La proyección de la consultora I+D sobre la pérdida de 105.000 empleos industriales durante 2026 refleja un escenario donde la contracción de la demanda interna se combina con costos energéticos crecientes y una apertura comercial que presiona márgenes. Esta dinámica, descrita como efecto sándwich, genera tensiones que afectan tanto a grandes plantas como a cadenas de proveedores pymes, aunque también abre espacios para reorientaciones productivas hacia mercados externos.
La capacidad ociosa cercana al 40% obliga a las empresas a operar por debajo de su punto de equilibrio, lo que acelera decisiones de ajuste laboral. En los últimos doce meses ya se registraron 46.500 puestos directos perdidos, y la tendencia apunta a una aceleración si la demanda no repunta. Las pymes enfrentan además un aumento de la mora bancaria, que pasó del 0,9% al 3,3% entre abril de 2025 y abril de 2026, elevando el riesgo de cierres y de ruptura en cadenas de pago.
Reconfiguración del tejido productivo
La caída interanual del 3,1% acumulado en la actividad industrial hasta mayo de 2026 no se distribuye de manera uniforme. Sectores vinculados a recursos naturales, como proveedores de minería y petróleo, muestran contracciones del 5,1% promedio, mientras que la metalmecánica tradicional acumula mayor deterioro. Esta segmentación puede derivar en una industria más concentrada en grandes jugadores con acceso a financiamiento externo, en detrimento de un ecosistema más diverso de medianas empresas.
Al mismo tiempo, el crecimiento del 13% en exportaciones de manufacturas de origen industrial, excluyendo minería, indica que algunas firmas logran compensar la debilidad doméstica. La reducción de retenciones y la agilización de trámites aduaneros facilitan esta salida, aunque el volumen exportado sigue siendo insuficiente para absorber toda la capacidad instalada ociosa.

Presión de costos energéticos y competencia importada
El incremento del 79% en el precio de la energía eléctrica para grandes usuarios y entre 30% y 50% en el gas añade un componente estructural a la pérdida de competitividad. Cuando los precios industriales suben 25,6% interanual frente a un IPC del 33,2%, la industria actúa como ancla inflacionaria pero a costa de su propia rentabilidad. Las empresas que no logren trasladar estos costos terminan ajustando plantillas o postergando inversiones en modernización.
La competencia de importaciones, especialmente desde China, afecta al 46% de las pymes relevadas por el Observatorio PyME. Aunque las compras de bienes de consumo crecieron 7,3% en los primeros cinco meses, las destinadas a producción e inversión cayeron 9,1%. Esta asimetría puede generar un efecto de sustitución que debilite aún más la cadena de proveedores locales si no se implementan mecanismos de defensa comercial selectivos.
Escenarios de riesgo para el empleo y la inversión
La estimación de 60.000 empleos directos y 45.000 indirectos perdidos en 2026 supone un escenario base de estancamiento. Si la producción automotriz continúa contrayéndose al ritmo del 13,6% interanual observado en junio y los despachos de cemento no repuntan, el ajuste laboral podría superar las proyecciones. Las regiones con mayor concentración industrial, como el cordón del Gran Buenos Aires y el interior de Santa Fe, enfrentarían mayor presión sobre servicios públicos y consumo local.
Por otro lado, la leve mejora mensual desestacionalizada del 0,4% en mayo, impulsada por insumos siderúrgicos, muestra que ciertos eslabones pueden estabilizarse si se mantiene el impulso exportador. Sin embargo, esta recuperación puntual no altera la tendencia de estancamiento proyectada para el segundo semestre.
Posibles respuestas del sector y del Estado
La solicitud de un RIGI específico para industria y pymes busca equiparar incentivos que ya existen para grandes proyectos de recursos naturales. Su implementación podría canalizar inversión hacia modernización energética y digitalización, reduciendo el impacto de los costos fijos. No obstante, cualquier esquema de este tipo requerirá financiamiento fiscal en un contexto de ajuste macroeconómico, lo que introduce incertidumbre sobre su alcance y timing.
Las empresas que prioricen la diversificación de mercados y la eficiencia energética tendrán mayores probabilidades de sortear la crisis. Aquellas que dependan exclusivamente del mercado interno enfrentan un riesgo más elevado de reducción de escala o salida del negocio. El monitoreo de la mora bancaria y de los plazos de pago entre clientes y proveedores será clave para anticipar quiebres en la cadena de valor durante los próximos trimestres.
