El dólar estadounidense inició la jornada del 3 de agosto de 2026 con una cotización promedio de 24 pesos cubanos en el mercado oficial, según los datos citados de Dow Jones. El valor no registró cambios porcentuales frente a la sesión anterior, que también concluyó en 24 pesos cubanos, en una señal de estabilidad inmediata dentro del segmento formal del mercado cambiario.
Aunque el movimiento diario fue nulo, la divisa acumuló un avance del 0,12% durante la última semana y una variación positiva del 0,18% en los últimos 12 meses. El comportamiento descrito apunta a una tendencia neutral: el tipo de cambio permaneció prácticamente estabilizado durante los dos días previos, mientras la volatilidad actual se situó en 0,63%, por debajo del nivel de referencia del 3,56%.
Estos indicadores sugieren que, al menos en el ámbito oficial y durante el periodo observado, no se produjeron presiones bruscas sobre el peso cubano. Sin embargo, la baja volatilidad no elimina los desequilibrios que afectan a la economía doméstica, entre ellos la escasez de bienes básicos, los cortes de electricidad, la inflación, la creciente dolarización y la salida de población al exterior.

Una meta de crecimiento condicionada por la crisis
Para 2026, el Gobierno cubano proyecta un crecimiento económico del 1%, la misma tasa que había previsto para el año anterior y que finalmente no consiguió. El pronóstico se formula en un contexto que el ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, ha definido como una “economía de guerra”, marcada por amenazas, riesgos y tensiones que podrían intensificarse.
Las autoridades vinculan la posibilidad de recuperación con una mejora del turismo y de los servicios de exportación. Entre estos últimos destacan los servicios médicos, considerados una de las principales fuentes de ingresos en divisas para el país. La expectativa oficial depende, por tanto, de sectores capaces de generar recursos externos en un momento de restricciones financieras, menor disponibilidad de moneda extranjera y dificultades para sostener las importaciones.
El objetivo de crecimiento enfrenta antecedentes desfavorables. Entre 2020 y 2024, la economía cubana se contrajo un 11%, mientras que el producto interno bruto retrocedió un 1,1% en 2024, segundo año consecutivo de caída. Ese historial limita el margen para interpretar la previsión del 1% como una recuperación consolidada: el resultado dependerá de que los ingresos previstos se materialicen y de que puedan aliviarse las restricciones que afectan la producción y el consumo.
Inflación, déficit y promesas de inversión
En materia de precios, el Gobierno espera un aumento del 10% en el mercado formal durante 2026. De cumplirse, representaría una reducción de cinco puntos porcentuales frente a la inflación interanual de 2025, que cerró en 14,07%. Aun así, una tasa de ese nivel mantendría una presión considerable sobre los ingresos de los hogares, especialmente si la oferta de productos continúa siendo limitada.
El déficit fiscal estimado asciende a 74.500 millones de pesos cubanos, equivalentes a unos 3.100 millones de dólares al tipo de cambio oficial utilizado para las empresas. La cifra es similar a la del año anterior y refleja la persistencia de un desequilibrio que restringe la capacidad del Estado para financiar servicios, sostener subsidios y responder a las necesidades de inversión.
Ante este escenario, el Gobierno ha señalado que busca atraer más inversión extranjera y ha prometido un entorno “más dinámico y transparente”, con mayores facilidades y garantías para los inversores. La propuesta, sin embargo, deberá desarrollarse en medio de dificultades de financiamiento y de un contexto internacional y doméstico complejo. La llegada de capital externo podría ampliar la capacidad productiva, pero sus efectos dependerán de la rapidez con que se concreten los proyectos y de su impacto en la generación de divisas y empleo.
La transformación del sistema monetario
El peso cubano es la moneda de curso legal y está dividido en 100 centavos. La reforma conocida como “Día Cero” comenzó el 1 de enero de 2021, cuando dejó de existir el peso cubano convertible como moneda de curso legal. Aunque esta unidad mantuvo valor legal, dejó de aceptarse para pagar productos y servicios, en el marco de la unificación monetaria.
La trayectoria previa ayuda a explicar la sensibilidad del mercado cambiario. En 2002, un peso convertible equivalía a 21 pesos cubanos, pero posteriormente la relación llegó a 26. En abril de 2005, el Gobierno fijó la conversión en 25 pesos cubanos por cada peso convertible y mantuvo la paridad de este último con el dólar, además de aplicar un impuesto del 10%. La reforma de 2021 fue vista por algunos sectores como una devaluación y por otros como una actualización de la tasa oficial, entonces situada en 24 pesos cubanos por dólar.
La demanda de divisas también impulsó un mercado informal, donde el dólar llegó a negociarse por alrededor de 100 pesos cubanos convertibles, de acuerdo con los antecedentes recogidos en el informe. Esa brecha entre las referencias oficiales y las informales evidenció la dificultad de administrar el tipo de cambio únicamente mediante tasas fijadas por las autoridades y mostró el peso de la escasez de moneda extranjera en la formación de precios.
El peso de la escasez de divisas
Las dificultades económicas se hicieron especialmente visibles en 2022, cuando el entonces ministro de Economía, Alejandro Gil Fernández, reconoció que no se habían alcanzado los niveles proyectados debido a la imposibilidad de obtener los ingresos esperados por exportaciones. A ello se sumaron una disminución del turismo y una inflación que llegó hasta el 40%, con repercusiones directas en los precios de la canasta de bienes y servicios.
Según la explicación oficial citada, la inflación estuvo relacionada con la falta de disponibilidad de divisas. La conexión es relevante porque Cuba depende de las importaciones para abastecer una parte importante de su mercado: cuando escasean los dólares, se dificulta la compra de insumos y mercancías, se reduce la oferta y aumentan los costos. Por eso, una cotización estable en la apertura no basta para medir por sí sola la situación económica de la población.
El dato del 3 de agosto refleja así una pausa en el mercado oficial, pero no resuelve las tensiones estructurales acumuladas. La evolución del dólar durante los próximos meses estará vinculada a la capacidad de Cuba para recuperar exportaciones, atraer inversión, fortalecer el turismo y contener los precios, mientras el cumplimiento de la meta de crecimiento del 1% pondrá a prueba la viabilidad de su estrategia económica para 2026.
