Deuda y educación: el peso que ahoga el desarrollo

El informe de la UNESCO sobre el gasto público en 113 países en desarrollo durante 2025 expone un desequilibrio estructural que se ha ido gestando a lo largo de varias décadas. Desde los años ochenta, las economías de bajos ingresos han enfrentado oleadas sucesivas de endeudamiento externo vinculado a crisis de precios de materias primas, ajustes estructurales impuestos por instituciones financieras internacionales y, más recientemente, a los efectos combinados de la pandemia, el encarecimiento energético y el aumento de las tasas de interés globales. Estos factores han convertido el servicio de la deuda en una prioridad presupuestaria que desplaza sistemáticamente la inversión en capital humano.

Las raíces históricas del endeudamiento educativo

La acumulación de obligaciones externas en naciones de África subsahariana, Asia meridional y América Latina no es un fenómeno reciente. Programas de ajuste de los años noventa promovieron la liberalización financiera sin mecanismos de protección suficientes para los sectores sociales. Cuando los precios de los alimentos y la energía se dispararon tras 2020, los gobiernos recurrieron a nuevos préstamos a tasas variables que hoy resultan más onerosas. El resultado es que dieciocho de los países más endeudados destinan cinco veces más recursos al pago de acreedores que a la educación básica y secundaria, con Sri Lanka llegando a multiplicar esa proporción por dieciséis.

La UNESCO documenta que los países de ingresos bajos y medios-bajos ya han perdido el 21 por ciento de la ayuda internacional destinada a educación desde 2023. Afganistán, Malí, Níger y Liberia han sufrido reducciones superiores al 40 por ciento en apenas tres años. Estos recortes coinciden con la decisión de Estados Unidos y varios gobiernos europeos de disminuir sus contribuciones, lo que ha provocado una caída adicional de 600 millones de dólares en la financiación global del sector durante 2024.

Impacto inmediato sobre la prestación de servicios

Cuando los ministerios de finanzas priorizan el servicio de la deuda, las transferencias a las escuelas se retrasan o reducen. En varios distritos de Níger y Liberia, las aulas carecen de materiales básicos y los docentes acumulan meses sin salario. Esta situación genera deserción escolar acelerada, especialmente entre niñas y adolescentes en zonas rurales, donde las familias perciben menor retorno de la inversión educativa ante la ausencia de empleos formales futuros. El efecto se propaga a la calidad del aprendizaje: evaluaciones regionales muestran que los estudiantes de países con alta carga de deuda obtienen resultados entre 15 y 25 puntos por debajo de la media en pruebas estandarizadas de matemáticas y lectura.

Consecuencias a mediano plazo para la movilidad social

La erosión de los sistemas educativos debilita la capacidad de estos países para formar profesionales cualificados que impulsen sectores de mayor valor agregado. Sin ingenieros, docentes universitarios ni técnicos especializados, la movilización de ingresos internos mediante impuestos más progresivos se vuelve más difícil. El propio informe de la UNESCO señala que esta dinámica reduce la base tributaria y, por tanto, la solvencia futura de los gobiernos, perpetuando el ciclo de endeudamiento. En Etiopía, los acreedores privados bloquearon recientemente un acuerdo de reestructuración al exigir condiciones más ventajosas, lo que postergó la reanudación de proyectos de infraestructura y formación docente por más de dieciocho meses.

Repercusiones regionales y globales

En el África subsahariana, donde los países gastan en promedio 3,6 veces más en deuda que en educación, el estancamiento del capital humano amenaza con amplificar las desigualdades entre generaciones. Las remesas enviadas por migrantes formados en el extranjero podrían disminuir si las nuevas cohortes carecen de las competencias requeridas por los mercados laborales receptores. A escala global, la menor productividad de estas economías reduce la demanda de bienes y servicios de los países industrializados, afectando cadenas de suministro que dependen de mano de obra calificada en el Sur Global.

Necesidad de reformas estructurales del alivio de deuda

La directora de la división de educación de la UNESCO, Min Jeong Kim, advierte que los enfoques actuales mantienen a los países atrapados en un círculo de austeridad y estancamiento. Debt Justice, la organización británica de campaña, propone que el Reino Unido utilice su próxima presidencia del G20 en 2027 para incorporar legislación que impida a los acreedores privados obstaculizar acuerdos de alivio. Esta medida evitaría que fondos de inversión con sede en Londres o Nueva York exijan pagos completos mientras los sistemas educativos colapsan. Un marco de este tipo permitiría reasignar recursos hacia programas de formación docente y conectividad digital en escuelas, sentando las bases para un crecimiento más inclusivo que, a su vez, mejore la capacidad de pago sostenible de la deuda.

El análisis de la UNESCO concluye que sin un cambio de paradigma que combine cancelación parcial de deuda con compromisos vinculantes de protección del gasto social, los países más afectados seguirán enfrentando una erosión progresiva de su capital humano. Esa erosión, a su vez, compromete no solo el bienestar inmediato de millones de niños y jóvenes, sino también la estabilidad económica y política de regiones enteras durante las próximas décadas.

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