Exportaciones de crudo caen 21% en mayo

El volumen de petróleo crudo exportado por México durante mayo de 2026 alcanzó 616 mil barriles diarios, lo que representa una reducción de 21% frente a los 743 mil barriles registrados en el mismo mes del año anterior, según cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). El precio promedio de la mezcla mexicana se ubicó en 101.32 dólares por barril, un nivel que refleja tanto la volatilidad del mercado internacional como la calidad específica del crudo que el país coloca en el exterior.

Evolución reciente de las ventas externas

La caída observada en mayo se inscribe en una tendencia que combina factores estructurales y coyunturales. Durante los últimos doce meses, la plataforma de exportación ha mostrado una contracción sostenida, influida por la menor disponibilidad de crudo ligero y la reasignación de volúmenes hacia el mercado interno para abastecer las refinerías nacionales. El dato de mayo confirma que la reducción no es un fenómeno aislado, sino parte de un ajuste más amplio en la estrategia de Pemex Exploración y Producción.

Al comparar los primeros cinco meses de 2026 con el mismo periodo de 2025, la disminución acumulada en las exportaciones supera el 18%. Esta trayectoria contrasta con los incrementos registrados entre 2022 y 2024, cuando la recuperación postpandemia permitió elevar los volúmenes enviados al extranjero. El cambio de rumbo obedece, en parte, al incremento del procesamiento interno en las instalaciones de Dos Bocas y Salina Cruz, que demandan mayor cantidad de crudo para alcanzar sus metas de producción de combustibles.

Factores que explican la contracción

Uno de los elementos centrales es la madurez de los yacimientos más antiguos de la cuenca de Campeche. La declinación natural de Cantarell y Ku-Maloob-Zaap ha obligado a Pemex a destinar recursos crecientes a la perforación de pozos en aguas someras y en campos terrestres de menor productividad. Aunque los nuevos descubrimientos en aguas profundas ofrecen potencial a mediano plazo, su entrada en operación comercial aún requiere entre tres y cinco años adicionales.

El precio de 101.32 dólares por barril, si bien resulta atractivo en términos históricos, no compensa completamente la menor cantidad exportada. Los ingresos petroleros del sector público federal dependen tanto del volumen como del valor unitario. En consecuencia, la Secretaría de Hacienda ha debido ajustar sus proyecciones de recaudación para el segundo semestre, aunque el efecto neto sobre las finanzas públicas se verá amortiguado por el comportamiento de otros rubros tributarios no petroleros.

Implicaciones para la balanza comercial

La reducción de las exportaciones de crudo modifica el perfil de la balanza energética de México. Al disminuir los envíos de petróleo, el país registra un menor superávit en la cuenta de hidrocarburos, lo que se compensa parcialmente con el aumento de las importaciones de productos refinados. Esta dinámica subraya la importancia de acelerar los proyectos de modernización de la capacidad de refinación nacional para reducir la dependencia de combustibles externos.

Analistas del sector energético coinciden en que la estrategia de priorizar el mercado interno puede generar beneficios de largo plazo si se logra estabilizar la producción total. Sin embargo, advierten que una contracción prolongada de las exportaciones podría limitar la capacidad de Pemex para financiar inversiones en exploración sin recurrir a mayor endeudamiento o a transferencias presupuestales.

El contexto internacional añade complejidad. La demanda global de crudo enfrenta presiones derivadas de la transición energética en Europa y Asia, mientras que la oferta de países de la OPEP+ sigue sujeta a cuotas de producción. México, al no formar parte de ese mecanismo, conserva flexibilidad para definir sus volúmenes de exportación, pero también carece de la protección que ofrecen los acuerdos de estabilización de precios.

Perspectivas hacia el cierre de 2026

Los datos de junio y julio serán determinantes para evaluar si la caída de mayo representa un punto de inflexión o un ajuste temporal. Las estimaciones de la propia Pemex apuntan a una recuperación gradual de la plataforma de exportación durante el segundo semestre, condicionada a la entrada en operación de nuevos pozos en el campo Quesqui y a la optimización de instalaciones existentes. Mientras tanto, el gobierno federal mantiene su objetivo de alcanzar la autosuficiencia en combustibles sin sacrificar los ingresos que históricamente han provenido de las ventas externas de crudo.

El equilibrio entre estas dos prioridades definirá la política petrolera del país en los próximos años. La información publicada por el Inegi ofrece un primer indicador claro de cómo se está reconfigurando ese equilibrio en 2026.

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