sensibilidad a fluctuaciones de demanda externa. Un incremento en la tasa de desocupación puede traducirse rápidamente en menores ingresos para hogares dependientes de estos rubros, especialmente en regiones del norte y sureste del país donde predominan las manufacturas y la agricultura.

Las cifras por género evidencian brechas persistentes. La PEA femenina alcanzó 24.9 millones con una tasa de participación del 45.8%, frente al 74.2% de los hombres. Un alza en el desempleo suele afectar primero a las mujeres en empleos de menor estabilidad, lo que puede amplificar la brecha de ingresos y limitar el consumo en hogares de doble ingreso. Para los jóvenes y trabajadores de menor calificación, el aumento de la informalidad actúa como amortiguador, pero a costa de menor protección social y productividad a largo plazo.
Tres lecturas estructurales del dato
El primer punto de análisis es que el repunte del desempleo ocurre en un contexto de crecimiento económico débil. El PIB de 2025 apenas alcanzó 0.6%, influido por la incertidumbre derivada de políticas comerciales estadounidenses. Esto sugiere que la economía mexicana está absorbiendo shocks externos a través de ajustes en el mercado laboral antes que mediante caídas pronunciadas en la producción, una dinámica que difiere de ciclos anteriores donde el desempleo solía reaccionar con mayor rezago.
En segundo lugar, la estabilidad de la tasa de informalidad en 55.2% indica que el sector informal continúa funcionando como válvula de escape. Aunque esto impide un aumento mayor del desempleo abierto, también refleja una baja capacidad de generación de empleos formales de calidad. Empresas medianas y pequeñas, que representan la mayor fuente de ocupación, enfrentan costos de formalización elevados y preferencias por esquemas flexibles ante la volatilidad de la demanda externa.
La tercera lectura apunta a la composición de la PEA. El aumento de 460 mil personas activas respecto a mayo de 2025 muestra que más mexicanos están buscando empleo, posiblemente impulsados por la necesidad de complementar ingresos familiares ante la inflación persistente. Este fenómeno puede interpretarse como una señal de mayor presión sobre el mercado laboral, donde la oferta de trabajo crece más rápido que la demanda formal.
Perspectivas de actores clave
Desde el punto de vista gubernamental, el dato de 2.8% sigue siendo bajo en términos históricos y regionales, lo que permite mantener discursos de estabilidad. Sin embargo, autoridades laborales reconocen que la calidad del empleo y la protección social requieren atención prioritaria. Organismos empresariales, por su parte, destacan que el incremento refleja principalmente ajustes estacionales y advierten sobre el efecto de posibles aranceles adicionales desde Estados Unidos, que podrían reducir pedidos en manufacturas durante el segundo semestre.
Los sindicatos y organizaciones de trabajadores enfatizan el riesgo de precarización. La subocupación en 4.2 millones de personas sugiere que muchos empleados ya trabajan menos horas de las deseadas, situación que podría agravarse si la demanda externa se contrae. Analistas independientes señalan que la combinación de bajo crecimiento y aumento de la PEA podría derivar en una tasa de desempleo superior al 3% hacia finales de 2026 si no se materializan estímulos internos o acuerdos comerciales favorables.
Escenarios futuros y riesgos latentes
Hacia adelante, el comportamiento del empleo dependerá en gran medida de la evolución de las cadenas de suministro norteamericanas y de la política monetaria interna. Un escenario base contempla que la tasa de desempleo oscile entre 2.7% y 3.1% durante el resto del año, con mayor informalidad como respuesta a la incertidumbre. En un escenario adverso, donde las tensiones comerciales se intensifiquen, el sector manufacturero podría perder entre 80 mil y 120 mil empleos formales en seis meses, según estimaciones derivadas de elasticidades históricas.
Los riesgos principales incluyen un aumento de la subocupación crónica, que erosiona el poder adquisitivo de los hogares y reduce el consumo interno, y una mayor dependencia de remesas para compensar la falta de empleos locales. Otro factor a vigilar es la posible salida de fuerza laboral del mercado ante la frustración de búsquedas prolongadas, lo que distorsionaría las tasas oficiales a la baja pero reflejaría un deterioro real en el bienestar de la población.
La capacidad de respuesta de las políticas públicas será determinante. Programas de capacitación focalizados en sectores de alto valor agregado y reformas que reduzcan los costos de formalización podrían mitigar el impacto de choques externos. Sin embargo, la ventana de oportunidad se estrecha conforme se aproxima el segundo semestre, periodo en el que históricamente se observa mayor volatilidad en el empleo manufacturero.
