La eliminación de certificaciones previas y valores criterio ha modificado sustancialmente el ritmo de las operaciones de comercio exterior en Argentina. Las declaraciones de importadores con décadas de experiencia indican que los trámites se han vuelto más fluidos, aunque persisten zonas grises que afectan especialmente a quienes operan con volúmenes medianos o a través de plataformas digitales. Este escenario genera tanto oportunidades de reducción de tiempos como exposiciones que podrían materializarse en controles posteriores o costos imprevistos.
Agilización operativa y retorno de actores pequeños
La supresión de las declaraciones juradas previas permitió que empresas que habían abandonado el mercado regresaran a la operatoria. Antes, la falta de aprobación de esos trámites obligaba a muchos importadores medianos a desistir, mientras que las grandes firmas mantenían actividad mediante recursos judiciales. Ahora, la ausencia de ese filtro inicial reduce los tiempos de despacho y facilita el ingreso de mercaderías que antes quedaban bloqueadas. Esta mayor fluidez puede contribuir a una recomposición gradual de las cadenas de suministro, siempre que el consumo interno muestre señales de recuperación sostenida.
Riesgos latentes en la valoración posterior
La desaparición de los valores criterio elimina la necesidad de garantizar diferencias de precio y presentar documentación consular en el momento de la importación. Sin embargo, esta simplificación deja abierta la posibilidad de que el sector de valoración de la aduana solicite, meses después, documentación que justifique el valor declarado. Importadores que ingresaron mercaderías a precios bajos podrían enfrentar reclamos retroactivos, multas o ajustes que alteren la rentabilidad de la operación original. La falta de un piso de referencia inmediato acelera el trámite actual, pero transfiere la incertidumbre hacia etapas posteriores del proceso.

Certificaciones omitidas y compras en plataformas digitales
El aumento de las adquisiciones a través de canales electrónicos ha puesto en evidencia casos donde la mercadería llega sin las certificaciones sanitarias o de seguridad requeridas. Productos como cosméticos o artículos de uso personal procedentes de Asia han quedado retenidos porque carecían de aprobación de organismos como ANMAT. El despachante no puede resolver estos obstáculos sin que el importador gestione la certificación correspondiente, lo que genera demoras adicionales y gastos de almacenaje. Esta situación afecta principalmente a quienes utilizan plataformas para fines comerciales sin prever los requisitos regulatorios específicos de cada categoría de producto.
Clasificación arancelaria y consultas pendientes
Cuando una mercadería no tiene posición prevista en el nomenclador, la clasificación debe realizarse por composición, funcionalidad o rubro industrial. En los casos más complejos se requiere una consulta arancelaria formal ante la aduana. La desregulación no eliminó esta necesidad, por lo que los tiempos de respuesta de estos expedientes siguen influyendo en la planificación de las importaciones. Empresas que subestiman esta etapa pueden enfrentar costos de demora o la obligación de rectificar declaraciones ya presentadas.
Impacto diferenciado según tamaño de empresa
Las grandes compañías cuentan con equipos legales y experiencia para gestionar eventuales reclamos de valoración o certificaciones faltantes. En cambio, las firmas más pequeñas dependen casi exclusivamente del asesoramiento del despachante de aduana. Aunque la operatoria se ha vuelto más accesible, la falta de previsión sobre gastos adicionales, como fletes de retorno o almacenajes prolongados, puede erosionar los márgenes de estas empresas. El consejo reiterado de consultar con un despachante matriculado antes de la primera operación busca precisamente mitigar estos riesgos operativos que suelen aparecer una vez iniciada la actividad.
Escenarios de consumo interno y stock acumulado
Las importaciones cayeron cerca del 30 % respecto al año anterior, en parte por el stock anticipado que se acumuló antes de las elecciones legislativas. Mientras el mercado interno no muestre una recuperación más firme, ese inventario seguirá sin rotar y limitará nuevas compras. Este desajuste entre oferta importada y demanda real podría prolongar la actual desaceleración, independientemente de las facilidades aduaneras introducidas. Los operadores observan que, sin un repunte del consumo, las ventajas de la desregulación tardarán en traducirse en volúmenes sostenidos de importación.
Perspectivas de equilibrio entre agilidad y control
La experiencia de crisis anteriores, como la de 2001, muestra que el sector puede adaptarse a cambios normativos, pero requiere tiempo para estabilizarse. La actual combinación de trámites más rápidos y controles diferidos genera un entorno donde la agilidad inicial convive con la posibilidad de ajustes posteriores. Quienes inician operaciones de importación enfrentan la necesidad de evaluar no solo los costos inmediatos de tributos y fletes, sino también los riesgos de valorización retroactiva y de certificaciones omitidas. Un seguimiento constante de la evolución de las consultas arancelarias y de las prácticas de valoración permitirá anticipar si el balance entre simplificación y eventuales reclamos se inclina hacia la estabilidad o hacia nuevos puntos de fricción.
