El tipo de cambio del peso frente al dólar estadounidense abrió la semana del 13 de julio de 2026 en torno a 17.48 pesos por unidad, reflejando de inmediato el efecto de las tensiones entre Estados Unidos e Irán sobre el estrecho de Ormuz. Esta cifra, tomada del promedio interbancario de las primeras horas, muestra un retroceso moderado del peso tras un fin de semana de incertidumbre global. El Banco de México fijó el FIX en 17.4842, valor que sirve de referencia para obligaciones en moneda extranjera dentro del país.
¿Qué peso real tiene Ormuz en el mercado cambiario?
El estrecho de Ormuz concentra cerca del 20 por ciento del flujo mundial de petróleo. Cuando las declaraciones de Donald Trump sobre el control del tráfico marítimo se hicieron públicas, los operadores reaccionaron con compras de dólares como activo refugio. Sin embargo, el movimiento del peso no responde solo a la geopolítica: coincide con la expectativa de que la Reserva Federal mantenga tasas altas hasta octubre, impulsada por el repunte en precios energéticos. Esta combinación genera una presión doble sobre monedas emergentes como el peso.
Las remesas enviadas desde Estados Unidos a México representan más de 60 mil millones de dólares anuales. Un dólar más caro encarece temporalmente las operaciones de cambio para los receptores, pero al mismo tiempo aumenta el monto en pesos que llega a las familias. Los bancos observan un incremento en las consultas sobre envío de recursos precisamente en semanas de volatilidad, lo que revela cómo el mismo factor geopolítico afecta de forma distinta a hogares y a empresas importadoras.

La expectativa de tasas y su efecto en flujos de capital
Los analistas anticipan que la Fed podría elevar la tasa de referencia antes de finales de octubre. Esta previsión se basa en el alza de los energéticos derivada de la tensión en Ormuz. Un diferencial de tasas más amplio atrae capitales hacia Estados Unidos y reduce el atractivo de activos en pesos. Banxico, por su parte, enfrenta la disyuntiva de seguir o no el ritmo de la Fed para evitar mayor depreciación. Históricamente, cuando el diferencial se amplía, las salidas de cartera en México se aceleran en las primeras semanas.
Perspectivas contrapuestas entre exportadores e importadores
Las empresas exportadoras mexicanas ven con buenos ojos un peso más débil, pues sus ingresos en dólares se traducen en mayores márgenes al convertirlos. En contraste, las importadoras de insumos intermedios y bienes de capital enfrentan costos más altos que suelen trasladar a precios finales. Esta divergencia genera un debate interno en cámaras empresariales: mientras algunos sectores piden intervención de Banxico para estabilizar el tipo de cambio, otros prefieren mantener flotación libre y cubrirse con instrumentos derivados.
Los bancos comerciales ajustan diariamente sus mesas de cambio. El margen entre precio de compra y venta se amplía en días de alta volatilidad, lo que encarece las operaciones en ventanilla para el público. Quienes planean adquirir dólares para viajes o pagos concretos deben comparar al menos tres instituciones, ya que la diferencia puede superar los 20 centavos por dólar entre el banco más agresivo y el más conservador.
Riesgos de prolongación del conflicto y escenarios alternativos
Si las tensiones se extienden más allá de agosto, el precio del crudo podría estabilizarse por encima de 85 dólares por barril. Ese nivel presionaría aún más la inflación estadounidense y reforzaría la postura restrictiva de la Fed. En ese escenario, el peso podría probar niveles cercanos a 18.00 antes de que Banxico intervenga con ventas de dólares de sus reservas. Por el contrario, cualquier señal de diálogo diplomático entre Washington y Teherán tendería a revertir parte de la apreciación del dólar observada en la última semana.
Los flujos de inversión de cartera hacia México ya muestran signos de cautela. Fondos que operan en mercados emergentes redujeron posiciones en bonos gubernamentales mexicanos durante las primeras sesiones de julio. Esta retirada, aunque moderada, eleva el costo de financiamiento del gobierno federal y de las empresas que emiten deuda en pesos. El efecto se transmite luego al crédito hipotecario y empresarial, encareciendo las tasas que pagan los particulares.
El comportamiento del mercado cambiario en las próximas semanas dependerá tanto de la evolución del conflicto como de los datos de inflación estadounidense de julio. Un reporte que muestre enfriamiento de precios podría aliviar la presión sobre el peso, mientras que una sorpresa alcista reforzaría la demanda de dólares. Los inversionistas institucionales ya ajustan sus coberturas mediante opciones y futuros, anticipando que la volatilidad actual no desaparecerá en el corto plazo.
